Existen obras que no se pueden describir con palabras, que están hechas directamente para disfrutarlas desde la butaca y sumergirte en una experiencia única. Eso tenía en mente Pablo Razuk cuando en pandemia se le ocurrió jugar con la idea de que no hacía falta estar entre cuatro paredes para estar encerrado de verdad. Cinco años después, el actor, dramaturgo y docente argentino pone en pie esta idea bajo las órdenes de Martín Ortiz dando lugar a Glub! Ejercicio de supervivencia, una catarsis donde las crisis existenciales, la supervivencia de la vida misma y la crítica a una sociedad que nos obliga a seguir unos patrones establecidos se convierten en puntos del día al ritmo de lo absurdo.
Sinopsis
Él navega en su absurda marea. Se ríe de su tiempo en un no tiempo. Él se nos ríe y nos ríe…y ¡Glub!
Él no sabe si es el último o el primero de un mundo que no tiene a dónde amarrar su alma. Él repite palabras ajenas, de esos y esas que tienen buena letra, tratando de recordarse, y también para no perder la poca memoria que le queda. Él se llena de “haceres cotidianos” para superar un día más de una soledad de aguas amargas e intomables. Él no sabe si ella lo espera en algún lugar. Él hará pie en una vieja nueva tierra…y renacerá de risa y amor supremo. Él es Glub!
Glub! Ejercicio para despertar y replantearnos la vida
Glub! Ejercicio de supervivencia es una obra cuyo peso recae únicamente en Pablo Razuk. Una relato de hora y media que sostiene y sorprende de manera revolucionaria. Solamente bastan sus palabras para tener al público expectante. Partiendo de la idea de un náufrago que parece atrapado en un ciclo sin fin en medio del océano con Poncio, su fiel compañero de peluche, nos sumerge en un recorrido de tintes oníricos y poéticos mediante sus pensamientos, creando una deliciosa mezcla de humor, introspección y realismo social que invita a la reflexión con referencias de grandes autores clásicos como Lorca, Calderón de la Barca o Shakespeare. El eco de sus palabras resuena más allá del escenario y hace que el espectador llegue a cuestionarse también su vida. Un espejo que obliga a mirarse y a buscar la brújula para recuperar nuestro propio rumbo, dentro de la rueda maldita que dicta la sociedad.

La puesta en escena es sencilla y minimalista pero con una gran fuerza narrativa. Un pallet a la deriva, unas botellas de plástico vacías, un sillón, cojines y libros antiguos son suficientes para acompañar potencialmente al relato. Además, el uso de un recurso audiovisual tan mágico como una de las escenas más famosas de Titanic antes de comenzar la actuación, captura la atención del espectador desde el instante en el que entra a la sala. Toda esta combinación convierte a Glub! Ejercicio de supervivencia en una apuesta audaz y con alma, de esas que dejan huella, perduran en la memoria y te hacen replantearte tu propia vida.
Entrevista
¿De dónde nació la idea de Glub! Ejercicio de supervivencia?
Esto nace en pandemia cuando estábamos todos metidos adentro y no podíamos salir. De alguna manera se me ocurrió la idea de que no hacía falta estar afuera para estar encerrado. Vino en paralelo esto de que un náufrago puede estar en medio del océano, como puede estar en el sofá de su casa y también estar en el medio de la inmensidad según lo que le haya pasado a cada uno. Partiendo de esa idea y de una ilusoria idea de que la pandemia nos iba a hacer mejores, apareció la idea de hacer Glub! y de llevarla adelante. Durante cuatro años estuve dándole forma al texto y, como no todas las obras son para todos los directores, necesitaba a alguien de total confianza y que me entendiera también por dónde, porque es complicado cuando eres el autor y también el que lo va a actuar en unipersonal.
La verdad que Martín ha sido extraordinario como compañero en el proceso, me ha sabido entender por dónde y por supuesto ha aportado desde su visión directriz algo multiplicado a lo que estamos contando.
¿Qué simboliza la palabra Glub!? ¿por qué ese título?
Yo quería un título que no significara nada para que el espectador lo complete de entrada con su idea. En su momento iba a ser Glub! Glub!, pero ya había una registrada así. Le pusimos solamente Glub! y la verdad es que funciona porque hay gente que te pregunta que de qué se trata, entonces les decimos que vengan a verla y así lo verán.
El protagonista parece sumido en una «absurda marea» en la que parece no encajar, ¿qué relación crees que tiene esta marea con el mundo actual?
Todas, porque estamos todos tratando de encajar en algo. Con otros, en nuestros trabajos, en nuestros proyectos, en nuestras parejas, en nuestros propios corazones estamos tratando de encajar algo y no estamos teniendo en cuenta que a veces no es necesario encajar, que las cosas son a veces a la deriva y esa forma de estar a la deriva es parte de la vida y del aprendizaje también. Hay como una exigencia en encontrar rumbo que no es una exigencia natural de la naturaleza. Los animales andan sueltos y no se proponen tanto el rumbo. Nosotros en la sociedad especialmente capitalista estamos exigidos y obligados a encontrar un rumbo y lo antes posible.
La obra habla sobre sobrevivir en un mundo que desborda, ¿qué significa sobrevivir para ti?
Martín: La supervivencia de este personaje es a partir de su decisión de cambiar. Vivimos en una época en la que estamos rodeados de bastantes cosas desagradables y al mismo tiempo nos obligan a tener sueños porque tener sueños es lo que te va a dar futuro y los sueños se cumplen o no se cumplen y no depende tanto de nosotros, depende también de las circunstancias en las que estamos. Todos los sueños de este tipo, rodeando de ese mar nefasto, es muy difícil que los pueda cumplir, entonces hay una decisión de vida que toma el personaje, que es lo que le hace poder ver el mundo de otra manera y entender la esperanza que está ahí y tiene que ver con tomar decisiones más que soñar algo.
Pablo: La supervivencia es, a parte de una decisión es que hay mucha gente que vive la vida sobreviviendo y a veces hay que tomar posesión y tomar decisiones y eso amerita no ser consecuente con el deseo.
¿Es peor no cumplir tus sueños u olvidar lo soñado?
Pablo: Yo creo que lo peor es olvidarlo porque eso significa que uno ya perdió la batalla. Creo que siempre se puede retomar el deseo y esa me parece que es la verdadera brújula, el deseo.
¿Qué es lo más desafiante de escribir y actuar tu propia obra que además sostienes tú solo en el escenario?
Pablo: Hoy lo más desafiante fue llegar a la sala, instalarse. El mismo día se hace el montaje de luces, conoces el espacio, conoces los objetos. Incorporar todo eso fue el gran conflicto. Como uno estaba en el trabajo de asimilar los objetos no había tiempo de pensar nada, entonces había que ir con las marcaciones y la dirección. La verdad que hoy ha sido especialísimo y fue muy bien también porque siempre es un signo de pregunta, ¿Qué va a pasar con una obra nueva y qué va a pasar en un lugar como Madrid que no es tu casa? La verdad que la respuesta fue muy positiva.
¿Qué disfrutas más, dirigir, escribir o actuar?
No sé, es cíclico. Hay veces que estoy muy contento con lo que estoy dirigiendo y el actor se guarda en un rincón, y hay días que estoy actuando y no tengo ganas de dirigir. A parte doy clase, entonces en todo eso hay una especie de persona de las artes escénicas que a veces va mutando por suerte, así no me aburro y así voy alimentándome de otras cosas.
Cuando Martín y tú vais rotando en el rol de actor y director, ¿cómo llegáis a un acuerdo si hay diferencias artísticas?
Martín: Nos conocemos desde hace mucho tiempo y tenemos ganas de trabajar juntos. Nunca lo hicimos y ahora lo empezamos a hacer. Nos acordamos en febrero tomando un café aquí en la esquina y dijimos: vamos a hacer esto. Lo difícil de apartarse del rol de director y empezar a actuar, es que uno como actor sigue teniendo esa mirada de director, entonces tiene que abandonar esa mirada para dejar dirigirse.
Pablo: Más que yo había escrito y venía con una serie de ideas. No solamente supo tenerme paciencia, a parte hay algo ideológico y estético que de entrada creo que hicimos conexión, tanto en Argentino hasta la muerte, que yo lo acompaño a él, él ya la había montado antes así que yo hice un aporte de dirección pero lo grueso estaba montado. Con Glub! yo venía con una idea que no estaba montada y Martín me escuchó y me dejó cosas, me dejó pasar con cosas que a lo mejor no quería.
¿Qué creéis que es lo más difícil de sacar una obra de teatro independiente adelante?
Pablo: Público, traer la gente. En Madrid, en Buenos Aires, en Rosario, en Michigan y en Londres.
Martín: Esa es siempre la mayor incertidumbre. Cada vez que empezamos un proyecto y lo vamos a estrenar pensamos en qué va a pasar.
¿Qué creéis que tiene el teatro independiente que no tiene el teatro comercial?
Martín: Una libertad creativa que el comercial no tiene y otras búsquedas. No es que hagamos teatro independiente porque no podamos hacer teatro comercial, lo elegimos.
Pablo: Son lugares que tienen sus propias búsquedas. Nosotros podríamos hacer también teatro comercial, pero quizás hay un lugar de pertenencia de lo independiente que nos seduce un poquito más.
¿Qué es lo que más os motiva para seguir con este tipo de teatro cuando todo se pone difícil?
Martín: Yo siempre que empiezo una obra desde cero hay un momento que me digo que para qué carajos me metí en esto. Pienso que se la voy a mostrar al elenco y les va a parecer una cagada. Siempre me estoy diciendo esto, pero la verdad que uno como artista siempre tiene un impulso que viene como de algún lado.
Pablo: No hacemos teatro, nosotros somos teatro.
¿Con qué sensación os gustaría que saliera el público de ver Glub!?
Pablo: No sé porque lo absurdo tiene la particularidad de que cada uno codifica. Vienen tres personas juntas, la una se rie, la otra llora y la otra queda conmocionada desde otro lugar. El absurdo va directamente a lo inconsciente y al emocional sensorial. No hay un cuentito, el cuentito lo hace cada uno en la butaca.
Martín: Nosotros teníamos como un criterio, que el final no fuera un final, que la obra no fuera una obra cerrada y oscura y sin esperanza. Nosotros queríamos que terminara auspiciosamente. Lo que pasa con la obra es eso, que se abre un mundo nuevo y esperanzador. Por eso no podemos determinarlo.
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