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Maleficio (La regla de Osha). Una verdadera maldición… para el espectador

El cine de terror nacional ha experimentado una extraña transformación en los últimos años, donde a veces han ido surgiendo joyas como Cerdita de Carlota Pereda, 13 Exorcismos de Jacobo Martínez, Voces de Ángel Gómez Hernández o Verónica de Paco Plaza. Maleficio (La regla de Osha), la nueva película de Ángel González, se erige como un ejemplo paradigmático de una tendencia decadente, ofreciendo un espectáculo insulso que no solo decepciona por su pobre ejecución técnica, sino por su incapacidad para crear una narrativa terrorífica.

Una propuesta fallida 

Maleficio

La premisa de Maleficio podría haber resultado interesante sobre el papel: un joven pandillero llamado Kevin debe someterse a un ritual de santería para ascender en su banda, desatando así una maldición que amenaza tanto a él como a su hermana pequeña Ana. Sin embargo, lo que en manos competentes podría haberse convertido en una reflexión inquietante sobre la marginalidad urbana y las creencias sobrenaturales, se transforma en González en un desastroso pastiche que mezcla elementos dispares.

Para entender la mediocridad de la cinta, resulta inevitable establecer comparaciones con otras producciones recientes del terror español que han demostrado una similar falta de ambición. Venus, de Jaume Balagueró, se presenta como el ejemplo más claro de esta decadencia. A pesar de contar con un director de prestigio y una protagonista reconocible como Ester Expósito, Venus resultó ser un desastre que solo se salvaba cuando Balagueró quería rendir homenaje a H.P. Lovecraft.

 

Defectos técnicos y narrativos imperdonables

Maleficio adolece de problemas fundamentales que la convierten en una experiencia frustrante y aburrida. En primer lugar, la construcción del terror es perezosa. El desarrollo de los personajes resulta igualmente deficiente y allá donde el guion podría haber jugado muy bien con los personajes, no lo hace, los encorseta. Esta falta de profundidad impide cualquier conexión emocional con el público, convirtiendo los momentos de supuesto terror en secuencias predecibles. Blas Polidori, que encarnó maravillosamente bien a Coco en La Sociedad de la Nieve de Bayona, aquí no puede hacer un papel en condiciones, culpa de un libreto infumable.

Maleficio sufre además de graves limitaciones técnicas que delatan su bajo presupuesto y la inexperiencia de su González.

Un final decepcionante aunque algo entretenido

Aunque previsible e insatisfactorio, el final de Maleficio al menos da algo más de lo esperado, tiene la dosis suficiente de sangre para estas propuestas y al menos logra que la película no caiga con todo.

Y aun así, Maleficio (la regla de Osha) representa todo lo que no debe ser una película de terror: una propuesta confusa, mal ejecutada y profundamente aburrida. No obstante, quizá funcione en una de esas tardes de Halloween para ir al cine con amigos que no sean muy puristas y echarse unas risas (perdón, unos sustos) de la manera más sana.

Para los amantes del género, este año ha sido genial con estrenos como Devuélvemela de los Phillipou o Weapons de Zach Gregger, que confirman que puede haber grandes propuestas y ejecutarlas excelentemente. No es el caso.

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Christian Nieto Tavira

Amante de los cómics y del arte en general. Adora tanto Marvel como DC. Escribe también poesía y ha publicado algún que otro libro.

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