Steve Smallman es uno de los autores e ilustradores infantiles más queridos de las últimas décadas. Nacido en Inglaterra, comenzó su carrera como ilustrador y ha trabajado durante más de treinta años en el mundo del libro infantil, además de colaborar en proyectos de televisión y publicaciones educativas. A lo largo de su trayectoria ha ilustrado cientos de títulos y escrito más de un centenar de libros para niños, convirtiéndose en una figura de referencia dentro de la literatura infantil contemporánea. Entre sus obras más conocidas destaca la saga iniciada con La ovejita que vino a cenar, un éxito internacional que ha conquistado a familias y escuelas de todo el mundo gracias a sus mensajes sobre la amistad, la empatía y la superación de prejuicios.
Lo que hace especiales los cuentos de Smallman es su capacidad para abordar temas universales a través de personajes entrañables y situaciones llenas de humor. En la serie de La ovejita que vino a cenar, por ejemplo, un lobo hambriento y una pequeña oveja desafían las expectativas y enseñan a los lectores que las apariencias pueden engañar y que la familia puede construirse de formas muy diversas. Estas historias han evolucionado a lo largo de los años manteniendo siempre valores como la tolerancia, la amistad y el respeto por la diferencia.
Steve Smallman continua su famosa saga de «animales que vienen a cenar», pero además, inicia una nueva aventura literaria con «Mi mamá es… un enano gruñón», una divertida historia protagonizada por un enano solitario que, tras encontrar un huevo del que nace una pequeña dragona, se embarca en un inesperado viaje sobre los vínculos afectivos y la importancia de cuidar de los demás. Una vez más, el autor demuestra su talento para combinar humor, ternura y valiosas lecciones de vida en relatos que conectan tanto con los niños como con los adultos.

Entrevistamos a Steve Smallman
Hemos tenido la gran suerte de poder entrevistar a Steve durante la Feria del Libro de Madrid, aprovechando el lanzamiento de sus obras «Mi mamá es… un enano gruñón» y «El cangrejo que vino a cenar» como continuación de su saga de «La ovejita que vino a cenar». Ha sido una entrevista realmente enriquecedora con una autor que pese a su gran éxito se muestra abierto y muy cercano a todo tipo de preguntas acerca de su obra, contándonos sus fuentes de inspiración y revelándonos próximos trabajos.
Después de tantos años escribiendo e ilustrando para niños, ¿Qué sigue emocionándole cada vez que comienza una nueva historia?
Mis historias siempre empiezan en mi cuaderno de bocetos. Dibujo personajes, les doy expresiones y, de alguna manera, ellos mismos empiezan a contarme su historia. Es un proceso muy orgánico. La parte más emocionante es que se parece a conocer a alguien por primera vez. Cuanto más dibujas y escribes sobre un personaje, mejor lo conoces. Su personalidad puede cambiar mientras trabajas y, con ella, también puede cambiar la historia. Esa emoción viene precisamente de adentrarse en lo desconocido.
¿Crees que este proceso creativo tiene relación con el hecho de que fuiste ilustrador antes que escritor?
Sí, sin duda. Siempre necesito tener un lápiz y un papel cerca; son como mi zona de confort. Disfruto mucho dibujando y, como decía, las historias nacen precisamente de ahí.

Sus libros suelen romper estereotipos a través de personajes que, en teoría, no deberían llevarse bien. ¿Por qué cree que este mensaje sigue siendo tan necesario para los niños de hoy?
Creo que los niños están constantemente expuestos a las opiniones y prejuicios de otras personas, ya sea sobre gente diferente a ellos, personas de otros países o individuos con distintas características físicas. Mis historias intentan mostrar que la primera impresión no siempre es correcta. Cuando conoces a alguien de verdad y compartes experiencias con esa persona, descubres cosas maravillosas. Incluso las amistades más improbables pueden surgir cuando mantenemos el corazón abierto.
En Mi mamá es… un enano gruñón encontramos una relación tan improbable como entrañable entre un enano y una pequeña dragona. ¿Cómo nació esta idea?
Todo empezó en mi estudio cuando dibujé un pequeño dragón con una sola ala. Parecía un poco triste, pero no quería crear un personaje definido por lo que le faltaba. Quería que fuera un dragón feliz, alguien para quien tener una sola ala no fuera un problema. Después imaginé que, al salir del huevo, el primer ser que veía era un enano gruñón. A partir de ahí surgió la historia. El enano empieza siendo egoísta y malhumorado, pero poco a poco descubre que hay cosas más importantes en la vida gracias a la relación que desarrolla con el pequeño dragón.
Tan solo hemos visto el primer día de vida de la dragona, todo apunta a que la historia continua ¿será así? ¿veremos crecer a la dragona a lo largo de la serie?
Sí. De hecho, ya estoy ilustrando el segundo libro. La pequeña dragona todavía no ha encontrado a su madre, y esa búsqueda continuará. Además, el enano gruñón, que nunca había recibido un abrazo antes, descubre algo nuevo y muy especial. Sigue siendo gruñón, pero ahora existe una ternura que antes no tenía.
Me gusta que siga siendo pequeña porque esa es parte de su personalidad. Cuando haces que los personajes envejezcan demasiado, las posibilidades de la historia se vuelven más limitadas. Prefiero que continúe encontrándose con distintos animales y criaturas que podrían ser su madre, porque ella ni siquiera sabe qué aspecto tiene.
Muchas de sus historias hablan de familias poco convencionales. ¿Qué significado tiene para usted el concepto de familia en la literatura infantil?
Hoy en día muchos niños viven realidades familiares distintas. Algunos proceden de familias separadas, otros viven con sus abuelos y algunos ni siquiera tienen padres presentes. La familia no se define únicamente por los lazos de sangre; también está formada por las personas que te hacen sentir querido y seguro. Eso puede reflejarse perfectamente en una historia a través de personajes muy diferentes entre sí.
¿Qué pueden aprender los adultos de los cuentos infantiles que a veces olvidan al crecer?
Los adultos solemos volvernos muy rígidos en nuestras ideas. Pensamos que ya lo sabemos todo. Los niños, en cambio, están abiertos al mundo y a sus maravillas. También son emocionalmente vulnerables, y eso despierta nuestro deseo de protegerlos. Creo que si más adultos fueran abiertos de mente, generosos de corazón y estuvieran dispuestos a mostrarse vulnerables, el mundo sería un lugar mucho mejor.
Cuando visita colegios y conversa con niños lectores, ¿Qué comentarios o preguntas le sorprenden más?
Hacen preguntas muy curiosas. Una de las más divertidas fue: “¿Por qué tienes la nariz tan grande?”. Muchas veces las preguntas no tienen absolutamente nada que ver con la historia. Lees un cuento, preguntas si alguien tiene alguna duda y un niño responde: “Fui a la tienda y me compré una manzana”. Sin embargo, también se implican muchísimo en los personajes y a veces me preguntan cosas como dónde está la madre del dragón. Eso demuestra que realmente se han metido dentro de la historia.
Si pudiera sentarse a leer uno de sus cuentos con el niño que fue, ¿Cuál elegiría y por qué?
Probablemente The Lamb Who Came for Dinner (La ovejita que vino a cenar). Tiene humor, emoción, algo de tensión, un pequeño peligro y un final feliz. Me encanta leerlo en voz alta y ver las reacciones de la gente. Cuando terminas la historia y ves sus caras de satisfacción, te sientes muy bien.
También me gustan mucho mis historias rimadas y humorísticas. Hay una titulada Poo in the Zoo que siempre me hace reír. Escribo pensando en el niño de cinco años que llevo dentro y, cuando consigo hacerle reír, sé que voy por buen camino.
Tus historias suelen tener mucho humor. ¿Por qué es tan importante para ti?
Me encantan las historias con ritmo, rima y diversión. De pequeño adoraba los libros del Dr. Seuss y todavía sigo siendo un gran admirador. Creo que las historias divertidas conectan muy bien con los niños, pero también con los adultos. He leído algunos de mis libros ante públicos donde incluso personas adultas terminaban emocionadas. Eso demuestra que las buenas historias no tienen edad.
Mirando al futuro, ¿Qué historias o personajes le gustaría explorar que aún no haya llevado al papel?
Me gusta trabajar con personajes animales porque los niños conectan muy bien con ellos. Los aceptan de forma natural, aunque hablen, lleven zapatos o conduzcan coches. Además, los animales permiten abordar temas importantes de una manera accesible.
Tengo una idea para una historia sobre una pequeña ardilla que está dentro del espectro autista. Le gusta estar sola, se siente incómoda con el ruido y tiene sus propias maneras de tranquilizarse. Cuando nace su hermana, ella es todo lo contrario: valiente, ruidosa y aventurera. La ardilla quiere ser un buen hermano mayor, pero tendrá que aprender a relacionarse con alguien muy diferente a él. Creo que podría ser una historia muy divertida y emotiva.

Para más sobre literatura no te pierdas nuestra sección dedicada.
También te recomendamos nuestro canal de Youtube.
