Es siempre de agradecer que Italia, con una de las filmografías más variadas de Europa, vuelva por sus fueros en el género de terror. De vez en cuando vuelves a descubrir que el miedo, el dolor y aquello que nos inquieta en nuestra vida y mente es universal. Da igual que te sitúes en España, Argentina o Estados Unidos. Todos deseamos no sufrir ni tener dolor pero, ¿es realmente sano y conveniente no pasarlo mal? ¿O puede convertirse en un mal peor que el que quieres evitar? La cinta La valle dei sorrisi, traducida como La sonrisa del mal, llega a nuestra cartelera para hacerte pensar sobre ello. Una atmósfera rural opresiva que te mantendrá en vilo y con sentimientos encontrados hacia su joven protagonista.
‘La sonrisa del mal’ esclavizada por el bien de algunos
La película se enmarca en el subgénero folk horror religioso y rural en el que prima la necesidad humana de encontrar una conexión divina sanadora. Remis es un pequeño pueblo enclavado en un valle aislado en las montañas en el que sus habitantes son excepcionalmente felices. Destinado allí por trabajo, un profesor de educación física amargado por su pasado recibe una ayuda poco habitual. Por intervención de una joven del pueblo, es testigo del ritual en el que el joven Matteo absorbe el dolor ajeno al ser abrazado. Convertido en una herramienta útil para el lugar, nadie está dispuesto a que el joven pueda actuar de manera distinta a lo que venía haciendo. ¿Pero qué es capaz de hacer Matteo ahora? Ignorar y ocultar el dolor puede ser peor que vivir con él.
El director, Paolo Strippoli, lleva la narración a un terror espiritual y psicológico en el que prima la atmósfera cerrada. Esa sensación de aislamiento en la que cualquier cosa pueda alterar una paz y calma aparente que no resulta ser tal bajo la superficie. Con un ambiente clásico que recuerda a Perros de paja de Sam Peckinpah, en el que la chispa puede prender en cualquier momento, un sectarismo y fanatismo propio de El hombre de mimbre y elementos sobrenaturales que pueden recordar y homenajear al típico giallo italiano, La sonrisa del mal dejó buen sabor de boca a su paso por el Festival de Sitges. Igualmente en el Festival de cine fantástico de París, donde fue la mejor película.
Un guion trabajado entre ausencias dolidas y presencias que no sienten
No solo estamos ante un terror de autor que no usa sustos y que se centra en la construcción de personajes y sensaciones. Se trata de un guion sólido y psicológicamente bien desarrollado y reflejado en pantalla. La sonrisa del mal es justo ignorar lo que debe tenerse en cuenta. El existencialismo, la necesidad o no de sufrir para poder valorar lo bueno y la adicción a la ausencia del dolor como una única vía de escape para salir adelante, frente al enfrentamiento a las emociones para poder superarlas, plantean un rico debate mientras Matteo se muestra como un personaje incomprendido y poco a poco consumido por la propia oscuridad que contempla. La búsqueda de alguien en quien creer, una especie de Dios accesible que nos ayude, subyace en el obsesivo y enfermizo aire del pequeño pueblo.
Dentro del reparto, sobresalen por supuesto sus dos protagonistas. El joven Matteo, interpretado por Giulio Feltri, la revelación, y el profesor, encarnado por Michele Riondino, un rostro muy conocido en Italia. En cuanto a su director, Paolo Strippoli vuelve a poner al terror italiano en primera línea tras sus anteriores trabajos del género. Por ejemplo, La clásica historia de terror, una recomendable cinta que se puede ver a día de hoy en Netflix.
Pero ahora hablamos de La sonrisa del mal, que se estrena este 20 de marzo en nuestros cines. Si buscáis algo original, que intriga y que te puede hacer empatizar y reflexionar sobre el dolor mientras quieres saber qué ocurrirá, pronto podréis visitar el pueblo de Remis. Cuidado, o no podréis salir de él.
