Lo que ocurrió el pasado sábado 17 de octubre en Murcia quedará en las retinas por mucho tiempo. Porque Viva Suecia no había convocado a más de 20.000 personas en el Espacio Norte simplemente para cerrar una gira. Había reunido a toda una ciudad para celebrar el camino, a los amigos, a quienes estuvieron desde el principio y a todos los que se han ido sumando a una historia que ya forma parte de la música de nuestro país. También, cómo no, a gritar que vivan Murcia y sus municipios.
El cielo llevaba días amenazando con aguar la fiesta. La posibilidad de una suspensión planeaba sobre una cita anunciada hacía un año, con las entradas agotadas en apenas 48 horas y miles de personas preparando un viaje que, para muchos, era mucho más que trasladarse a la ciudad. Sin embargo, la banda decidió seguir adelante cuando las condiciones lo permitieron. La previsión meteorológica terminó dando una tregua y la apuesta salió cojonudamente bien. En palabras de Rafa Val: «No cayó una p… gota».
Quizá no había mejor manera de empezar a escribir esta historia que con una de las canciones de su repertorio: Algunos tenemos fe. Porque hubo que tenerla. Fe en la música, en las decisiones por difíciles que resulten y en que aquella noche que llevaba tanto tiempo esperándose pudiera celebrarse como merecía.
Durante los días previos, la banda había comenzado a llamarse simbólicamente Viva Murcia. Un cambio de nombre que resumía perfectamente el espíritu de la cita. Viva Suecia nunca ha olvidado de dónde viene, pero pocas veces había tenido una oportunidad tan extraordinaria de demostrarlo ante semejante multitud. La banda que nació en los escenarios de su ciudad regresaba convertida en uno de los nombres imprescindibles del panorama nacional para ofrecer el concierto de sus vidas.
Hoonine, «la alcaldesa del Carmen»

La tarde había comenzado chispeando, para lo cual se habían repartido un montón de chubasqueros por si la cosa iba a más, que no fue. Hoonine, el proyecto de Carmen Alarcón, fue la encargada de abrir una jornada en la que la música murciana iba a tener un protagonismo especial. No podía haber una elección más coherente para una noche que pretendía celebrar las raíces de la banda y la murcianía.
Quienes siguen a Viva Suecia saben que Carmen no es una invitada cualquiera. Su presencia se ha vuelto habitual en los directos del grupo, acompañando con la guitarra, los teclados y los coros, además de participar en Tú y yo contra los demás, una de las canciones de Hecho en tiempos de paz, de la que después hablaremos.
Hoonine, a la cual entrevistamos aquí hace poco más de un año, tiene una personalidad musical propia, una sensibilidad que merece ser escuchada más allá de su vinculación con los murcianos. Su propuesta sirvió para abrir la tarde y preparar el ambiente antes de que el recinto se convirtiera en una inmensa celebración colectiva. El público permaneció allí. Había demasiadas ganas acumuladas como para permitir que el tiempo estropeara la ilusión.
Empezar la historia
Antes de que sonaran los primeros acordes, apareció Carlos del Amor. El periodista, una de las voces más reconocibles de la cultura en nuestro país, se encargó de introducir el espectáculo con una pequeña presentación que funcionó como el prólogo perfecto para lo que estaba a punto de suceder. No era una noche cualquiera, y tampoco necesitaba una presentación cualquiera.
Del Amor tiene una manera muy particular de acercarse a la cultura: encuentra las historias donde otros solo ven meros momentos.
Mientras tanto, las enormes pantallas permitían asomarse a los instantes previos de la banda en el backstage. Era una forma de acercar al público a ese pequeño espacio de intimidad que existe justo antes de salir al escenario, cuando todo está preparado y solo queda dar el paso.
Dolor y gloria

Los primeros acorde de Dolor y gloria abrieron el concierto. No podía ser de otra manera.
Rafa Val, Alberto Cantúa, Fernando Campillo y Jess Fabric aparecieron ante una multitud que llevaba demasiado tiempo esperando este momento, acompañados de Fran Guirao (el que fuera batería de la mítica banda Second), Hoonine y a los coros Xiluva Tomás y Natalia Duma. Y enseguida quedó claro que no estábamos ante un concierto más de la gira Hecho en tiempos de paz.
La producción estaba a la altura de la ocasión, pero lo verdaderamente impresionante era contemplar la respuesta de la gente. Más de 20.000 personas reunidas para cantar las canciones de Viva Suecia pese a todo.
Viva Suecia ha crecido muchísimo durante los últimos años. Ha pasado de construir su identidad en salas pequeñas a defender su repertorio ante multitudes, sin que ese crecimiento haya borrado la intensidad que caracteriza sus composiciones. Al contrario, sus canciones parecen encontrar una nueva dimensión cuando miles de voces se unen a las de Rafa Val.
El concierto fue recorriendo las distintas etapas de su discografía, con el peso natural de Hecho en tiempos de paz, el álbum que daba nombre a la gira, pero sin olvidar los trabajos anteriores que han construido todo lo que estos murcianicos de dinamita son.
La orilla, Fuimos felices aquí, Algunos tenemos fe o Querer fueron algunos de los temas que permitieron recorrer las diferentes caras de su repertorio. En las canciones más recientes se percibe la madurez de una banda que ha encontrado una forma cada vez más sólida de combinar guitarras, vientos maravillosos y letras capaces de moverse entre la fragilidad y la épica.
Fuimos felices aquí, en particular, tiene esa capacidad de transformar nostalgia en una celebración. Su crecimiento instrumental y la manera en que la canción se abre hacia el final encajan a la perfección con un grupo que ha aprendido a manejar grandes escenarios sin renunciar a lo que siempre han sido.
Permiso o perdón: volver al principio cuando ya has llegado tan lejos

En medio de un espectáculo concebido para más de 20.000 personas, Viva Suecia decidió detener el tiempo y mirar hacia atrás.
Permiso o perdón apareció como un guiño a quienes conocen algo más del grupo, ese 10 % del que hablaba Rafa Val. Una canción de sus primeros años, perteneciente a esa etapa en la que el nombre de Viva Suecia todavía estaba lejos de convertirse en un fenómeno multitudinario.
Mientras el concierto había demostrado la capacidad de la banda para hacer cantar a miles de personas al unísono, este momento invitaba a recordar que antes de los grandes recintos existieron las salas pequeñas, los primeros sencillos y las canciones que fueron construyendo algo que todavía ni ellos imaginaban el qué.
Comienzan las sorpresas

Si la primera parte del concierto había servido para recorrer la trayectoria musical de la banda, las sorpresas que fueron apareciendo sobre el escenario terminaron de convertir la noche en algo irrepetible.
La primera llegada fue la de RATA, el proyecto formado por Daniel Sabater y Félix Esteban, que se unió a los murcianos para interpretar Deja encendida una luz.
Fue el primer aviso de que aquella velada iba a estar llena de amigos. La canción encontró una nueva dimensión con la presencia de estos jóvenes y abrió una sucesión de colaboraciones que iban a convertir el escenario en un punto de encuentro para distintas generaciones de músicos de la Región.

Después llegó uno de los momentos más especiales de la noche. Jorge Guirao y Sean Frutos, guitarrista y cantante de Second, se unieron a Viva Suecia para interpretar La voz del presidente. Casualmente, también Fran Guirao ya se encontraba sobre el escenario, siendo el batería que acompaña a la banda en los conciertos de la gira. Para muchos seguidores de la música murciana, aquella aparición tuvo algo de regreso a casa.
Second es una banda fundamental para comprender la historia reciente de la música Made in Murcia. Su trayectoria abrió caminos y la conexión entre ambas formaciones tiene, por tanto, un valor que va mucho más allá de todo.
Viva Suecia ha crecido en una escena que ya contaba con referentes, y Second representa una parte importante de ese legado y fue maravilloso ese momento de respeto y amistad, qué mejor canción para hacerlo que La voz del presidente, uno de esos temas que ocupan un lugar destacado en el repertorio de los suecos.
Tú y yo contra los demás
Carmen Alarcón regresó al micrófono para acompañar a Rafa Val en Tú y yo contra los demás, una de las canciones más especiales de Hecho en tiempos de paz.
Su presencia encajaba de manera natural en el concierto. Hoonine había abierto la jornada y, además de desarrollar su propio proyecto, forma parte del universo musical que Viva Suecia ha construido en directo.
Además, también puso su voz en un tema maravilloso como es Melancolía, que en el álbum contó con Samuraï, pero suena también espectacular con Carmen.
El bien
Quizá una de las grandes sorpresas de la noche fue esta. Antonio García y Dani Sánchez, cantante y guitarrista de Arde Bogotá, aparecieron por sorpresa para unirse a Viva Suecia en El bien. Y tanto que por sorpresa, ya que Antonio venía de charlar en la Feria del Libro de Cartagena al poeta Pablo Velasco Baleriola, con la que su presencia en el Espacio Norte se mantenía prácticamente en secreto. Y claro, todo estalló.
La escena tenía algo de celebración generacional. Dos de las bandas de la Región más importantes del panorama actual compartían escenario en su propia tierra, ante una multitud que difícilmente habría podido imaginar una reunión de semejante calibre.
Arde Bogotá ha construido su camino desde una identidad marcada por las guitarras, la contundencia y una manera muy particular de convertir las emociones en canciones de alto voltaje. Viva Suecia, por su parte, ha encontrado en la combinación de melodía, épica y vulnerabilidad una de sus señas de identidad.
Son dos formas distintas de entender el rock, pero comparten algo fundamental: la capacidad de convertir sus canciones en experiencias que son generacionales.
La aparición de Antonio García y Dani Sánchez fue uno de los momentos más explosivos de la noche. El bien ya es un himno por derecho propio, una canción que invita cantar sin reservas aquello de «No te creas lo que dicen los cantantes. No hagas caso a la mitad de lo que ves. La verdad es que nada es tan importante».
La colaboración, tenía precedentes: Siempre ha habido buen rollo entre ambas bandas y ya habían compartido momentos en otros escenarios. Sin embargo, hacerlo en Murcia, ante semejante multitud y en una noche que llevaba tanto tiempo anunciándose, convirtió el momento en algo especial.
Un concierto para quienes estuvieron, para quienes están y para quienes vendrán

Más allá de las sorpresas y «colabos», el concierto funcionó a las mil maravillas. La banda no necesitaba convertir cada minuto en un acontecimiento extraordinario. Tenía un repertorio capaz de sostener por sí mismo un espectáculo de estas dimensiones y una trayectoria que permitía alternar la energía de los grandes himnos con momentos más íntimos.
Ahí reside buena parte del mérito de Viva Suecia.
En un momento en el que las cifras, las reproducciones y la capacidad de llenar recintos parecen convertirse en la principal medida del éxito, estos suevos, perdón, murcianicos, demostraron que todavía hay algo más importante: conseguir que la gente sienta que esas canciones también le pertenecen, porque también hubo espacio para mirar hacia dentro.
Una bandera que nos sirva a los dos es una de esas canciones que dejan una huella particular. Su capacidad para crecer, especialmente en su tramo final, convierte cada interpretación en una experiencia que va más allá de la ejecución musical. A mí, personalmente, me encanta
Y después está Sangre, con ese estribillo que convierte el dolor en una declaración de principios. Cuando miles de personas cantan al unísono, la canción deja de ser únicamente de quienes la escribieron.
Mala prensa sirvió para mantener la intensidad antes de que el concierto alcanzara su desenlace. La canción tiene esa capacidad de convertir el escenario en una gran fiesta.
El concierto terminó con La Parranda, acompañada por la presencia de los invitados y un castillo de fuegos artificiales que iluminó el cielo murciano, de nuevo incidimos, sin una p… gota.
Después de tantos días pendientes de las previsiones meteorológicas, de las dudas y de la posibilidad de que la lluvia obligara a cambiar los planes, la apuesta de Viva Suecia había tremendamente bien.
Quizá sea tentador atribuirlo a la suerte. Pero lo verdaderamente importante es que la banda decidió seguir adelante cuando las condiciones de seguridad lo permitieron y pudo ofrecer a su público la noche que llevaba tanto tiempo esperando.
Una noche que terminó entre besos, el amor (de la clase que sea) que tanto les caracteriza y miles de personas que vivimos algo único.
El concierto de sus vidas
Viva Suecia demostró que su presente es extraordinario, pero también que no necesita renunciar a su pasado para seguir creciendo. Las canciones de sus primeros años conviven con las de su etapa más reciente; los amigos de siempre compartieron escenario con los compañeros de camino; y la ciudad que vio nacer a la banda se convirtió en el escenario de una celebración que trascendió lo musical.
Más de 20.000 personas fueron testigos de una noche que difícilmente podrá repetirse de la misma manera. No porque sea imposible volver a reunir a tanta gente, sino porque cada concierto tiene una combinación de circunstancias que lo convierte en único. Todo ello en Murcia.
Una Murcia orgullosa de sus músicos, de sus canciones y de una escena que ha sabido construir su propio espacio en el panorama nacional.
Quizá esa sea la verdadera dimensión del concierto. No solo el número de asistentes, la producción o la repercusión de una noche histórica. Lo importante es que Viva Suecia consiguió transformar su mayor concierto en una celebración de todo aquello que los ha convertido en la banda que son.
Los murcianos han conquistado grandes escenarios, han multiplicado sus fans y han firmado canciones que ya forman parte de la memoria musical y colectiva de toda una generación. Pero hay noches que sirven para recordar que el éxito no consiste únicamente en llegar.
También consiste en saber volver a casa por la puerta grande.
Algunos tenemos fe. Y en Murcia, mereció la pena tenerla.
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