Todo en la vida es cíclico. Y no es casualidad que la madrugada del 8 al 9 de agosto, mientras me recuperaba del concierto de Carolina Durante y sucumbía a mi necesidad de alejarme de tanta multitud que disfrutaba de las delicias musicales del Sonorama, Facebook me recordase que un 9 de agosto pero de hace 9 años me puse primera pulsera de prensa de un festival.
EL HOGAR HECHO FESTIVAL
Era mi primera vez en el Sonorama Ribera, el mítico Sonorama del que tantas veces he oído hablar. La Plaza del Trigo, las pistolas de agua, los disfraces, los cachis de croquetas, las camisetas de patos y otras muestras de hermandad entre grupos de amigos…Todo es verdad. El resto, lo definiría con la palabra hogar. Es fascinante caminar por las calles de Aranda, por el recinto del festival y encontrar familias enteras, gente de todas partes. Encontrarte con amigos y reencontrarte con viejos conocidos. El objetivo es que la gente sea feliz en el SONORAMA. Y como se dijo en la rueda de prensa: «pega un poco de susto encontrarte a tu madre en el festival, pero se te pasa». Todos unidos por las mejores canciones del el panorama nacional e internacional. Un festival que empezó hace 28 años con un sueño y que avanza por el presente y hacia el futuro a través de la música. El SONORAMA no busca ser un festival más grande sino uno mejor.
«La historia de esta banda no se puede entender sin el Sonorama» Viva Suecia
EL FESTIVAL MÁS AUTÉNTICO
Sonorama Ribera cierra una nueva edición que ha reunido a 200.000 personas (Siendo el sábado el momento con más espectadores congregando a casi 42.000 personas), confirmándose como el festival más auténtico y extraordinario que se puede vivir en España. Con una asistencia multitudinaria y el éxito arrollador de todas y cada una de las propuestas que se han celebrado en los escenarios urbanos de Aranda de Duero, y con Plaza del Trigo-Vibra Mahou alzándose de nuevo como el lugar donde lo emergente comienza a dejar huella.
Para Javier Ajenjo, director de Sonorama Ribera, esta edición ha cumplido su objetivo de emocionar, sorprender y unir. El director de Sonorama Ribera ha querido agradecer a todas y cada una de las personas y entidades que se han dejado la piel para hacer de la 28 edición un éxito absoluto. A las fuerzas de seguridad y orden público, en especial a la Policía Local, a los servicios médicos, a toda la hostelería, y por supuesto a los profesionales de la comunicación que son la voz del festival. «Y a nuestro público, nuestro gran tesoro, por su entrega, su lealtad, su implicación. Por dar ejemplo de respeto y convivencia. Y por ser nuestros mejores embajadores», ha señalado Javier Ajenjo.
CINCO ESCENARIOS, UN SENTIMIENTO
Hay una cosa que el Sonorama deja patente, da lo mismo que seas más o menos fan de un cantante o un grupo. De que tengas tus imprescindibles o te dejes llevar por artistas que no conoces. Es realmente único el sentimiento de comunidad, de hermandad musical que logra generar este festival. La gente no viaja por la fiesta, viaja por la música. Han sido 4 días en los que esta persona que les escribe ha sentido de todo. La energía de Miss Caffeina y Nil Moliner, la originalidad arrolladora de Zahara y su Michi´s Army encerrada en un urinario público que transformó en su safe place. Las buenas vibras de Alizzz, Mr.Kilombo o Carolina Durante (necesitamos saber quien está detrás del traje de post-its). Los pogos de Delaporte a las tres de la mañana.
«El Sonorama tiene Parroquia. Siempre apoyando la música nacional, por como la gente del pueblo está implicada. Hay gente que va al Sonorama que igual no va a otros festivales. Es el lugar donde hay que estar. Te da igual quien toque, vienes buscando un mood que es irrepetible en otros festivales». Miss Caffeina
El divertido show de las Ginebras enmarcado como el fin de esta gira y el principio de esta nueva etapa en la que se van a encerrar a componer el próximo gran álbum. El alma salvaje de Paula Mattheus que aflora poco a poco y que hizo vibrar el escenario Tierra de Sabor culminando el show con la cantante a hombros en medio de la multitud: «esto va por todos los que viven el presente». Y si hablamos de presente hay que mencionar el pop de alto voltaje emocional de Merino que les llevó desde la Plaza del Trigo en 2024 a estar este año dentro del recinto. Un show que provocó un grito muy concreto entre el público; «¡Escenario principal!».
«Tocar en la Plaza del Trigo y un año después en el recinto del Sonorama son esos hitos en los que tienes que estar muy dormido para no darte cuenta de que está pasando algo muy bonito en tu carrera. Algo has hecho bien para que estés dando esta entrevista y a 20 metros esté sonando Franz Ferdinand». MERINO
TENGO UN PENSAMIENTO…
Al terminar el festival les pregunté a mis compañeros de apartamento sobre sus conciertos favoritos de esta edición. Y todos coincidíamos en dos muy concretos: Amaia y Arde Bogotá. La ganadora de Operación Triunfo ofreció un show único e irrepetible en el que todo nos conquistó: los visuales, su abstracta coreografía y por supuesto el dominio de cada instrumento que acariciaba. Un concierto que nos dejó a todos con la emoción a flor de piel al entonar la última nota de «Tengo un pensamiento».
Mientras que los de Cartagena defendieron su concierto más largo hasta la fecha; casi dos horas en las que ocurrió de todo: una presentación de drones que iluminaron el cielo, la silueta de la luna roja en eclipse que iluminaba el escenario y la versión mas emocional de La salvación que jamás pudimos soñar y que Arde Bogotá dedicó a todas aquellas personas que nos cuidan desde las estrellas. Da igual que te gusten o no, hay algo en este grupo que va más allá de lo musical.
Y si hablamos de grupos de la Región de Murcia no podemos olvidar a Viva Suecia. Menudo recital de himnos se marcaron los murcianos. Lejos quedan los tiempos en que intentaban hacerse un hueco en la escena nacional: hoy tras unos cuantos Sonoramas y muchos kilómetros en carretera, son imprescindibles para cualquier amante de la buena música. Fuera del recinto principal, la música volvió a ser protagonista en los escenarios urbanos de Aranda de Duero durante estos días. En El Trigo-Vibra Mahou, conciertos sorpresa de Despistaos, Siloé, Besmaya, Alcalá Norte y Carlos Ares.
UN FESTIVAL INTERGENERACIONAL E INTERNACIONAL
En el plano internacional el jueves estuvo Supergrass, para dar buena muestra de que el rock and roll nunca envejece. Qué bien sonó ese ‘Be alright’ en la calurosa noche arandina. Y si de estrellas internacionales se habla, sin duda hay que mencionar a Franz Ferdinand. Los reyes del indie rock, que han ganado elegancia, potencia y genuinidad en estos años, partieron la pana en la madrugada del viernes en Sonorama Ribera. El terreno se lo habían dejado allanado los chicos de La Raíz. Lo suyo no fue un concierto, fue un gran rito de hermandad. Ni ellos mismos podían creerse lo que estaban viviendo en el festival de Aranda de Duero. Y es que Sonorama tiene el don de sorprender hasta al más veterano, no es fácil encontrar un público tan cómplice, entregado y apasionado. Qué se lo digan a Nena Daconte, Pignoise, Café Quijano y Duncan Dhu.
«La primera vez que vine fuimos grupo sorpresa en la Plaza del Trigo en 2022. La gente viene a ser libre y divertirse. Es la magia del Sonorama. Hay un ambiente muy festivo.» Nena Daconte
LA EDICIÓN MÁS EMOCIONAL
Sonorama Ribera 2025 se despide dejando huella. Con la mirada ya puesta en la próxima edición. Y con la promesa de seguir haciendo de Aranda de Duero un punto de encuentro único entre música, cultura, solidaridad y amistad. «En recuerdo de Tara, Moncho, Rubén y todas aquellas personas que son familia y ya no están, pero no nos faltan, porque lo que se ama siempre permanece».
La 28 edición será siempre recordada como una de las más intensas, épicas y emocionales de la historia de Sonorama Ribera. Por muchas razones. Y tendrá siempre nombre propio: el de Andrés Martín Garrido, Tara. Un pilar humano y emocional de Sonorama Ribera, que se fue demasiado pronto, pero que ha estado muy presente estos días y lo estará siempre, porque él era, y seguirá siendo, el alma del festival.
Más allá de la música, Sonorama Ribera 2025 ha sido un gran homenaje a la memoria, a la amistad y a la convivencia, con la presencia constante de mensajes por Palestina y por la paz. La 29ª edición ya empieza a dibujarse, con una promesa clara: será única, auténtica e inolvidable.
«Hay mucha variedad de artistas con gran mezcla de estilos. Te encuentras con compañeros, amigos. Para las bandas que empiezan es como un check que hay que pasar.» Éxtasis

SONORAMA RIBERA 2025: Música, cultura, solidaridad y amistad
Hay lugares que no se pisan, se habitan. Sonorama Ribera no es solo un festival: es una geografía emocional donde la música no suena, late. Donde la Plaza del Trigo no es solo un escenario, sino un nido de primeras veces, de sueños emergentes y aplausos que ya no caben en el pecho. Hay algo en Aranda de Duero que transforma cada paso en reencuentro, cada nota en hogar. Quizá sea esa mezcla irrepetible de croquetas, abrazos, pistolas de agua, lágrimas, disfraces imposibles y ese eco común que atraviesa generaciones como una melodía familiar. Quizá sea que aquí no vienes a ver bandas, vienes a sentir lo que significa pertenecer. Porque sí, hay algo profundamente espiritual en el Sonorama, algo que no se explica, se reconoce. Es ver a tu madre bailando con los brazos al cielo, al lado de un adolescente que grita las letras de su vida. Es mirar al cielo y encontrar, entre drones y lunas rojas, las estrellas de los que ya no están pero siguen sonando en cada acorde.
MEMORIA Y COMUNIDAD
Esta edición fue un ritual de memoria, de emoción y de comunidad. Desde los pogos de Delaporte a las madrugadas de Carolina Durante, desde el vértigo eléctrico de Zahara hasta la elegancia infinita de Franz Ferdinand, todo vibró con una autenticidad desarmante. Porque aquí da igual si conoces o no a quien canta: lo que importa es que te remueva, que te despierte, que te sientas parte de algo inmenso. Como ese abrazo generacional entre Nena Daconte y los nuevos nombres que ya pisan fuerte, como Merino, que pasó de la plaza al recinto, como símbolo de todo lo que aquí crece, florece y se celebra.
El Sonorama tiene parroquia, sí. Pero también tiene memoria. Y esta 28ª edición ha sido, por encima de todo, un homenaje a quienes convirtieron la música en trinchera, refugio y legado. Andrés Martín Garrido, Tara, no estuvo solo en los homenajes: estuvo en cada silencio compartido, en cada brindis con el vaso al aire, en cada canción que sonó como una oración pagana. Porque aquí lo que se ama no se va, permanece.
UN ESPEJO EN EL QUE MIRARSE
Este año, el Sonorama no fue solo un festival; fue un espejo donde nos miramos y nos reconocimos vulnerables, vivos, juntos. Fue la certeza de que, aunque la música cambia, el alma del festival sigue intacta: cercana, generosa, profundamente humana. Y ahí está su magia. No en los focos, sino en los ojos brillantes del que escucha, en las manos que aplauden a desconocidos como si fueran hermanos, en la forma en que Aranda se abre como si cada calle llevara a casa.
Volver del Sonorama es como despertar de un sueño lúcido: sabes que estuviste en un lugar donde lo imposible se hizo costumbre. Y mientras una canción más se escapa por los altavoces al amanecer, ya solo queda una promesa, silenciosa pero firme: volver. Volver a contarlo, volver a sentirlo. Porque hay historias que no se escriben una sola vez. Se narran cada año, con más emoción, más gratitud y con la certeza de que, mientras exista la música, existirá Sonorama. Y yo quiero —necesito— seguir siendo su voz.
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