Hay conciertos que son una celebración y otros que se consiguen convertirse en una máquina del tiempo. Lo que ocurrió el 19 de junio en el Movistar Arena de Madrid fue exactamente eso: un viaje colectivo a la infancia de toda una generación que creció con Patito Feo. Diecinueve años después del estreno de la serie, Laura Esquivel y Brenda Asnicar volvieron a encontrarse sobre un escenario para demostrar que algunas historias nunca desaparecen; simplemente esperan el momento adecuado para volver a abrazar a su público.
La noche comenzó cuando sonaron los primeros acordes de “Amigos del Corazón”, la emoción se hizo inmediata. Después llegó “Somos las Divinas”, y el Movistar Arena se transformó en un gigantesco karaoke donde cada palabra era conocida de memoria.
Volver a ser aquellos niños
A partir de ahí, el concierto fue alternando momentos de reencuentro con los clásicos de Patito Feo y espacios dedicados a la evolución artística de sus protagonistas. Laura tomó el escenario para interpretar “Sueño de Amor”, de la serie, y “Cuatro Paredes”, su último tema, marcando el ritmo de lo que sería el show. Brenda respondió con la fuerza y la actitud de “Wachita”, una canción propia, y “Diosa Única Bonita”, dos interpretaciones que despertaron la euforia de quienes habían crecido siguiendo la eterna rivalidad entre los dos mundos de la serie.
El formato del espectáculo permitía que ambas brillaran juntas y por separado. Laura se quedó sola para “Ya No Me Duele”, mientras Brenda hizo lo propio con “Lady”, dejando claro que la gira también era una oportunidad para reivindicar sus identidades artísticas más allá de los personajes que las hicieron famosas.
Después de volver a unirse y compartir “A Volar” y “Respeto”, Laura protagonizó “Más» y «Cantemos Más Fuerte”, mientras Brenda interpretó “Por Qué a Mí» y «Nene Bailemos”. Laura interpretó “Vuelvo a Nacer”, seguida por Brenda con “Rezo por Vos”, antes de uno de los momentos más emotivos de toda la noche.

Antes de cantar “Girasol”, Laura explicó que era una canción que hablaba de su pasado y la dedicó “a los niños que fuimos y que somos”. La frase resonó con fuerza entre un público que ya no era aquel de 2007, pero que seguía encontrando en esas canciones un refugio emocional. Durante esos minutos, el concierto dejó de ser un aniversario para convertirse en una conversación entre la memoria y el presente.
Laura y Brenda, más allá de Patito Feo
En la siguiente parte del show Brenda asumió el protagonismo con “Tango Llorón”. Mientras Laura encadenó “Cuando Pienso en Ti”, “Y Ahora Qué” y “Un Día a la Vez”.
El contraste llegó con el bloque posterior que alteró por completo la atmósfera del recinto. Brenda regresó con “Salvaje”, “Quiero Quiero” y “Dance Floor”. Fue uno de los momentos en los que la gira dejó más claro que no se trataba únicamente de revivir una serie de televisión, sino también de presentar a las artistas en las que aquellas adolescentes se han convertido.

Esa combinación entre nostalgia y actualidad fue precisamente uno de los grandes aciertos de la noche. Las canciones vinculadas a la ficción convivieron con temas de las trayectorias solistas de Laura y Brenda, construyendo un relato que no miraba exclusivamente hacia atrás. El mensaje era claro: celebrar Patito Feo significaba también reconocer todo lo que vino después.
Para el tramo final, ambas regresaron juntas al escenario. “Fiesta” devolvió la energía al máximo, mientras “Un Rincón del Corazón” sirvió como antesala de un cierre inevitable. Cuando comenzaron los acordes de “Las Divinas”, el Movistar Arena explotó. Ya no importaba si quienes cantaban habían sido alguna vez parte del equipo de las Populares o de las Divinas. Diecinueve años después, todos compartían el mismo recuerdo.
Lo más valioso de la noche fue comprobar que el fenómeno Patito Feo sigue vivo. Laura y Brenda no regresaron para interpretar a Patito y a Antonella. Regresaron como dos artistas adultas que decidieron abrazar una etapa fundamental de sus vidas y compartirla con quienes crecieron junto a ellas.
Durante casi dos horas, Madrid volvió a ser aquel lugar donde los sueños, las canciones y los recreos parecían infinitos. Y, por una noche, los niños que fuimos se encontraron con los adultos que somos para cantar juntos una vez más.
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