La noche del 20 de febrero arrancó en Madrid una gira muy especial para Ruslana. Un breve tour que comenzó en la sala Galileo Galilei, con todas las fechas agotadas antes incluso de la publicación del EP que le da nombre a este evento canónico: CATARSIS.
Una gira, cuatro ciudades: Madrid, Valencia, Barcelona y Bilbao. un formato un poco distinto porque al final son salas más pequeñas. Algo íntimo que tiene el objetivo de contar una historia.
«No puedo vivir sin los directos. Catarsis es un cambio de filosofía, de ver las cosas de forma distinta. Todo cambia. Las personas van y vienen. Pero nos adaptamos a cualquier cosa ¿Qué vamos a hacerlo dejarlo todo? Y ahí fue cuando surgió todo».
FANS DE PRIMERA
Añadiré que al llegar a la sala la cola de fans con sillas de camping, pancartas y banderas (desde las 12 de la mañana o incluso antes) se extendían desde la puerta hasta el número 17 de la calle Cea Bermúdez, unos 100-120 metros de cola que a cada minuto se extendía aún faltando dos horas para el inicio del show. Siempre que veo estas colas me pregunto si algún día me convertiré en uno de esos padres (e incluso abuelos) que pelean por el sitio de sus cachorros en los conciertos. Creo que seré más como mi padre, que me llevó a mi y a mí mejor amigo a ver a Pignoise a Villalbilla y nos esperó en el bar de enfrente comiéndose su pincho de tortilla con una Coca Cola. Dicho todo esto, vamos a hablar del show.
Una lona negra oculta el escenario. Suena Kiss me de Sixpence None the Richer y todas las fans de Claudia Arenas que se la aprendieron por ella ahora la cantan y nos amenizan la espera. Se apagan las luces. Empieza el show. Entra la banda con los primeros acordes de ETERNA y Ruslana, guitarra roja en mano, hace su entrada. Seguimos con Estrella de rock y el público como ella, simplemente enloquece. Suena Puedes contar conmigo de La Oreja de Van Gogh, una prueba más que en las fans de Ruslana vive un alma milennial.
LLEGA LA CATARSIS
Con Las guapas no miramos de verdad llega la primera catarsis del público. Seguida de La Balada, Ruslana se rompe y el público la sostiene con sus lágrimas y sus voces. Dos temas de su nuevo EP prosiguen; Maneras y Casi nada. Es tremendamente emocionante escucharlos por primera vez en directo.
Volvemos a la anterior etapa con sus Ojeras que no puede tapar pero tampoco quiere. Ruslana se mueve encendida, firme y salvaje. El vaivén de su corta melena, rojo fuego, es la expresión perfecta de esa energía indómita. Una chica mala que recorre el escenario de lado a lado.
Nadie se quedó sin su mirada que como diría La La love you, tiene magia en los ojos. Es tal calor que Ruslana reparte agua entre las fans que la devoran desde la primera fila y que mañana tendrán que ir al foniatra. Es el turno de QUIEN SOY. Tema que canta entero prácticamente arrodillada en el escenario, igual de catártico que el final de Hamnet.
Termina nuestra catarsis con QUE DUELA MÁS. Todos arriba. Todos saltando. El público pide otra, pide más. Saben que viene, saben que todo termina con LOKADEMÁS.
Ruslana inicia su Catarsis con lágrimas, fuego y entradas agotadas
La primera parada de la gira CATARSIS en Madrid no fue solo un concierto, sino una declaración de intenciones: en un formato íntimo y con entradas agotadas, Ruslana convirtió la sala Galileo Galilei en un espacio de confesión compartida donde artista y público se sostuvieron mutuamente. Entre la energía indómita de los temas más eléctricos y la vulnerabilidad descarnada de las nuevas canciones, la noche transitó por la nostalgia, la euforia y la emoción a flor de piel, confirmando que su cambio de etapa no es una ruptura, sino una evolución valiente.
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