Entre esta nueva ola de películas con la inteligencia artificial como villano de tendencias llegó la primera parte de Megan en 2022. Pese a tener una comparativa muy clara con iconos como Chucky, lo cierto es que aquella película sorprendió para bien. Una cinta que Blumhouse podía incluir entre sus aciertos, con un terror tenso y cibernético y una figura fácil de añadir a la cultura popular. Por ello es sorprendente el giro que sus responsables han dado a su secuela, recién estrenada en cines. Megan 2.0 abandona el terror con suspense y humor de los mejores productos de BH para abrazar la acción ochentera de serie B informática. Un giro entretenido pero hasta cierto punto desconcertante.
Megan 2.0 – La consolidación de un nuevo icono
Con una introducción que nos sitúa tiempo después del final de la primera película, nos enteramos de que Megan ya no es la mayor amenaza. Un nuevo robot llamado Amelia, inspirado en la tecnología que dio vida a aquella, comienza a perder el control hasta convertirse en un peligro para Gemma y su sobrina Cady, que vuelven en esta entrega tratando de hacer malabarismos entre una vida diferente y seguir persiguiendo sus sueños. ¿Quién puede librarlas del peligro? Pues eso, no había otra robot disponible.
Teniendo en cuenta que Gerard Johnstone continúa como director y guionista y James Wan como productor, resulta extraño el cambio de tono tan radical que se puede observar entre ambas entregas. Mientras Megan destacaba por mantenerte pegado a la pantalla esperando los ataques de la IA, Megan 2.0 abraza la acción desenfrenada en pos del entretenimiento. En detrimento del terror y el suspense que nos deleitaron inicialmente, casi inexistentes en esta entrega, obtenemos una incómoda y rara redención.
La muñeca asesina se convierte así en una antiheroína que tiene que acabar con su nueva némesis para proteger a quienes se deshicieron de ella previamente. Un salto difícil de entender que no termina de encajar del todo como argumento pero que consolida a Megan como una futura figura del cine pulp más reciente. En este caso, una Terminator femenina que juega a infiltrarse y a espiar para cumplir misiones propias de los Spy kids.
Un guion que hace aguas
Si bien se consigue una diversión aceptable con escenas de acción firmemente rodadas y coreografías bien ejecutadas, el guion languidece y se apresura frente al ritmo lento pero hipnótico que te atrapaba en el primer film. A consecuencia de lo visto en aquel, no termina de entenderse la forma de actuar y la actitud de los personajes, que se pasean junto a su enemiga mortal convertida en salvadora como si nada hubiera pasado. Por no hablar de que, pese a frases graciosas en momentos puntuales, el conjunto de las situaciones recuerda a películas de poco presupuesto y menos ínsulas, con los protagonistas dando bandazos de personalidad a cada instante.
En consecuencia, Megan 2.0 es una película con buenos efectos especiales, más palomitera que la primera para pasar un rato entretenido y curioso. Lo que no quiere decir que sea mejor que su predecesora, de la que difiere en su tono, intenciones y género más de lo que pudiera parecer. Los que vayan sin pretensiones y busquen entretenimiento ligero la disfrutarán. Pero si buscáis un terror artificial y el suspense de la anterior entrega, no os hagáis ilusiones. Megan hace lo que quiere, y por ello ya se codea con Chucky y sus iguales.
