La música volvió a tomar Molina de Segura este 4 y 5 de septiembre. Y lo hizo de la mejor manera posible: con las calles llenas, el centro del municipio murciano convertido en una sucesión de pequeños escenarios y el Recinto de Eventos de Molina de Segura (REMO) acogiendo a miles de personas dispuestas a aguantar hasta pasada ya la madrugada.
El B-Side Festival afrontaba su vigesimoprimera edición después de un 2025 histórico por su vigésimo aniversario y, visto lo visto, queda claro que sigue siendo una de las grandes apuestas regionales. Más de 20.000 personas participaron en el conjunto de actividades del festival para toda la familia y se concentraron en el recinto principal durante la jornada del sábado. Un nuevo lleno que confirma que B-Side es una de esas citas imprescindibles del calendario murciano.
Pero si algo tiene este festival es que no empieza cuando cruzas las puertas del REMO. Se disfruta desde mucho antes.
Molina de Segura se llena de música

La jornada arrancó con B-Side Tapas, esa apuesta tan propia del festival por llevar la música a las calles y mezclarla con la gastronomía local. Mientras Molina de Segura hacía vida de sábado, día de mercadillo local además, diferentes plazas y rincones acogían bandas que dan forma a esta parte más cercana y de proximidad del festival. Completamente gratuita además.
Nosotros comenzamos el día en el escenario instalado en la Calle Plaza Santa Bárbara, donde pudimos disfrutar de SAO, ya amigo de esta casa y con quien tenemos entrevista. Un aperitivo perfecto antes de que la tarde fuese aumentando progresivamente el volumen y la temperatura.
Porque, después de comer, tocaba poner rumbo al REMO.
Xavibo. Sensibilidad para abrir la tarde

La suerte que corrió el bueno de Xavibo seguramente no era de las mejores. No por su culpa, por supuesto. Allí estaba él, encargado de abrir el escenario principal. No era tarea sencilla. El público todavía estaba entrando, el sol seguía presente y tenía por delante un cartel que después iba a crecer hasta convertirse en una auténtica locura. Pero el de Palma de Mallorca estuvo genial.
Su propuesta, a medio camino entre lo urbano, el pop y esa capacidad tan suya para convertir heridas en canciones, funcionó especialmente bien en un festival que había apostado por abrirse a todo tipo de sonidos. Temas como Llorar al revés fueron calentando el ambiente hasta que llegó uno de esos momentos que hacen que una actuación pase de ser buena a ser muy especial: Tanta vida. Canción que, en directo, crece y mucho.
También hubo tiempo para recordar Cansado de estar triste, la colaboración con el murciano Walls, uno de esos temas que resumen perfectamente el universo emocional de Xavibo. La canción, publicada en 2023, une precisamente esa sensibilidad del artista con el punto más rockero de Ginés. Además, ahí estaban personalidades como el Detective Murciano dándolo todo disfrutando.
Xavibo consiguió así algo importante: que el público que había venido por el indie también se dejase llevar por una propuesta urbana que encajó mucho mejor de lo que algunos podrían esperar. Y antesala perfecta de todo lo demás.
Alcalá Norte y una vida, literalmente, cañón

Lo de estos chavales madrileños admiradores de Arturo Soria empieza a ser difícil de explicar. Porque hay grupos que funcionan. Hay grupos que gustan. Los que tienen canciones buenas. Y después están aquellos que parecen estar viviendo una especie de momento histórico delante de nuestros ojos. Alcalá Norte pertenece a esta última categoría.
Salieron al escenario y desde el primer momento quedó claro que aquello no iba a ser algo más. Los chavales, La sangre del pobre, La calle Elfo, Supermán o El rey de los judíos fueron construyendo un repertorio en el que el público cantaba prácticamente cada palabra. Lo que tiene todavía más mérito si tenemos en cuenta que la banda está en plena transición hacia su segundo trabajo.
Durante su concierto en Molina de Segura sonaron también nuevos singles, El hombre planeta y Los llamados pitagóricos. La primera es una maravilla sobre la leyenda de Paganini, mientras que la segunda anticipa también ese universo tan particular de referencias filosóficas e históricas que se ha convertido seña de identidad de la banda. Álvaro Rivas decidió abandonar el escenario y bajar junto al público para cantar la canción acompañado por un auténtico pitagórico murciano: el tuitero y fan de la banda AlberTOP (@alberto_mbl), que no dudó en presentarse ataviado como mandan los cánones.
Entonces llegó La Vida Cañón. Un himno que ya no pertenece únicamente a Alcalá Norte, sino también a todo aquel que lo ha cantado alguna vez. El REMO saltó, cantó y bailó mientras Rivas y los suyos demostraban que han venido para quedarse y que volverán como los hobbits a su particular Tierra Media, con un nuevo disco, mejor nos contaron, bajo el brazo.
Rigoberta Bandini. Diversión y naturalidad.

Sin tiempo para bajar revoluciones, Niña Polaca tomó el escenario. La banda se ha convertido ya en uno de los nombres imprescindibles para entender el resurgir del pop-rock nacional y en Molina de Segura volvió a demostrar por qué. Guitarras, melodías, estribillos y una conexión con el público que hizo que el ambiente siguiera creciendo. El festival ya había encontrado su velocidad de crucero.
Rigoberta Bandini llegaba al B-Side para cerrar su gira de festivales de 2026. Y decidió hacerlo como ella es: Natural y muy suya.
Embarazada y con un micrófono equipado con cámara que ofrecía una perspectiva distinta del concierto, Paula Ribó volvió a demostrar que sus directos tienen algo de espectáculo, algo de celebración y mucho de conexión con el público y de diversión a tope.
Me encantó el momento con mi tema favorito: In Spain we call it soledad. Pero si hubo una canción capaz de poner de acuerdo a todo el REMO fue Ay mamá. Miles de voces cantando al mismo tiempo seguramente uno de los temas que convirtió a Rigoberta Bandini en uno de los grandes fenómenos de la música española de estos últimos años. Y hacerlo precisamente en el penúltimo concierto de su gira antes de volver a ser madre convirtió el concierto en algo todavía más especial. Aunque todavía quedaba una sorpresa.
Love of Lesbian y la nostalgia

Y llegó Love of Lesbian. Santi Balmes y compañía no necesitan presentación alguna. Su trayectoria habla por sí sola y el público del B-Side lo sabía. Desde los primeros compases quedó claro que estábamos ante uno de los grandes cabezas de cartel de la noche.
Bajo el volcán, Noches reversibles, Cuando no me ves, Algunas plantas, Incendios de nieve, La Champions y el Mundial o Allí donde solíamos gritar fueron recorriendo diferentes etapas de una banda que lleva años formando parte de la banda sonora de varias generaciones. Entonces apareció Rigoberta Bandini de nuevo. Ambos artistas compartieron escenario para interpretar Contradicción, convirtiendo el momento en una de las grandes colaboraciones de la noche. La imagen de Santi Balmes y Paula Ribó juntos sobre el escenario fue, sin duda, una de esas estampas que se quedan en la memoria de un festival.
La extrema derecha está ahí. Y cada vez que los dejamos pasar, que nos quedamos en casa y no vamos a votar aunque sea con una pinza en la nariz.(…) No hay que ser fatalista. Lo digo porque hay canciones que dan para un desahogo, para un momento de rabia por muchas cosas. Para todo lo demás, canciones como esta: Allí donde solíamos gritar.
Santi Balmes también tuvo tiempo para salirse del guion musical y lanzar desde el escenario su alegato contra la extrema derecha. Un momento más reivindicativo que rompió durante unos instantes la dinámica festiva del concierto y recordó que un escenario también puede servir para posicionarse y decir aquello que es muy necesario. Después de aquello, parecía complicado mantener el nivel y eso que aún quedaban los pogos.
Sexy Zebras y Crystal Fighters. Cerrando con fuerza
Sexy Zebras fueron los encargados de devolver al público al terreno de la electricidad más pura. Rock, actitud y una energía desbordada que convirtió el REMO en una sucesión de pogos. La banda no dejó demasiado espacio para respirar y consiguió mantener la intensidad cuando la noche ya llevaba varias horas encima.
Pasaban las tres de la madrugada cuando Crystal Fighters aparecieron sobre el escenario. A esas alturas, muchos festivales estarían pidiendo permiso para bajar las luces y despedir al público. B-Side hizo exactamente lo contrario. La banda convirtió el REMO en una enorme pista de baile.
Su mezcla de electrónica, indie y sonidos de raíz funcionó como un último chute de energía para un público que llevaba toda la tarde y parte de la noche saltando, cantando y disfrutando. El público además no quería irse.
Un B-Side que sigue creciendo
B-Side 2026 ha encontrado su identidad. Una tremendamente necesaria, accesible, con importancia de colectivos como la Protectora de Molina de Segura, la Fundación Music for All o que el concierto de Love of Lesbian estuviera acompañado de la lengua de signos.
La música empieza en las plazas, se escucha desde los bares del municipio, pasa por las bandas emergentes, llega al REMO y termina de madrugada con miles de personas bailando. En 2026, además, el festival volvió a colgar el cartel de entradas agotadas por segundo año consecutivo, demostrando que el éxito del vigésimo aniversario no fue una excepción.
Quizá ahí esté el secreto del B-Side, que no se trata solamente de reunir buenos nombres en un cartel. Se trata de conseguir que, durante unas horas, Molina de Segura entera parezca estar viviendo la misma canción y latiendo al unísono. Tan simple y a la vez tan difícil, ¿verdad?
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