En cada mirada, en cada suspiro, en cada caída de párpados… Nadie sabe el sufrimiento que puede esconderse en la rutina cotidiana de una persona, adulta o adolescente, que trata de entender aquello que no conoce. A día de hoy, cada día es más difícil estar seguro de casi cualquier cosa. No digamos ya de cómo sentirse o de cómo actuar correctamente. Una de esas historias pequeñas que llegan tan adentro es La buena hija. Aquella que se debate entre el amor a su padre y la cruda realidad de la violencia vicaria y de género. Las grandes historias no tienen por qué ir acompañadas de cruzadas por salvar el mundo. A veces basta con que ayuden a salvarse a más de una persona que esté pasando por lo mismo. A veces basta con salvarse a uno mismo.
La buena hija – La zona gris de la relación familiar
En esta historia Carmela es una joven de 16 años a quien acompañan para ver a su padre, a quien quiere con locura a pesar de la separación familiar. No obstante, ella se encuentra en medio de una dura disputa judicial. Además, en un ambiente marcado por la violencia de género y familiar, ante el cual no sabe cómo sentirse, mucho menos identificarlo con claridad. Ese crisol de sensaciones, en una etapa tan convulsa y de tantos cambios en el instituto, no hará sino aumentar sus inseguridades, cuando ella solo quiere estar con sus amigas, quienes no saben nada ni necesitan saberlo.
La buena hija es la nueva propuesta de Júlia de Paz Solvas, directora de Ama y de las series Querer y Las largas sombras. A raíz de su cortometraje Harta (2021), desarrolla esa idea para ofrecernos un drama personal e intimista tan necesaria como incómoda. En una atmósfera cotidiana, conocida, habitual en cualquier ciudad, pero no por ello agradable ni fácil de transitar. Ese enfoque realista y con el que cualquiera puede empatizar o sentirse identificado favorece un guion ameno sobre la cruda llegada de la madurez. De manera sutil pero siempre en ascenso, hasta que el clímax emocional se desborda prácticamente al final.
La buena hija – ¿Merece la pena serlo?
Esta trama destaca por centrar de manera natural y empática la historia en la persona que está en medio sin saber qué pasa ni por qué, en lugar de en el maltratador o en la víctima. Por mostrar su dolor y las dudas que surgen a nivel personal y familiar, a pesar de estar en una época en la que los juegos y el descubrimiento de la amistad y el amor deberían ser lo principal. Esa hija que solo mira y sufre sin saber cómo reaccionar, atrapada entre dos padres y dos nociones: ser una buena hija o afrontar la violencia latente que no quiere reconocer.
Con ese ángulo correcto también de crítica social, que refleja el hacer de instituciones y mediadores, La buena hija supone un absoluto descubrimiento. Ante una realización sobria y pulcra y escenarios cotidianos, las escenas plasman a la perfección la montaña rusa de emociones que puede ser vivir con miedo e incertidumbre. También a nivel interpretativo, pues Kiara Arancibia en su primer papel protagonista logra transmitir esa incomodidad efervescente, llena de silencios mientras sus certezas se derrumban. A su lado, el siempre infravalorado Julián Villagrán, Janet Novás y Petra Martínez, quienes de manera sólida y convincente aportan contradicciones y heridas a personajes que, desde sus trincheras enfrentadas, tampoco saben qué hacer con esta situación.
Estreno 10 de abril
La buena hija llega pronto a las pantallas de cine para que os pongáis en su piel. Una película valiente que no da respuestas fáciles y que pone en un espejo las incoherencias y sensaciones encontradas. Que enfrenta en un mundo de grises y claroscuros, donde no existe el blanco y el negro, los sentimientos de una niña hacia su padre con la incómoda y dura realidad. Que, desde luego, no dejará indiferente a nadie.
