Existe una amplia y variada muestra de películas, tanto antiguas como modernas, que muestran la fuerza y el sin sentido de la masa social. Reflejan cómo las personas como individuos se ven arrastradas por lo que piensa la mayoría. Unas veces de manera más pacífica y otras de forma violenta. El sistema democrático es reflejo y metáfora de los prejuicios que arrastran las personas de una sociedad. Si minimizamos ese ambiente y lo reducimos a la expresión de una reunión de vecinos, de esas que popularizó Aquí no hay quien viva, tenemos una situación injusta y de impotencia. Un espejo hipócrita en el que muchos se pueden ver reflejados pero en el que nadie quiere mirarse. Votemos resume perfectamente los prejuicios que nadie quiere admitir pero en los que se incurre conscientemente y justificándose en el grupo.
Votemos solo si nos gusta el resultado
La premisa y el argumento giran sobre una sencilla y rutinaria actividad de cualquier comunidad. Una votación para cambiar el ascensor, en un piso antiguo, listo para alquilar. El azar del destino lleva a una pregunta indiscreta. ¿A quién se lo vas a alquilar? Pues a un compañero de trabajo. Tiene algún problema de salud mental. La curiosidad y la buena educación pasan a convertirse en alarma. Poco a poco, las rencillas, los rencores y la verdadera naturaleza de la jauría humana empiezan a hacerse presente. Un elefante en la habitación que siempre estuvo y que hasta ahora no había barritado tan fuerte.

Como partes implicadas, tenemos al grueso de vecinos, esa masa social en la que unos lideran, otros se dejan o no arrastrar y los últimos siguen a la masa convencidos. Mientras, el que parece la voz de la razón y la objetividad acaba dejando su neutralidad para tratar de contentar a todo el mundo y no tener problemas, lo que acaba por definición en el peor de los bandos: el egoísta y propio. En este caso tenemos a Raúl Fernández (El internado), con una actuación con la que cualquiera que haya estado en una situación incómoda puede identificarse.
Así, todo gira en tramos de humor absurdo y negro junto con dramáticos e incómodos momentos. En otros papeles, tenemos a rostros conocidos como Tito Valverde (El comisario), Gonzalo de Castro (7 vidas) y Neus Sanz (Los hombres de Paco), quienes hacen unas actuaciones rabiosas y llenas de bilis. Finalmente, mención especial para el tercero de los bandos, interpretado por Clara Lago. La actriz hace una interpretación genial de una vecina a la que ya nadie mira con los mismos ojos a pesar de ser la misma persona. Su personaje podría ser el reflejo de cualquiera ante la incrédula injusticia que puede suceder.
Votemos – orígenes de la película
Estamos ante una sorprendente película que, como tantas otras, tuvo su origen en el cortometraje. Nominado al Goya a Mejor cortometraje de ficción en el año 2021, Votamos era el tercer cortometraje de Santiago Requejo, guionista y director del film. Ahora, con algo más de presupuesto, añadiendo algunos rostros conocidos y manteniendo a otros presentes en el corto, en el mismo o diferente papel, Votamos pasa a ser Votemos. Una letra de diferencia, mismo mensaje, más contundencia actualmente.
Esa es precisamente una de las grandezas de la nueva adaptación, que salva el principal obstáculo de los cortometrajes que se hacen largos: añadir metraje a una idea simple. No solo tiene la duración justa y necesaria, sino que ese mayor tiempo de pantalla enriquece el guion y lo embrutece con situaciones más tensas y un mayor trasfondo de las relaciones entre los personajes. Todo ello con una realización sencilla pero directa junto con un guion muy inteligente, empático y realista.

En definitiva, se trata de un texto reflexivo, que va girando eficazmente conforme la situación pasa de una votación ordinaria a una incomodidad latente que no entiende de pasados, conveniencias ni de tratar de quedar bien unos con otros. Ante los mismos personajes se muestran sus propias sombras y verdades, aquellas que ni ellos mismos reconocen con tal de imponer su miedo. Lo peor: que muchos de esos argumentos los hemos escuchado en boca del cuñado de turno.
Un reflejo que no gusta, una película que sí
Un cortometraje crítico de los que siempre hacen falta. De los que merece la pena reivindicar y conocer y que ojalá abra más mentes que puertas se le han cerrado a personas que no tienen culpa de nada. Desde aquí, un recuerdo y una reivindicación a una salud mental que debería ser cuestión de Estado.
Si queréis descubrir más obras que tienen relación con la salud mental, os dejamos los enlaces a nuestra reseña de La plaga y a la entrevista con sus autores, Javier y Juan Gallego.
