La industria cinematográfica norteamericana tiene una extraña obsesión por los biopics, hasta el punto de pensar si no tienen más ideas originales. Solo en 2023 se han estrenado Air (Ben Affleck), Tetris (Jon S. Baird), Oppenheimer (Christopher Nolan), Ferrari (Michael Mann), Napoleón (Ridley Scott) o Priscilla (Sofia Coppola). Hago un paréntesis para avisar al espectador de que existe una regla no escrita que dice así: “Solo uno de cada tres biopics que estrena Hollywood es bueno y merece la pena verlo”. A partir de ahí, juzguen ustedes mismos.
Para cerrar el año de los biopics, se ha estrenado en Netflix Maestro, la película que retrata la vida del compositor, pianista y director de orquesta Leonard Bernstein. Se trata de la segunda cinta de Bradley Cooper como director y guionista, su debut llegó con Ha nacido una estrella (2018). Siguiendo el mismo esquema, Cooper explora aquí también el amor dentro de la celebridad y la creatividad.
Sinopsis
Maestro tiene como protagonista a uno de los músicos más importantes del siglo XX, Leonard Bernstein. Quien saltó a la fama como el primer director de orquesta nativo de Estados Unidos de renombre mundial. Fue conocido, además, por crear la partitura de obras cumbre del cine como La ley del silencio (1954) de Elia Kazan o West Side Story (1961) de Robert Wise y Jerome Robbins.
El largometraje se centra en contar la historia de este carismático y apasionado de la música a través de su relación amorosa con la actriz Felicia Montealegre.
‘Maestro’: una película academicista
Hacer una película que homenajea la historia del cine clásico siempre es fascinante. Pero tiene la costumbre de caer en el mismo arquetipo: la nostalgia, la lágrima fácil, el melodrama, la melancolía por la etapa dorada del cine, etcétera.
Maestro tiene mucho de esto. Bradley Cooper es un tipo listo, sabe que se acercan los Oscar e historias como estas son las que le gustan a los académicos. No debería pillarnos por sorpresa si el largometraje es nominado a varias categorías en estos premios. De hecho, esta misma semana la Academia ha compartido un listado de preseleccionados con los títulos que podrían optar al galardón y Maestro figura en las categorías de Sonido y Maquillaje y peluquería.
Jugando entre el realismo y la ficción
Este biopic destaca sobre todo por sus aspectos formales. Respecto al sonido, la decisión de Cooper de utilizar la música del compositor como banda sonora de la película es muy acertada. Además, emplea muchas de sus piezas para estructurar y darle un sentido a los distintos momentos que marcaron la vida del pianista. Otro gran acierto es el aspecto visual. Repite con el director de fotografía Matthew Libatique, quien orquesta una experiencia bellísima con la relación de aspecto (la proporción entre el ancho y el alto de la imagen que vemos en pantalla), el uso de los 35 mm y las secuencias tanto en color como en blanco y negro.
Se pierde en la grandilocuencia
La crítica cinematográfica se ha dividido en dos frentes con esta película: aquellos que han lloriqueado porque esperaban otra cosa y los que la han catalogado como «majestuosa». En mi caso, podría también ponerme a lloriquear sobre la película que debería haber sido (la del Bernstein músico), pero como no ha sido esa la decisión de Cooper, toca analizar la cinta desde la perspectiva del Bernstein esposo, amante y padre. No tendría ningún problema con esto, si es que se hubiera hecho bien.
Más allá de la música
Maestro pone toda su dedicación en contar los romances y las relaciones sexuales extramatrimoniales del compositor, dejando en segundo plano su importante obra musical o procurando crear una buena ambientación. Hasta aquí no hay problema, es un punto de enfoque distinto, nada más. Sin embargo, da la sensación de que la película quiere hablar más del propio Cooper que de su protagonista, de lo bien que se ha preparado su papel y cómo actúa. En ese aspecto, el público puede formarse la opinión de que es un tanto ególatra. Tiene la misma tendencia que Clint Eastwood (Gran Torino, Cry Macho), que aparte de dirigir sus películas, interpreta el papel protagonista.
Por otro lado, sorprende que si se busca contar la historia de Bernstein, todo el peso del alma de la cinta recaiga sobre el personaje de Felicia, interpretado por una inmensa Carey Mulligan (Saltburn, Drive). De este modo, termina el largometraje y no nos queda muy claro quién era el pianista. Da la sensación de que Cooper no termina de pillarle el tempo al hombre que quiere retratar. El empleo de las elipsis tampoco es adecuado, resulta muy irregular y no comunican lo que deberían, lo que deja varios huecos en el argumento.
Al final, Maestro se convierte en un biopic de grises, en el que Bradley Cooper sujeta más cigarrillos que batutas. La producción apadrinada por Martin Scorsese y Steven Spielberg tiene todo lo que le gusta a la Academia, pero será mucho más interesante ver la reacción del público, que en ocasiones es más crítico y fiable.
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