Es viernes por la tarde. El final de un largo día, el final de una larga semana. Antes de salir de casa mi mejor amiga me dice, «llévate paraguas, parece que va a llover«. No le hago caso y a mitad de la calle Embajadores empieza a chispear. Odio cuando tiene razón. ¿Por qué os cuento esta historia? Porque voy a entrevistar a una creadora de historias: Ana de Alva. Como diría Troy McClure, la recordaréis por dirigir Voy a pasármelo mejor, por sus cortometrajes o por la pieza teatral Manos a la Cabeza, su primera obra como directora y dramaturga.
Recientemente ha sido galardonada con el Premio Málaga Cinema, otorgado en marzo de 2026, por su destacada trayectoria y contribución a la industria audiovisual local. Anteriormente, en 2024, ya fue galardonada con la Biznaga de Plata de Mujeres en Escena por su cortometraje «Algo Permanente«.
Nada más sentarnos hablamos sobre como estamos deacuerdo para con la absurda idea de llevar paraguas cuando apenas llueve. Le hace gracia que lleve la entrevista en papel como si fuera un periodista de la vieja escuela. Llevamos dos minutos de cháchara, así que decido darle a grabar antes de que se me escape alguna icónica frase. Ahora sí, empieza la entrevista.
Festival de Cine de Málaga 2026. Concretamente la Gala Málaga Cinema reconoció a cuatro figuras imprescindibles en el panorama audiovisual malagueño y entre esas figuras está tu nombre ¿Cómo fue para ti recibir este premio?
La palabra «imprescindible» cuando la leí me quedé tiesa, me encanta. Fue un momento en el que yo estaba fuera de España, estaba en Tailandia, me lo dijeron y con todo el caos del cambio horario era como que no entendía el premio y cuando lo entendí me sentí tan honrada, no paraba de sonreír. Al final es un premio a una trayectoria en la que confían. Algo que se siente con mucha presión pero también como un voto de confianza enorme de parte de TU CIUDAD.
Que el festival de Málaga haga este ejercicio de reconocer el cine malagueño, a las figuras locales, su talento, me parece súper importante. Sentía que me había hecho un hueco en un lugar que me parece precioso.
¿Qué le dirías a esa Ana que de pequeña miraba el festival con ilusión por formar parte de ello algún día?
Yo siempre he tenido claro que me quería dedicar al cine, desde pequeñita. Sabía que quería ser directora, hubo hasta un año que me disfracé de directora (procede a enseñar la foto y no puede ser más icónica). Y también tenía muy claro que quería contar historias. Yo iba al cine y no paraba de pensar «quién habrá escrito esto, yo quiero crear cosas, quiero que la gente salga igual de removida«. Me interesaba mucho por la figuras técnicas que habían hecho posible una película al completo.
Pero es verdad que hay una cosa femenina que es que a las niñas pequeñas que dicen que quieren dedicarse al cine les contestan, «ah tú quieres ser actriz» y entonces me obsesioné con eso. Era lo más lógico para todo el mundo. Hasta que en bachiller un profesor me dijo «si lo que te mueve es escribir entonces escribe« y me di cuenta de que era realmente lo que quería hacer.
Es como que a esa Ana chiquitita que todo el roto era convencida para ser actriz y que no entendía la profesión de directora, porque el director es algo masculino y es un rol de poder y el poder está asociado a lo masculino entonces te toca ser la parte estética del cine…poder decirle que me han dado un premio, un reconocimiento por contar historias desde mi punto de vista, es que ni me lo creería.
Y en algunos instantes tengo que recordármelo porque a veces siento que voy lenta, que no hago nada. Pero me paro y me digo a mí misma todo lo que he hecho. Todo lo que hago, con mis cortos, escribiendo…Y me gusta pensar que esto son recompensas de mucho trabajo.
Es algo social entonces…
Es algo que nos han metido, de que tienes que hacer cosas todo el rato, de que no puedes parar. Que tienes que aprovechar cada minuto de tu vida y luego nos reconocemos muy poco nuestros logros porque pensamos que podemos hacer más. Y no bajamos a tierra. La biznaga me ha servido mucho para con eso, para bajar a tierra y decir, ostras estás haciendo muchas cosas que merecen reconocimiento.

Cine, danza, interpretación, música, teatro, teatro musical,…Con una formación y experiencia tan variada y a la vez tan rica ¿Cómo se entrelazan todos esos lenguajes para construir tu identidad artística y tu mirada sobre el escenario de este gran teatro del mundo que decía Calderón?
Es complicado. Es como que sientes que te repiten toda la vida, quien mucho abarca poco aprieta y pierdes valor por ello. Y yo lo veo como un error. Siempre me ha gustado nutrirme de todo y siento que saber de tantas disciplinas me ha dado herramientas para contar historias. Me puedo identificar más con el actor al que estoy dirigiendo, o entender más al director, directora que me está dirigiendo…Pero es verdad que a veces me siento un poco intrusa. Veo castings de teatro musical y me pregunto si es mi lugar. Y mi lugar puede ser el que yo quiero que sea. Intento luchar por pensar que se puede hacer de todo y abarcar distintos lugares.
Te encanta el humor negro, cualquiera que te conozca lo sabe ¿Cuando llegará el momento en el que podamos ver proyectos tuyos con este tono?
Ojalá pronto. Y que digas que te gustaría me encanta porque muchas veces las productoras dicen que la gente no quiere este humor, este contenido. Sin embargo el mayor éxito del momento es Torrente que es humor negro, es verdad que no es mi humor negro pero es la prueba de lo que estamos hablando.
Tratamos muchos traumas desde el humor y estamos constantemente abarcando cosas importantes desde lo banal porque no nos da tiempo a procesar todo lo que está pasando. Y yo estoy luchando para que esos proyectos salgan hacia delante y se abran las puertas para que podamos contar historias desde el humor.
“El talento no entiende de géneros pero las oportunidades si” son las palabras de Alauda Ruiz de Azúa tras ganar el Goya por Los Domingos ¿Qué opinas de esto?
Creo que se dan cada vez más oportunidades independientemente del género y eso me encanta y se ve pero también creo que estamos encasilladas en un lugar. Se nos exige ser moralmente correctas, se nos exige tener una ideología política muy recta. Se nos pide contar historias autorales, familiares, conectar con el público femenino a través de los problemas únicamente femeninos.
Las mujeres podemos hacer cualquier género y a mí me pasa que encuentro más trabas cuando digo que quiero escribir comedia. Hay un estigma con que las mujeres no somos graciosas, que el humor es sólo cosa de hombres, así como el terror o la ciencia ficción.
Entonces pienso que sigue habiendo un impedimento para contar según que historias. Al igual que hay hombres que ahora quieren hacer un cine más sensible, más familiar y tampoco se les permite.Y no encuentran su lugar porque es ahora nuestro lugar. El cine no va de géneros, va de contar historias. Y debería ser posible que todos pudiésemos contar todo tipo de historias. Y yo lo intento desde la comedia, al igual que tengo amigas que lo intentan desde el terror, desde el thriller psicológico…
Se nos pide que seamos sensibles, que seamos correctas. Muy feministas, bien colocadas, de ideología perfecta. No puedes ser incorrecta como a lo mejor un hombre puede serlo en la comedia. Me gustaría poder hablar de cualquier cosa sin pudor.

Tú diriges desde la ternura, la amabilidad…¿Por qué son atributos que se asocian con lo débil? ¿Cómo podemos cambiarlo?
Porque se ve como débil si tienes una posición tierna. Me pasa que soy muy recta, muy decidida, tengo mucho carácter pero no soy agresiva en un set. No le impongo nada a nadie, siempre escucho, no soy cerrada. Al revés, pienso que cuanto más abierta, tierna y dulce sea con mi equipo irá todo mejor, me responderán mejor, haremos mejor piña y podremos trabajar para que salga la película porque la película es de todos.
Cuando trabajas con directores más agresivos, más distantes, desde un rol de poder no lo pasas bien y eso se refleja. Tenemos que defender esa ternura y defender que un set no sea un lugar hostil. Conozco tantos casos de personas que ya van a trabajar mal, pensando en cómo me van a hablar, qué me van a decir, me van a gritar…Si transformamos nuestro lugar de trabajo en un lugar de maltrato deja de tener sentido el arte. Dejas de tenerle amor a la profesión y lo ves como un trabajo técnico y no artístico.
Cinco películas que te definan como directora.
- Close de Lukas Dhont. Por cómo está contada, me ha marcado muchísimo.
- The Florida Proyect de Sean Baker. Súper sensible.
- Booksmart. Me lo pasé muy bien. Pienso que se puede ser más arriesgado con la comedia para mujeres y es muy buen ejemplo de como coger la historia de dos chicas y hacer una comedia. Muy divertida.
- La caza de Thomas Vinterberg. Porque siento que juega con la psicología del espectador. Y me gusta que el espectador se vaya pensando.
- Anora. Ha sido polémica pero me ha marcado mucho su narrativa. Siento que es una película en la que te sientes culpable porque te ríes de la situación, de lo que le pasa a ella.
Entonces esto es lo que me gustaría para con mis películas. Que te cambien y aunque haya humor, que al final sientas una especie de aprendizaje de cómo te has sentido. Como una feel good movie pero con enseñanza.

¿Por qué cuesta tanto levantar una película?
Muy buena pregunta. Buen dilema. Porque luego hay directores y directoras que no les cuesta nada. A mí siempre me ha costado mucho que los productores escuchen mis ideas. Creo que es un lenguaje muy de nuestra generación, cuesta confiar porque no hay demasiados ejemplos de éxito con este lenguaje y claro como productores sienten o tienen miedo a embarcarse en un fracaso.
Pero quiero pensar, quiero confiar en que hay productores sin ese miedo y que quieran apostar por estos lenguajes. A nivel financiación es una movida enorme, las ayudas…Es como el Monopoly que no se termina nunca. Ojalá empiece a ser más fácil todo.
Para terminar una pregunta con doble sentido. ¿Qué es lo próximo que tienes en mente y qué es lo próximo que te gustaría hacer?
Lo próximo es una serie. Acabo de terminar la post producción. La he dirigido pero no es mia, es una serie de encargo. Pero si que está mi visión como directora.
Y lo próximo que me gustaría hacer es poder levantar una película que llevo escribiendo desde 2021. Y que llevó detrás de ella desde que tengo 19. Creo que es el click perfecto entre humor negro, tragedia, generacional, lo banal que es todo para nosotros, hablar de temas importantes desde un punto moralmente incorrecto. Me apetece ser humana, me apetece ser incorrecta. Ser Fleabag. Me apetece ese tipo de cine. Que gente de nuestra edad se sienta y diga, estoy hecho mierda pero me estoy riendo.
“Quiero ser incorrecta”: Ana de Alva la cineasta que se disfrazó de directora.
Ya no llueve en la Plaza de Cascorro. Como si la ciudad quisiera marcar el ritmo de lo que estaba a punto de suceder pero que nunca ocurrió. Una entrevista que empieza, con conversaciones triviales sobre paraguas perdidos, acaba convirtiéndose en algo más íntimo: un viaje hacia el interior de una creadora que aún se está construyendo mientras ya está siendo reconocida.
Ana de Alva no habla desde la cima, sino desde el proceso. Desde ese lugar incómodo donde el talento convive con la duda, donde los premios pesan tanto como abrazan. Recibe reconocimientos —como quien recibe una carta que tarda en comprender— y, aun así, necesita recordarse a sí misma que todo lo que ha hecho es real. Que su historia ya está ocurriendo.
Hay una niña dentro de ella que quería contar historias cuando aún no sabía que eso también era un lugar posible. Una niña a la que le dijeron que sería actriz, porque el mundo no tenía otra casilla para ella. Y sin embargo, resistió. Escribió. Dirigió. Se inventó su propio sitio. Y se lo regalo a esa niña que se disfrazaba de directora.
Su discurso se mueve entre la ternura y la firmeza. Defiende un cine donde la amabilidad no sea sinónimo de debilidad, donde dirigir no implique imponer, donde crear no duela. Habla de sets como refugios, no como campos de batalla. De equipos como familia, no como jerarquía.
Pero también hay rabia. Una rabia tranquila. La de quien sabe que aún existen moldes: lo que una mujer “debe” contar, cómo debe hacerlo, qué tono le está permitido. Y ella quiere romperlo desde el humor negro, desde lo incómodo, desde lo incorrecto. Quiere que el espectador se ría… y luego se cuestione por qué lo ha hecho. Ana de Alva está en ese punto exacto en el que todo es posible pero nada es fácil. Donde levantar una película se siente como jugar una partida infinita de Monopoly. Donde las ideas necesitan algo más que talento: necesitan fe ajena. Y, aun así, insiste. Porque en el fondo, todo lo que quiere es eso que sintió de pequeña en una sala de cine: remover a alguien. Hacerle salir distinto. Aunque sea riéndose de algo que duele.
Te recomendamos nuestro canal de Youtube.
No te pierdas en nuestro Instagram las últimas entrevistas y fotografías de los eventos que cubrimos.
Para más sobre cine puedes visitar nuestra sección dedicada.
