La nueva versión de Nosferatu, dirigida por Robert Eggers (La Bruja, El Faro) y producida por Chris Columbus y Eleanor Columbus, se estrenará el 25 de diciembre de 2024. Este remake del clásico de 1922 es una reinterpretación del mito vampírico a través de una lente gótica y oscura. Producida por Studio 8, Focus Features y Maiden Voyage Pictures, el filme cuenta con un presupuesto de 132 millones de dólares y fue filmado en locaciones como el Castillo Corvin en Transilvania. El reparto incluye a Bill Skarsgård como el Conde Orlok, Lily-Rose Depp como Ellen Hutter, y Nicholas Hoult como Thomas Hutter, además de actuaciones destacadas de Willem Dafoe, Aaron Taylor-Johnson y Emma Corrin.
Analizamos el origen del mito, hacemos un repaso por su evolución cinematográfica y hacemos la crítica de Nosferatu en nuestro artículo ¡Sigue leyendo!
Origen del mito de Nosferatu y su evolución cinematográfica
El personaje de Nosferatu tiene sus raíces en la rica mitología vampírica de Europa del Este, donde las historias sobre muertos que regresan para chupar sangre eran comunes. Estas leyendas, documentadas en los siglos XVIII y XIX, dieron lugar a figuras como el strigoi rumano (almas de los muertos que salen de sus tumbas durante la noche) o el vrykolakas griego (vampiro originado básicamente por muerte prematura o violenta, suicidio, ahogamiento, una plaga o peste, así como por no haberse realizado los rituales funerarios adecuados o haber cometido un error durante los mismos). Estos seres estaban vinculados a la superstición y al miedo a la muerte y la enfermedad.
La versión cinematográfica centenaria más reconocida de esta figura, el Nosferatu de Murnau (1922), tomó inspiración del «Drácula» de Bram Stoker, aunque con modificaciones para evitar problemas legales. Fue una obra maestra del expresionismo alemán y marcó un hito en el cine de terror, introduciendo conceptos como la vulnerabilidad de los vampiros a la luz solar.
Esta figura, precursora de «Drácula», resulta en algunos aspectos más fiel al personaje original de la novela de Bram Stoker que la famosa versión de Bela Lugosi de 1931. Interpretado por Max Schreck, el Nosferatu de 1922 está rodeado de un aura mítica, al punto de que algunas leyendas sostenían que Schreck era un vampiro real. Esta intrigante teoría cobró fuerza con la película de 2001 La sombra del vampiro, donde Willem Dafoe dio vida a Schreck y John Malkovich encarnó al director F.W. Murnau.
¿Por qué esa separación entre «Nosferatu» y «Drácula»?
El nombre «Nosferatu», como explica Guillermo Balmori, proviene del rumano, donde significa «no muerto». Este término se utilizó en lugar de «Drácula» debido a cuestiones legales, pero también subraya una conexión con las raíces folclóricas del mito vampírico. A pesar de que el personaje de Stoker está inspirado en Vlad el Empalador, un príncipe transilvano del siglo XV, el autor solo tomó su nombre y origen geográfico, sin incorporar los aspectos históricos del príncipe.
El Nosferatu original retrata al vampiro como un ser decrépito y terrorífico, más cercano a la visión de Stoker, en contraposición al Drácula apuesto y seductor popularizado por las adaptaciones posteriores. En la novela, el vampiro rejuvenece al beber sangre, pero no adquiere el atractivo físico ni el componente erótico que se desarrollarían en las versiones cinematográficas más modernas.
Durante la producción de Nosferatu, el equipo estuvo compuesto por personas interesadas en lo sobrenatural y lo esotérico, lo que alimentó aún más las leyendas en torno al filme. Entre las anécdotas curiosas destaca el inusual anuncio de un casting de ratas en un periódico local de Wismar.

Evolución cinematográfica del mito de Nosferatu
En el cine, Nosferatu ha evolucionado desde su representación original en el filme de Murnau hasta distintas reinterpretaciones. En 1979, Werner Herzog dirigió Nosferatu: Phantom der Nacht, una adaptación que mantenía elementos del clásico mientras exploraba la melancolía y el aislamiento del vampiro, con Klaus Kinski como el inquietante protagonista. Décadas después, películas como Nosferatu in Venice (1988), aunque menos exitosas, buscaron expandir la narrativa del personaje, introduciendo nuevos contextos y sensibilidades. Además, en el año 2000, Shadow of the Vampire reinterpretó la producción del Nosferatu original como si el actor principal, Max Schreck, fuera realmente un vampiro, mezclando realidad y fantasía.
Comparativamente, las adaptaciones de Drácula han seguido caminos paralelos y más extensos. Desde la versión de Tod Browning con Bela Lugosi (1931), que definió el vampiro como un ser elegante y seductor, hasta interpretaciones modernas como la de Francis Ford Coppola en Drácula de Bram Stoker (1992), el personaje ha oscilado entre el terror gótico y el romance oscuro. En cambio, Nosferatu siempre se ha mantenido más vinculado al horror puro, representando la amenaza primaria y el miedo a lo desconocido
La evolución de Nosferatu y Drácula en el cine refleja no solo cambios culturales, sino también una fascinación duradera por los vampiros, adaptándolos a las inquietudes y estéticas de cada época. Esto consolida a ambos como iconos permanentes del terror en la cultura popular.

Crítica de Nosferatu 2024: Una obra de arte visual
El regreso del vampiro original ha llegado con la nueva versión de Nosferatu, dirigida por Robert Eggers. La película es un homenaje claro al clásico del expresionismo alemán mientras aporta una reinterpretación moderna que desafía y fascina a partes iguales.
Uno de los aspectos más relevantes de esta película es, sin duda, su estética visual. Lo gótico inunda cada rincón, convirtiendo cada fotograma en una belleza cautivadora. Desde los paisajes tétricos e imponentes hasta los pequeños detalles como las flores en los sombreros o los vestidos minuciosamente diseñados, la dirección de arte es absolutamente deslumbrante. Este nivel de detalle no solo demuestra una planificación minuciosa, sino también un respeto profundo por la película original.
Eggers logra mantener una atmósfera tensa a lo largo de toda la cinta, especialmente al principio, cuando conocemos al Conde Orlok. A través de un delicado uso de luces, sombras y desenfoques, nos sumerge en la psique del personaje. Aunque todos sabemos cómo luce el Conde, el director consigue que el espectador anhele verlo, replicando la dualidad de atracción y repulsión que siente la protagonista.
Diseño visual y fotografía
La fotografía de Nosferatu no solo rinde homenaje al cine expresionista alemán con planos cuidadosamente compuestos, sino que también introduce nuevas perspectivas visuales. Destacan los planos cenitales verticales y los primeros planísimos que aportan una estética poderosa y poco convencional. El movimiento de Orlok a través de las sombras y sus emblemáticas manos huesudas enriquecen la narrativa visual con referencias a sus orígenes cinematográficos.
Una de las escenas que visualmente me ha cautivado ocurre cuando Thomas Hutter se dirige al castillo de Orlok y se detiene en un cruce de caminos. El contraluz, la oscuridad y la alusión a la cristiandad componen un cuadro digno de admiración. Este es solo un ejemplo del juego de luces y sombras que impregna toda la película.

Un vestuario de época que nos transporta en lugar y tiempo
El diseño de producción, vestuario y maquillaje también son dignos de elogio.
«Nosferatu» transcurre en el año 1838, un momento de transición en la moda. La diseñadora de vestuario Linda Muir tenía claro que esa era una década curiosa, se acababa de salir de la Regencia, pero aún no se entra en la era victoriana. Se trata de un momento de transición; en la ropa femenina, las mangas pasan de pierna de cordero a adaptarse más a la forma real del brazo, por ejemplo. En cuanto a la moda masculina, es el momento justo anterior a la estandarización del traje, las costuras cambian de lugar, no hay nada definido. Todo un reto para el departamento”.
El vestuario tiene un papel importante ya que un actor cuando entra en un ambiente tan cuidado, todo lo que le rodea le ayuda a mejorar la interpretación.
La larga historia creativa de la diseñadora de maquillaje Traci Loader con Robert Eggers está basada en maquillajes discretos y muy realistas. “Rob y yo trabajamos bien juntos porque mi enfoque del maquillaje es realista, natural. Hacer poco cuesta mucho más que hacer mucho”. Loader maquilló muy poco a los actores hasta que sus personajes entran en el reino de la locura, la enfermedad y lo sobrenatural. “El mayor efecto fue empalidecerles, que su piel pareciera más cetrina, más amarilla y más pálida”, dice.
Este detalle exhaustivo, el «menos es más» aporta un fiel realismo a la historia que se agradece y disfruta.
El maquillador de efectos especiales David White es un apasionado de los clásicos de vampiros desde niño. Él fue el encargado de dar vida a Orlok. White, al igual que Eggers, dedicó mucho tiempo al diseño del Conde Orlok. Para conseguir los efectos deseados, se documentó a fondo sobre la descomposición de
la carne y de los huesos en textos médicos. “Robert me pasó varias ilustraciones y toda una serie de dibujos que había hecho”, dice. “Incluso me mostró un cuadro de Orlok pintado por él hacía mucho tiempo que me ayudó a entender lo que buscaba”. Gracias a esta referencia, el maquillador comprendió los tonos y las texturas que Eggers imaginaba. El director también le mostró imágenes de nobles de la época, cómo se peinaban, si llevaban barba y bigote, además de un sinfín de representaciones a través
de los siglos.
Para las manos de Orlok, primero se experimentó con dedos de 30 centímetros, mucho más largos de los que acabaron escogiendo. Siguió haciendo pruebas hasta solucionarlo con una prótesis en forma de bola con uñas individuales que alarga los dedos del actor solo 2,5 centímetros.
Unas actuaciones magníficas
Bill Skarsgård como el Conde Orlok ofrece una interpretación que redefine al personaje. A diferencia de sus predecesores, más caricaturescos, Skarsgård encarna a un vampiro enfermizo que aterra y asquea a partes iguales. Sus movimientos limitados son compensados con una expresividad vocal intensa que transmite tanto fragilidad como amenaza. El director y el actor crearon la voz de Orlok juntos. “La primera vez que oí la voz que había desarrollado para el papel, me quedé aterrado”, dice Nicholas Hoult. ”Es algo tremendamente intimidante, muy bien conseguido, horrible, y nadie quiere estar cerca de esa voz”.
El resto del elenco también brilla. Lily-Rose Depp interpreta a Ellen con una mezcla de fragilidad y fortaleza que resulta desgarradora.
Desde la primera prueba, la actriz entró de lleno en el personaje, deseosa de conseguir el papel. “Hizo una prueba alucinante”, recuerda Robert Eggers. “Todos acabamos llorando, el director de casting, el cámara de vídeo, yo mismo. No había duda de que era capaz de imprimir la fuerza necesaria al personaje”.
Lily-Rose Depp reconoce que la prueba le ofreció la oportunidad de dejar atrás cualquier inhibición, y entregarse en cuerpo y alma al personaje. “Es un papel que requiere mucha entrega, hay que trascender la envoltura física y convertirse en algo demoníaco, de otro mundo, libre de inhibiciones, de complejos”, explica. “En la prueba quise demostrar que podía llegar hasta ese punto”. La actriz trabajó con la asesora de movimientos Marie-Gabrielle Rotie, experta en la danza butō japonesa, con el fin de coreografiar las posesiones de Ellen. “Empezamos con lo más sencillo”, dice Depp. “Ante unas escenas como estas, es
importante considerar hasta el más mínimo detalle, cómo entra el personaje en una estancia, cómo cruza esa estancia. Ellen tiene una conexión con otro mundo, es algo paranormal, y quise que esto habitara todos sus movimientos”.
Por su parte, Willem Dafoe y Simon McBurney destacan en papeles secundarios que exploran la línea entre la cordura y la locura, dotando a sus personajes de una complejidad fascinante. Willem Dafoe ya tenía experiencia en historias vampíricas al ser nominado a un Oscar en 2001 por su papel como Max Schreck en el muy aplaudido drama La sombra del vampiro.
Fidelidad y reinterpretación del mito
La película es un equilibrio entre la fidelidad al clásico y una reinterpretación moderna. Aunque respeta la estética y la narrativa gótica de la original, introduce elementos de terror visceral y sexual que la acercan a sensibilidades contemporáneas. La sensación de escándalo y repulsión que provoca recuerda a obras recientes como Poor Things. Este enfoque visceral y explícito convierte a Nosferatu en una experiencia inmersiva que no deja indiferente.
Narrativa y guion
El ritmo de la película es desigual. El comienzo es fascinante, con una tensión que atrapa al espectador y lo invita a prestar atención a cada detalle. Sin embargo, hacia la mitad la narrativa pierde algo de fuerza, volviéndose un poco pesada. Afortunadamente, el desenlace retoma la intensidad con un clímax poderoso y un cierre magistral.

Impacto emocional y legado
Nosferatu captura el espíritu aterrador y melancólico del original, mientras lo actualiza para las sensibilidades modernas. La película no solo honra el legado del cine vampírico, sino que también establece un nuevo estándar para el género. Al igual que sus predecesoras, está destinada a convertirse en un clásico que marcará un hito en la historia del cine.
Con esta crítica de Nosferatu, celebro el regreso de un mito que sigue evolucionando y demostrando su vigencia como obra de arte y fenómeno cultural. Robert Eggers nos ofrece una versión tan impactante como inolvidable, consolidándose como uno de los grandes visionarios del cine contemporáneo.
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