• Mar. Jul 28th, 2026

Los tonos mayores: cuando un coming of age entrañable roza el realismo mágico.

Los tonos mayores. Esta coproducción entre Argentina y España producida por 36 Caballos comenzó su carrera con el estreno en el Festival de Cine de Mar de Plata, pasando posteriormente por la sección Generation de la Berlinale y por el Festival de Málaga, donde fue galardonada con la Biznaga Plata a Mejor Interpretación Femenina, para Sofía Clausen y a Mejor Película Iberoamericana. No es para menos, pues la primera película de la cineasta argentina deja un buen sabor de boca al espectador, con una protagonista formidable que traspasa la pantalla.

¡Qué maravilla el género del realismo mágico! Una corriente que se erige como un puente entre lo tangible y lo etéreo, lo cotidiano y lo fantástico. Una extensión de la realidad que cuando se percibe nos hace dudar de lo que es posible y lo que no. Esa integración de elementos mágicos que nos muestran que la vida está llena de misterios, posibilidades y maravillas que pasan desapercibidas.

SINOPSIS

Durante las vacaciones de invierno, Ana —Sofía Clausen—, una niña de catorce años, descubre algo sorprendente. La placa de metal en su brazo, colocada tras un accidente en su infancia, comienza a transmitirle un misterioso mensaje en código morse. Las diferentes interpretaciones de los tonos mediante el uso de la música, junto a su amiga pianista llamada Lepa, y el código morse, identificado por un joven militar —un personaje realmente curioso—, la conducirán por un camino que le mostrará que no hay más remedio que madurar en esta vida.

La directora argentina, Ingrid Pokropek, en la entrevista con Team Up, nos habla sobre la sutil inmersión de su ópera prima, Los tonos mayores, en este magnífico género: “me interesaba hacer convivir un elemento fantástico con una escenografía particular y específica, me gusta cuando lo fantástico ingresa en un terreno realista. Me gusta mucho más eso que cuando todo el mundo es artificial y está enrarecido. Había algo de esa aventura y ese desafío que precisaba de cierta creencia en la magia, que está un poco más habilitada en una niña, permitiendo esa confianza en lo fantástico”.

De niña a adulta

Un coming of age, sobre ese paso de la niñez a la adolescencia que no se produce en el mismo momento o a la misma edad en diferentes personas. Su amiga Lepa pronto dejará de perder el tiempo en cosas de niños para mirarse en los espejos que le presente la vida. La placa de metal que lleva años en el brazo de Ana, tiene que sustituirse. Pistas que deposita la guionista y directora Ingrid Pokropek para construir una historia detallada y con solidez, simple pero compleja.

El espectador que haya sufrido como Ana, ese tardío paso, sentirá de nuevo esa sensación indescriptible de soledad que nos comenta Ingrid: “cierta sensación de crisis que uno tiene a cierta edad, donde sus amigos tal vez maduran más rápido y todavía no entiendes muy bien si realmente quieres pasar a un nuevo estado de adultez o quieres seguir siendo un niño, cosa que no es una decisión. El personaje atraviesa un duelo y creo que la película se trata de aceptar aquello que uno no puede modificar, pero, sin embargo, disfrutar el camino, encontrar aquellos aspectos de belleza y particularidad que hay en él”.

La película argentina “Los tonos mayores”, de Ingrid Pokropek, competirá en  el Festival de Berlín - Infobae

Enigmática

El enigma, en forma de mensaje en código morse, es lo de menos en este film, es la excusa perfecta para guiarnos e intrigarnos en un relato tan cotidiano, que si no llega a contar con ese elemento tal vez no captaría la atención del público: “no importa tanto la respuesta a ese enigma sino aquello que ella descubre a lo largo de esa aventura que vive tratando de responder ese enigma. La búsqueda de esa respuesta es la búsqueda de todas las respuestas a lo que le está pasando”. Sin duda, resulta un acierto restar importancia a ese enigma para destacar lo verdaderamente importante: el desarrollo humano.

Compleja

La complejidad de este tipo de películas, en las que se juega a dilatar el tiempo, es contar con una actuación que atraviese la pantalla y llene la mente del espectador con preguntas acerca de las inquietudes del personaje. Sofía Clausen, en su debut como actriz, enseña el poder de la mirada en el cine, registro en el que hizo hincapié la directora en el trabajo de dirección de actrices que realizó, dejándonos entrever un curioso detalle en el proceso de producción:

“hubo mucho trabajo previo al rodaje, que tuvo seis etapas a lo largo de un año, dejándonos trabajar entre etapas. Por un lado, ganamos mucha confianza y nos hicimos muy amigas, algo que fue muy importante. Por otro lado, tuve un aliado muy importante, el director de cine argentino Martín Shanly, que además de darme una mano en los ensayos, en algunas jornadas de rodaje, donde había muchas exigencias en la dirección, él estaba muy presente para profundizar con los actores y el elenco infantil las cosas que habíamos trabajado en los ensayos. Pero, sobre todo, lo que más trabajamos con Sofía fue la mirada, porque es un personaje que narra mucho desde los ojos y me doy cuenta como en la película se nota ese crecimiento en la narración de la mirada, desde la primera escena que grabamos hasta la escena del restaurante, una secuencia muy importante a la que llegamos ambas con mucha más experiencia”.

Verdad en los actores

Qué difícil es ver, últimamente, la verdad en los actores, pues no hay nada peor que salirte de una historia por un error técnico o interpretativo. Pero Ingrid y Sofía consiguen no sacarte, mediante algo tan sencillo y a la vez tan complejo como una profunda mirada.

Una mirada hacia la ciudad de La Plata, capital de Buenos Aires, lugar donde sucede la historia, y la directora no duda en mostrárnosla: “me gusta el realismo en el cine, ver una ciudad, atravesarla, tenía muchas ganas de filmar mi ciudad”. Como futuro cineasta, que ama su ciudad —Sevilla—, siento una tremenda envidia sana, pues hay pocas cosas más bellas que filmar los lugares más recónditos de tu ciudad, rincones donde has leído, has escuchado música, has paseado junto a un amor, has sentido paz, has vivido una historia.

Los tonos mayores", de Ingrid Pokropek, en competencia en el Festival de  Jeonju, que comienza el 1 de mayo - GPS Audiovisual

Los tonos mayores: el cine como arte propio

Pero vamos directamente a lo que concierne al cine como arte propio, como Robert Bresson diría: el cinematógrafo. Aquel arte que se nutre solamente de sus propios medios, alejándose de otros como la literatura o el teatro. Observamos planos estáticos que dejan reposar la interpretación y al espectador, transiciones que nos hacen fluir de secuencia en secuencia, al más puro estilo Berlanga, mediante similitud de encuadre o por iluminación.

Elementos puntuales que en lo personal se agradecen y que muestran un estilo que se va construyendo: “son decisiones que ya vinimos trabajando con el montador, Miguel de Zuviría, en mis cortos anteriores como por ejemplo El chico eléctrico, donde ya habíamos explorado este tipo de transiciones entre escena y escena mediante la luz o juegos con el encuadre, aunque algunos de ellos fueron descubiertos directamente en montaje, otros ya fueron estipulados desde guion”.

Los tonos mayores: cuando un coming of age entrañable roza el realismo mágico.

Sin duda, Los tonos mayores, esta ópera prima es curiosa, dejándonos detalles de todo tipo, entre ellos un personaje que parece antinatural o gratuito, pero obtiene un resultado positivo: el joven militar. Una cuchara golpeando un vaso a un ritmo determinado llama su atención en medio de una ruidosa cafetería, quien si no un militar podría fijarse:

“para mí ese personaje me trajo mucho desvelo. En principio, la idea de que fuera un soldado tenía que ver con que fuera posible que un joven supiera morse, sin que fuera un personaje excéntrico, una especie de nerd, sino que fuera algo cotidiano. La idea me gustaba por ser un personaje muy diferente al personaje de Ana y a su entorno, sobre todo porque en Argentina los jóvenes que estudian para ser militar en Buenos Aires vienen de otras provincias. Aunque me generaba mucho conflicto que cayera muy mal en Argentina, al ser un país en el que la figura de los militares es aterradora y siniestra, vinculada con un pasado muy oscuro”.

Un tipo simpático que tiene un encanto natural. Empieza la carrera en el mundo de los largometrajes de Ingrid Pokropek como directora y de Sofía Clausen como actriz, trayectoria de la que sin duda estaré al tanto, para comprobar si ese estilo perdura o nos movemos por otras dimensiones de este fantástico arte que para algunos es la mejor herramienta para expresarse como artistas. El cine, o el cinematógrafo, siempre ha de ser cuestionado para evolucionar.

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