Yo no moriré de amor, el debut en la dirección de Marta Matute, se alzó con el mayor galardón, la Biznaga de oro a Mejor película y sumó la Biznaga de plata a mejor actriz para Júlia Mascort y la Biznaga de plata a mejor actor de reparto para el actor Tomás del Estal, además del Premio Feroz Puerta Oscura a mejor película, en el reciente Festival de Málaga. La película llegará a los cines el 8 de mayo de la mano de Elastica.
Producida por Solita, Elastica y Saga Film (Bélgica) la película parte de la propia experiencia de Marta Matute, y está protagonizada por la novel Júlia Mascort junto a Sonia Almarcha (La ruta, El buen patrón), Tomás del Estal (El llanto, Antidisturbios) y la reciente ganadora de los premios Goya y Gaudí Laura Weissmahr (Salve Maria).
SINOPSIS
A sus 18 años, Claudia no quiere ser una heroína. La enfermedad de su madre irrumpe como una tormenta silenciosa que obliga a redefinir los roles en una familia que lleva tiempo desconectada. Entre el deber de cuidar y el deseo de vivir como cualquier chica de su edad, Claudia busca un modo de habitar esa nueva realidad, que transformará los vínculos entre toda la familia.
PREPARACIÓN ABSOLUTA
Marta Matute se tomó muy en serio la preparación de esta película sobre todo de cara a afrontar las distintas fases de la enfermedad. Su trabajo con Sonia Almarcha fue crucial y estuvo muy apoyado por asociaciones de enfermos para ver todos los síntomas y hacer casi un calendario. Un referente para el resto de la familia. Y para coordinarse con los distintos departamentos; en qué momento entra el pañal, en qué momento entra la pajita…Al final el estado emocional de la madre definía el de los demás.
UN RETRATO FAMILIAR
Estamos ante una película en la que los roles están más que marcados, más que definidos. Tenemos a la madre que cae víctima de una terrible enfermedad y su familia que sobrevive a ella. Empezando por el padre y sus herméticas emociones. La hermana mayor que siente que tiene que cargar con el peso del mundo sobre sus hombros. Y la hermana pequeña que es la que realmente carga con el día a día poniendo el bien familiar por encima del suyo propio. Pone su vida en pausa y deja de ser una niña de un día para otro. Los que, por desgracia hemos estado ahí, sabemos lo que supone poner tu vida en pausa y ser tan fuerte como nunca imaginaste que te tocaría serlo.
Las interpretaciones de nuestro cuarteto protagonista de «Yo no moriré de amor» es absolutamente increíble. No puedo evitar sentir debilidad por el personaje de Júlia Mascort porque yo he estado ahí. Además es un personaje que podrías odiar, es completamente entendible pero ahí radica su verdad. Es tan real el espejo que construye que asusta de lo veraz que es. Un personaje que como nos cuenta la propia actriz, «cae mal»:»Al final las personas señalamos las cosas que moralmente no están bien. Pero de eso trata esa historia. Ella, mi personaje no está haciendo lo correcto. Lo bien visto. Pero va a conjunto con la edad que tiene y presa de la culpabilidad por sus elecciones» Júlia Mascort
UN RETRATO HONESTO SIN MELODRAMAS
Lo mejor de la película es que no cae en melodramas excesivos. Se centra en contar una historia real, una historia honesta que podría ser tuya o mía, o de tu vecino. Podría ser excesivamente dramática pero no lo es. Y se agradece. Bastante dura es ya la película por sí misma como para inflarla más aún. «Cuando atraviesas algo así durante tantos años tu cabeza se disocia, no quieres caer en la emocional, sigues hacia delante y los personajes nacen desde ahí» Marta Matute, directora.
Todo esto se refleja en la película en situaciones contenidas con destellos de amor y empatía en pequeños gestos que es realmente lo que emociona. «Cuando pasas por algo así se te borra la memoria, estás en modo supervivencia. Y eso no es melodrama. Es normalizar un dolor intenso. En el cine se tiende a romantizar para que vendan pero aquí se pone por delante la empatía. Y contar una historia real.» Júlia Mascort y Laura Weissmahr
«Yo no moriré de amor» habla desde una honestidad compartida desde un sitio sano y hermoso. No pretende hacer sufrir, ni exorcizar, ni recrearse ni dar lecciones. Pretende contar una historia que sirva, que pueda llegar a ser un referente. Una reconciliación con la culpa.
LOS PRINCIPIOS DEL CUIDADO
Es de agradecer cuando una película como esta pone el foco en los cuidadores. Ya vimos un tratamiento parecido o similar en Cinco Lobitos de Alauda Ruiz de Azúa o incluso en La Casa pero aquí está llevado a la potencia. El cuidador, ya sea una hermana, un hijo o una hija es esa figura que lucha contra viento y marea para mantener sus emociones serenas cuando todo su mundo se derrumba y «Yo no moriré de amor» habla muy bien de eso.
«Se habla poco de los cuidadores y de lo que atraviesa en una familia este tipo de enfermedades. No tiene escapatoria ni para la persona que lo sufre ni para los que la rodean«. Tomás del Estal y Sonia Almarcha.
Y como decía es de agradecer que por una vez el foco no esté en la enfermedad. Y sí en el cuidador. Todos los personajes, a su cierta manera hablan de las emociones que te atraviesan cuando se trata de cuidar. Incluido el sentimiento de culpa que nace cuando te priorizas a ti.
«Es fácil invisibilizar al cuidador porque no tiene nada de atractivo. Dime que tiene de atractivo un pañal o un colchón meado. Por como te atraviesa el dolor es verdad que la película consigue retratar las dificultades de cuidador sin perder de vista su universo personal. » Laura Weissmahr
La vulnerabilidad hace que el amor aparezca y a la vez la frustración que es cuidar de alguien que nunca mejora. Te genera rabia, la transmites al familiar. Entonces la mezcla entre ese amor y esa rabia es lo que verdaderamente define el tono de la cinta.
EL DESAFÍO DEL RACCORD EMOCIONAL
Sólo Pedro Almodóvar tiene el poder de rodar de manera cronológica, el resto de los mortales tienen que rodar de manera desordenada. Y eso siempre es un reto. Pero con esta película más aún.
«Me hice como una tabla para saber por donde pasaba cada personaje y saber en qué fase de la enfermedad estábamos. Ensayamos mucho y Júlia (Mascort) tenía como un librito con el que saber donde estaba exactamente, que había pasado, antecedentes emocionales inmediatos…De hecho la última escena se grabó el cuarto día de rodaje» Marta Matute, directora.
Transitar por los distintos estadios de la enfermedad ya es un desafío pero conectar y desconectar con esas situaciones para grabar, de verdad, mis dieces. Y no solo para los intérpretes sino para todos los departamentos, vestuario, producción…
«Tiramos todos de ese mapa (el de Júlia) en un momento u otro. Nos teníamos que ayudar. Era esencial por los saltos temporales, por el rodar de manera no cronológica, hay muchas diferencias y hay mucha evolución. » Júlia Mascort y Laura Weissmahr
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