• Mié. Jul 29th, 2026

Juego sucio – Cuando las explosiones ahogan la trama

Hay nombres que te llaman la atención. Especialmente cuando adquieren una fama que supone un doble filo. O te encanta lo último que han hecho o se queda a medio gas, indiferente, casi peor que el hecho de no gustar. Cuando dos de esos nombres se juntan en una película, se acaban por cumplir los peores temores. Shane Black hizo Iron Man 3 hace mucho y Mark Wahlberg acumula un proyecto de acción irrelevante tras otro. Juego sucio es más una intención enrevesada de ello que no termina de enganchar.

Juego sucio – Los fueros que no vuelven

El que un día fuera compañero de Schwarzenegger en la Predator original antes de dirigir su remake no consigue recuperar el tono. Shane Black hizo sus dos mejores películas con Kiss Kiss Bang Bang y Iron Man 3, ambas con Robert Downey Jr. Un actor que encarnaba en su piel esos personajes pícaros, carismáticos, en historias liadas con giros interesantes, diversión asegurada y acción sin frenos. El problema es que, desde entonces, los efectos especiales comenzaron a pasarse de frenada y a opacar las tramas.

Juego sucio nos plantea una historia clásica de atracos, bandas, polis y cacos, traiciones y personajes que ni son tan buenos ni tan malos. Sin Robert junto a su amigo director, Mark Wahlberg resulta plano y con poca gracia. Lo que otras veces le hace ser un tipo duro en esta ocasión le convierte en una comparsa de sus compañeros de reparto, con quienes además expresa nula química en pantalla. A ello contribuye un guion con bandazos forzados y convenientes pero poco creíbles, planes que cambian más de idea e intención que tú decidiendo qué te apetece comer y un final que, aunque diferente, resulta extraño y anticlimático después de lo visto en pantalla. Tantos giros y personajes enturbian una historia en apariencia sencilla pero que se intenta hacer más enrevesada de lo que es.

Lo positivo – Las escenas de acción y los secundarios

Estrenada a principios de octubre en Amazon Prime Video, si por algo destaca Juego sucio es porque su director no ha perdido el toque para rodar fuegos artificiales. Aunque las explosiones, persecuciones y combates acaben opacando la historia, por lo menos es de agradecer su buen tratamiento visual y el que las escenas estén bien rodadas. En todo momento se entiende qué está pasando y el montaje favorece el entretenimiento y que la cinta no se te haga larga. Especialmente cuando en pantalla aparecen algunos de los secundarios. Por ejemplo, Lakeith Stanfield o Keegan-Michael Key, quienes remontan la gracia del film en ocasiones en que esta parecía haberse perdido por completo.

En resumen, Juego sucio es una película para una tarde de domingo sin pretensiones ni para nada mejor que hacer. Un entretenimiento superficial bien filmado que no se quedará en tu retina para siempre pero que te entretendrá durante un rato. Que ya es más de lo que se puede decir de otras producciones. Ya nos contaréis qué os ha parecido.

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