• Mié. Jul 29th, 2026

Los Tortuga: el dolor y la lucha que se esconde tras el caparazón

No existe una manera correcta de afrontar un duelo, cada persona lo vive de una manera diferente. Mientras algunos saben exteriorizarlo y llorar la pérdida, otros prefieren esconderlo bajo una coraza para seguir luchando por sobrevivir, algo que Belén Funes ha sabido plasmar a la perfección con Los Tortuga, una película de drama social que mezcla el dolor por la pérdida de un ser querido y una clara denuncia a las injusticias sociales. Estrenada previamente en el Festival de Toronto de 2024, Los Tortuga llegará oficialmente a la gran pantalla el próximo 23 de mayo.

Sinopsis

Tras la muerte de Julián, su mujer Delia, emigrante chilena que trabaja como taxista y su hija Anabel de 18 años, deben enfrentarse a una vida sin él, pero cada una vive el duelo de una manera diferente. Entre Barcelona y Jaén, una amenaza de desahucio pondrá en juego su frágil economía, sus sueños y su futuro.

El nacimiento de Los Tortuga

Tal y como se cuenta al principio de la película, el apodo de Los Tortuga nació para referirse a la oleada de emigrantes procedentes de Jaén que se mudaron a Cataluña en busca de una vida mejor durante las décadas de los 50, 60 y 70. La mayoría de ellos se asentaron en localidades de Barcelona como L’Hospitalet de Llobregat, Cornellà, Badalona o Santa Coloma y recibieron ese apodo porque viajaban con frecuencia entre Jaén y Barcelona con las maletas y el resto del equipaje a cuestas.

Este término se popularizó, y aunque algunos lo recuerdan con cariño, es cierto que también fue símbolo de la discriminación, los prejuicios y las dificultades de adaptación que sufrieron estos migrantes que contribuyeron al crecimiento económico y urbano de Cataluña.

Una muerte y dos duelos diferentes

Sin duda, lo primero que me gustaría destacar es el perfecto equilibrio que ha encontrado Belén Funes para plasmar dos maneras diferentes de sobrellevar un mismo duelo. Mientras Anabel es capaz de exteriorizar su dolor y llorar la muerte de su padre junto a su familia paterna, Delia decide esconder ese dolor bajo la alfombra para intentar seguir con su vida como si no hubiera pasado nada. Ni siquiera es capaz de verbalizar ni contárselo a su familia chilena.

Elvira Lara

Me parece un acierto la elección de mostrar estas dos maneras de vivir un mismo duelo, ya que es el fiel retrato de una sociedad en la que todavía tratamos el duelo de una manera tabú, como algo que debemos superar rápido de cara a la galería para volver a la normalidad lo antes posible, cuando la realidad es que una pérdida nunca se supera, simplemente aprendes a vivir con ella lo mejor que puedes.

Denuncia social al tema de la vivienda

Además de tener que aprender a vivir con la pérdida del padre de familia, Delia y Anabel también se enfrentan al desahucio de su edificio tras haber sido adquirido por un fondo buitre. A raíz de este suceso, vemos a una madre y una hija intentando aguantar lo máximo posible en su vivienda mientras tratan de encontrar un nuevo hogar, enseñando las dificultades que eso conlleva debido a su situación laboral y económica, lo que lleva a Anabel a sacrificar su carrera para poder trabajar y a Delia a realizar horas extra nocturnas a pesar de los peligros a los que se ve expuesta. Belén Funes y las propias actrices han sido capaces de retratar con maestría una cruda realidad que invita a la reflexión y con la que por desgracia miles de personas pueden sentirse identificadas.

El maravilloso trabajo de las protagonistas y el reparto

Una buena historia cargada de sucesos tan dramáticos y profundos no se puede contar correctamente sin la ayuda de unas intérpretes que sepan transmitir bien esos sentimientos. Tanto Antonia Zegers como Elvira Lara han hecho un trabajo extraordinario, construyendo unos personajes reales y un vínculo madre e hija que, a pesar de las dificultades y los choques que tienen, permanecen unidas ante las adversidades y las superan juntas. Ambas realizan una actuación honesta y sin artificios que te hacen conectar y empatizar al instante.

Además de las actrices principales, el resto del reparto también han hecho un gran trabajo. Gracias a la presencia de los personajes secundarios, como la familia paterna, la vecina y su hija o los compañeros de trabajo de Delia, la historia gana una mayor riqueza, aportando matices y diferentes puntos de vista que refuerzan la verosimilitud de la trama.

Conclusión

Belén Funes ha logrado construir una historia realista que pellizca el corazón con ayuda de unas actrices que consiguen sumergirte en la trama desde el primer momento, gracias a una interpretación natural con la que logran que conectes emocionalmente. Los Tortuga es una película que cuenta parte de la historia de los migrantes de nuestro país, el proceso de un duelo bajo diferentes puntos de vista y la denuncia social ante la especulación inmobiliaria y los desalojos que afectan a los colectivos más vulnerables. Una bomba narrativa que remueve conciencias y cala tan hondo que resulta imposible no llorar en algún momento.

ENTREVISTAS CON LA DIRECTORA Y LAS PROTAGONISTAS

Elvira Lara y Mamen Camacho

¿Cómo habéis logrado construir un vínculo tía sobrina tan fuerte como el que transmitís en la pantalla?

Elvira Lara: Lo construimos a base de ensayos, un proceso largo y necesario. Quizá también para llevar a la película una carga emocional que se pueda explotar después y se pueda jugar. Trabajamos con improvisaciones, estudio de personaje. Saber que les conectaba y como influye en su relación. 

Mamen Camacho: Fue muy guay porque yo no las conocía de nada y se estableció una relación casi familiar. Con cercanía y seguridad para lanzarnos a cien mil piscinas. 

¿Hubo alguna escena que os removiera de manera especial?

Elvira Lara: Yo la escena como más emocional, es en la que estoy en el coche y me encuentro el jersey de Julián. Me pasó lo mismo, no podía parar de llorar y Belén (Funes) quería más contención. 

Mamen Camacho: la escena de la conversación con Antonia. Terminé llorando como si no hubiera un mañana. Me decía Belén (Funes) que me contuviera y yo no podía. Sentía que la perdía, que eso no podía ocurrir. 

¿Cual ha sido vuestro mayor desafío?

Elvira Lara: Para mí el desafío más grande era rodar con gente que no había conocido a mi padre. Me costaba por el hecho de que en ese momento vital necesitaba que la gente supiera quien era mi padre. 

Mamen Camacho: Me pareció muy especial que grabamos con personas que trabajan en el campo. Y había que hacer escenas especialmente duras. Era una forma de trabajar muy especial. La cámara iba encontrando los momentos que surgían. 

¿Creéis que socialmente sabemos acompañar el duelo o todavía lo vivimos como algo que debe esconderse?

Elvira Lara: Por eso existen estos dos personajes, porque son dos generaciones que se ven claramente. Está Delia que lo trata más como un tema tabú y Ana que es una persona más de la generación de cristal pero que es fuerte, valiente y que afronta sus sentimientos. 

Mamen Camacho: Ha habido una época que parecía que no se podía hablar de sentimientos. Estaban vetados. Ahora creo que hay toda una ola de meternos más, de hablar de lo que nos pasa. Es la diferencia generacional entre ambos personajes. Al final son temas muy sanadores. 

¿Qué reflexión esperas que se lleve el público del cine?

Mamen Camacho: esta película reconforta al hablar de temas tan grandes pero de manera tan delicada. Te muestra sin contemplaciones la vida dura de la ciudad, del campo, de la realidad de un duelo. En el quebranto está este mensaje. 

Elvira Lara: Es una película que habla de la empatía y de la apatía. Y de como esta puede solucionarse o no y no pasa nada. De tener más presente a las madres. No es sólo tu madre, es una mujer como tú que también necesita su tiempo y su espacio. 

 Belén Funes (directora)

¿Cómo nació la idea de mezclar la historia de «Los Tortuga» con una historia de duelo y la injusticia social por el tema de la vivienda?

Yo quise hacer como una historia dividida entre Jaén y Barcelona porque es una película que se parece mucho a mí. Mi familia es de Jaén pero yo nací en Barcelona, he estado entre los dos territorios. Creo mucho en lo de buscarte a ti misma en las películas y creo que es una forma de hacer cine interesante. Por otro lado estábamos en un momento de duelo, en ese momento,  tanto el guionista como yo y decidimos que queríamos hacer una película sobre eso. Teníamos ganas de preguntarnos si es cierto que el duelo es igual para todo el mundo. Añadiendo además dos personajes con precariedad y como esta les influye a la hora de afrontar ciertas actitudes. Compartiendo la fragilidad para curarse.

¿Cómo lograste equilibrar todas esas temáticas?

Ha sido mucho trabajo de escritura. Hemos necesitado cinco años para hacer este guión. Tiene un andamiaje de escritura potente en el que hay que medir mucho las fuerzas. Buscando ese equilibrio entre el contar que estamos todos rodeados de un montón de elementos que nos condicionan pero sin que eso cayera en una especulación moral. 

¿Sientes que el cine tiene la responsabilidad especial de visibilizar este tipo de injusticias?

El cine puede ser una herramienta para contar este tipo de historias pero no tiene que ser. Necesitamos películas familiares, de entretenimiento…Lo que no necesitamos son argumentos de ultraderecha. Necesitamos películas que nos construyan y que nos hagan hacernos preguntas. Puede ser una herramienta para contar el presente de un país. 

¿Crees que «Los Tortuga» puede aportar una mirada diferente sobre el duelo en comparación con otras producciones?

Lo primero que cuestiona si los viajes migratorios llegan alguna vez a algún sitio. Si encontramos ese Dorado que siempre imaginó. O si estamos destinados a caminar eternamente. Luego creo que la película pone en cuestión que sucede cuando alguien muere y como esta muerte se asume dependiendo de quien seas. Sobre todo porque parece que la clase no es nada cuando lo es todo. 

¿Crees que socialmente sabemos acompañar el duelo o todavía lo vivimos como algo que debe esconderse?

No se habla tanto del acompañante. Somos mejores acompañantes que protagonistas del duelo. Yo he recibido una educación en la que lo importante es ser fuerte y seguir hacia delante. Pero creo que hay una nueva generación que están cansados de esto y asumen que la fortaleza es ponerte delante de alguien y contarle que estás mal. Que se pueden hacer procesos de intimidad en colectividad. 

¿Qué reflexión esperas que se lleve el público del cine?

Supongo que tendrá que ver con pensar si viste en algún momento a tu madre mal y no supiste preguntar. O ella no supo contar. Si deberías haber hecho algo más. La pregunta que puede disparar es esa. Que he hecho yo o cómo he recibido el dolor de alguien. 

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Estefania Barra

Actriz y periodista. Adicta al cine, a las series, a los libros y al café.

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