De vez en cuando, me gusta hacer un ejercicio de desconexión forzosa a la hora de afrontar la crítica de una película; sin trailers y sin sinopsis detalladas, únicamente las ganas de dejarme sorprender. No sabéis lo que agradezco haber podido hacerlo con un filme tan sorprendente como Marty Supreme. Y es que, ¿quién iba a pensar que una película sobre un campeón de ping-pong podría ser tan estimulante?
Desde unos títulos de crédito que empiezan con una eyaculación al ritmo de Forever Young (espermatozoides en pantalla mediante), Timothée Chalamet nos regala la que probablemente sea la mejor interpretación de su carrera dando vida al despreciable Marty Mouser. Divertida, sorprendente y con una gran dosis de mala leche, Marty Supreme constituye sin duda una de las mejores películas de la temporada. Mi recomendación: id a verla sin informaros más. No os arrepentiréis.
UNA EXPERIENCIA AGOTADORA
Marty Supreme comienza con un Mauser que no oculta su narcisismo, plenamente consciente de su enorme talento como jugador de ping-pong. Está tan convencido de que puede ser el mejor jugador del mundo, que es incapaz de comportarse como un ser humano funcional: utiliza todo y a todos los de su alrededor para su conveniencia con tal de alcanzar sus propósitos. Hay quien podría decir que esta tenacidad es digna de elogio (no en vano, delinquir no le supone un conflicto, sino una opción más), pero el personaje que interpreta Chalamet es total y absolutamente deleznable.
El Marty Mouser que vemos en pantalla, con muchos hechos biográficos de la vida del jugador conocido como Reisner, es un buscavidas y un embaucador; encantador, magnético, elocuente y, por supuesto, con una moral extremadamente laxa.
Si bien el inicio y el final del metraje puede identificarse con el cine deportivo más clásico, con un fuerte foco en el propio deporte, la rivalidad con el contendiente japonés y con un enérgico rodaje de los partidos (no es la Rivales de Guadagnino, pero consigue captar la emoción de los intercambios del tenis de mesa), la mayor parte de la película estamos ante una tragicomedia repleta de engaños y embustes.
El personaje de Mauser solo vive, actúa y engaña para conseguir su objetivo, y la propia forma en la que está rodada la película transmite esa ansiedad. Marty Supreme es una experiencia tan satisfactoria como agotadora; durante sus más de dos horas de duración no deja de subir el ritmo de forma constante. Si Marty Mouser no descansa, el espectador tampoco lo hará; no en vano el personaje, que se identifica como la peor pesadilla de Hitler, sabe transitar con fluidez entre chistes inadecuados y momentos de absoluto patetismo.
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INTENSIDAD Y CAOS SIN MIEDO
La cámara está en constante movimiento, la música siempre acompaña esa intensidad y el filme no tiene miedo de lanzar numerosas situaciones de total y absoluto caos con múltiples personajes chillándose. No te suelta en ningún momento, pero una vez entras en su propuesta, es imposible no sentirse fascinado (o asqueado, según la situación); la forma en la que Marty Supreme secuestra tu atención, incluso con un protagonista con el que debería ser imposible conectar, me recuerda mucho a la intensidad de propuestas como Babylon de Damien Chazelle.
Marty Supreme, desde sus primeros minutos, no oculta su intención de ser una película incómoda y provocadora. Si no fuera por la espectacular actuación de Chalamet, sería muy
complicado edificar una película en torno a un personaje tan abiertamente problemático y desagradable como Mauser. Por fortuna, el intérprete lo ha dado todo en el papel, incluido a nivel físico; ha estado más de 6 años entrenando sus habilidades con la pala, y ha podido rodar él mismo muchos de los puntos que vemos en pantalla. De hecho, circulan divertidos rumores que afirman que llevaba su propio material a los rodajes de Dune para seguir practicando.
RETRATO DE UNA OBSESIÓN
Es uno de esos fabulosos casos en los que el personaje se mimetiza al completo con el actor, hasta el punto de que las malas lenguas podrían decir que hay un poco del propio Chalamet (de su versión más polémica y vividora) en las reacciones y gestos de Mauser.
Esa habilidad con la pala sirve para sostener el discurso de ego del protagonista, así como, hasta cierto punto, justificar esa obsesión, pero todo desde un punto de vista mucho más crudo y alocado que ejercicios como Whiplash (también de Chazelle). No hay un viaje del héroe, ni siquiera una mínima evolución que no pase por acariciar su obsesión: Mauser solo es un niño caprichoso con la habilidad de un deportista de talla mundial, el encanto de un presentador de televisión y la falta de escrúpulos de un psicópata.

ANSIEDAD Y OBSESIÓN
La película está absolutamente comprometida con reflejar la ansiedad y la obsesión de Mauser, pero también una de las frases con las que se define a sí mismo: es quien es debido a sus decisiones, y todas le han llevado donde está. No hay acción del protagonista que quede sin su correspondiente respuesta universal; más tarde o más temprano, todo confluye para, efectivamente, elaborar una línea de puntos muy sencilla de leer y seguir.
Aunque es cierto que en ocasiones algunos de los puntos del camino puedan parecer innecesariamente rebuscado, no hay una sola escena en la que no sea increíblemente disfrutable ver a Chalamet buscando sobrevivir un día más. El resto del reparto también está soberbio a la hora de bailar al son de su perturbado protagonista, especialmente Odessa A’zion y su viaje a la locura.
Marty Supreme es una sorpresa divertida, intensa y canalla que nadie debería perderse y, sobre todo, una película que ver sin opiniones preconcebidas. Recomendada para aquellos que busquen una experiencia intensa y que vayan con ganas de sorprenderse.
MARTY SUPREME llega el 30 de enero a nuestros cines.
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