Siempre que se puede, recomiendo ir a ver las películas con la menos información posible, para que nuestras expectativas contaminen lo menos posible la experiencia. Proyecto Salvación (o Project Hail Mary en original) era uno de esos filmes de los que, al ver la expectación que estaba levantando, decidí aislarme por completo.
Ni siquiera sabía que estaba dirigida por las mentes maestras de Phil Lord y Christopher Miller, que siguen construyendo paso a paso una filmografía con una personalidad y sello únicos. Únicamente iba con el concepto de ciencia ficción, viaje espacial y Ryan Gosling de protagonista. Y cómo me alegro de que haya sido así, porque si no, probablemente no habría caído en algo muy tonto, pero que me dejó pensando: hay muy pocas películas ambientadas en el espacio que se esfuercen por ser cálidas y agradables, en vez de frías y trascendentales.
Sí, Guardianes de la Galaxia y las últimas de Star Trek están ahí, pero se alejan del marco “realista” de las epopeyas espaciales apocalípticas. Proyecto Salvación, aunque a veces roza el exceso en su búsqueda de la complacencia y la sonrisa fácil, es una estupenda cinta de ciencia ficción, que conjuga a la perfección la razón con el corazón.
En el espacio también hay esperanza
La trama de Proyecto Salvación nos pone en la piel del profesor Grace (Ryan Gosling), que se verá envuelto en una misión suicida para salvar la Tierra de un cataclismo inminente: unos misteriosos puntos negros están robando la energía del sol, precipitando cambios climatológicos que desatarán el caos en el planeta. Su misión es descubrir la procedencia y la razón de ser de esos puntos negros. Proyecto Salvación no es tanto una historia de ciencia ficción como de conexión y humanidad.
Si bien la película comienza con un protagonista amnésico, lo cierto es que no es algo que determine durante demasiado tiempo el devenir de los acontecimientos; no tardaremos mucho en ver la divertida, aunque retraída, personalidad de Grace. Sin embargo, desde el principio nos pone muy fácil a los espectadores que conectemos con él.

El misterio que atrapa
El viaje que plantea Proyecto Salvación está motivado en sus primeros compases, casi exclusivamente, por su interesante punto de partida. El misterio que plantea te atrapa desde sus primeros instantes. De hecho, es tan bueno que, hasta bien avanzada la trama, te impide disfrutar al máximo de la película. El motivo es que Proyecto Salvación, en realidad, no es tanto una historia de ciencia ficción pura como de alguien que debe aprender a conectar. Conectar consigo mismo; con quién es, quién ha sido y quién quiere ser, incluso aunque su destino parezca hacerlo irrelevante.
Proyecto Salvación se pierde tan a menudo en la cotidiano de la vida de Grace en la nave, así como en la posterior investigación, que se olvida de entregarnos respuestas hasta casi el final de sus mas de dos horas y media de metraje. Una vez más, posiblemente esta disonancia parte de un prejuicio previo, que es la necesidad no escrita de que este tipo de películas pongan más foco en su planteamiento y su ambientación por encima de sus personajes.

Más allá de lo que conocemos…
Al final, por simple referentes generacionales, cuando vemos una película con esta ambientación es muy difícil no retrotraernos a la Interstellar de Nolan o a La Llegada de Villeneuve. Más allá de la percepción que podamos tener de ellas, hay un apartado que ambas bordaron, y que fue fundamental para que se hayan quedado establecidas como pilares de la ciencia ficción moderna: porque, además de equiparar la importancia de sus personajes a la de su trama (aunque siempre desde un punto de vista muy dramático), no olvidaban que el espacio y sus misterios deben siempre ir más allá de lo que conocemos; es ahí donde radica su magia y su fascinación. Por eso huían de las típicas imágenes de alienígenas antropomórficos, y establecían planetas y especies con reglas que nos eran tan ajenas como a sus protagonistas.
Esa faceta tan interesante de ambas también la encontramos en Proyecto Salvación, y es algo que da mucha fuerza a la película. Aquí se le da también una importancia capital a los sentimientos del protagonista, y no sin cierto drama; sin embargo, el tono que envuelve a todo el film es uno brillante y esperanzador. A ello también ayuda el evocador trabajo de fotografía que muestra el film.
Proyecto Salvación. Conexión por encima de propósito.
Frecuentemente, Proyecto Salvación plantea imágenes en las que no le importa detenerse y dilatar su metraje; son escenas en las que, a través del uso que hace de la luz y sus efectos (algo también muy coherente con el trasfondo de la película), se consigue una atmósfera muy particular, que conecta sorprendentemente bien con la trama. Su familiar banda sonora, con temas muy reconocibles por todos, también ayuda.
Proyecto Salvación tiene más de experimento de lo que pudiera parecer. Podéis acercaros a ella como amantes de las epopeyas espaciales, y no saldréis decepcionados. Aún así, si queréis tener la experiencia completa, abriros a que Proyecto Salvación os sorprenda conectando con su(s) protagonista(s), pues el corazón de la película reside ahí: Proyecto Salvación ansía hablar de conexión más que de propósito, y eso la convierte en una de las cintas más humanas del género que he visto.
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