• Vie. Feb 23rd, 2024

Festival de Cine Europeo de Sevilla: Crónica y Críticas

Se puede considerar que el festival de Cine Europeo de Sevilla ha sido todo un triunfo gracias las cifras de asistencia que ha conseguido en su vigésima edición. Debido a los Latin Grammy, estuvieron a punto de retrasarlo a la primavera de 2024, pero la industria habló alto y claro, explicando una serie de inconvenientes que supondría eso de cara al futuro del festival hispalense.

El mensaje caló en el gobierno de la ciudad y se acordó la celebración del festival del 23 al 29 de noviembre, pero no solamente eso, sino que se contrató como nuevo coordinador general del festival al exitoso productor de cine de animación Manuel Cristóbal. Su gran empeño y trabajo, junto a su equipo, en el programa del festival, ha supuesto una programación con cerca de un centenar de películas de toda índole consiguiendo una ocupación en taquilla del 85%, movilizando a aproximadamente a unas 30.000 personas repartidas a lo largo de los 6 días de proyecciones.

NOCHE DE INAUGURACIÓN

El festival se inauguró el jueves 23 de noviembre con una gala que tuvo lugar en Real Fábrica de Artillería de Sevilla, con la asistencia en torno a 400 personas, entre las que se encontraban reputadas personalidades del sector y autoridades gubernamentales. A la mañana siguiente, Felipe, un largometraje de ficción argentino se encargó de romper el hielo, ofreciendo un estreno mundial; pero cada día se ofrecía muy diversas opciones para los espectadores, que se dividían entre el histórico Cine Cervantes, que volvió a abrir sus puertas, y el mk2 Cinesur Nervión Plaza, que contaba con 10 salas.

Como es normal, el Cine Cervantes completó su aforo rápidamente debido a la expectación generada por una sala tan bonita, por la cual pasaron Catherine Breillat, la aclamada directora francesa que vino a presentar su largometraje L’été dernier; Paco Ortiz, con el documental Aníbal. Arquitecto de Sevilla; o Jacqueline van Vugt, con su ópera prima neerlandesa Crossing.

Por otro lado, el mk2 Cinesur Nervión Plaza también contó con varios coloquios entre los que se encuentran cineastas como Pablo Berger, con su exitosa película de animación Robot Dreams; Francisco Javier Gutiérrez, con su infravalorado largometraje La espera; Javier Macipe con la coproducción española-argentina La estrella azul; y para finalizar Paco Bech, Rafael Riqueni y Gervasio Iglesias para presentar el documental Riqueni.

ACTIVIDADES PARALELAS

En paralelo a la magnífica cartelera, el festival contaba con ruedas de prensa ofrecidas por personas del equipo técnico de cada proyecto, a las que pude asistir si me lo permitía el tiempo, porque como crítico no puedo faltar al visionado de las películas. En la rueda de prensa de Javier Macipe, una a las que tuve la suerte de acudir, se comentó sobre la visión del metacine en La estrella azul o cuestiones tan interesantes como el proceso creativo de guion del proyecto.

Las actividades paralelas también constituían un punto muy fuerte en la programación, puesto que estaban claramente planteadas para el fomento de la cultura del cine y para suponer un punto de encuentro y de futuro para profesionales y noveles del sector. Tuve la suerte de asistir, en el CICUS, a un encuentro con Carlota Pereda, directora de largometrajes como La ermita o Cerdita, en la que se habló sobre la visión cinematográfica de la madrileña y cómo afronta ella cada proyecto en varios aspectos relacionados con la figura de la mujer.

El último día, también en el CICUS, se realizó un encuentro con guionistas, entre los que se encontraba Rafael Cobos y el director Alberto Rodríguez, que han trabajado como co guionistas en largometrajes como La isla mínima o Modelo 77. En esa mesa redonda se reiteró el peligro que supone la inteligencia artificial en el mundo del cine, no solo hacia el departamento de guion. Pero no solo cundió el pánico, también funcionó como una clase magistral de guion a través de las vivencias de cada uno.

CRÍTICAS

Cerrar los ojos

Ultimamente hay una tendencia a insinuar que los millenials, pero sobre todo los generación Z, no están acostumbrados a películas con un ritmo lento. Jóvenes con la necesidad constante de estímulos para que su concentración no se esfume en tiempo récord. No nos vamos a engañar, la desoladora verdad es que, en general, sí. Pero también hay muchos enamorados de Andréi Tarkovski, Abbas Kiriostami o Michelangelo Antonioni, entre los que me incluyo.

Cerrar los ojos tiene la capacidad para hacernos jugar con la nostalgia y la memoria, conectando sus antiguas obras a través de una canción, una acción tan simple como una mirada o mediante temas tan complejos como el cine como un camino de conocimiento, como ha declarado él mismo en varias ocasiones sobre el cine. La problemática viene con la trama, que nos somete a una serie de conversaciones de seguido, con algunos momentos, diálogos y personajes interesantes –entre ellos Max-, y otros no tanto. No llegamos con la suficiente preparación para un tercer acto lleno de belleza.

Cerrar los ojos (2023) crítica: Víctor Erice reivindica la mística de la imagen con un viaje a través de los recuerdos y el celuloide cuyo pecado es no ser una obra maestra |

Felipe: un drama familiar y social entretenido pero estancado en lo anodino.

La pieza no consigue conectar con su público por muchos esfuerzos que haga el director con el buen lenguaje visual que ejecuta. Nos pretende encerrar en la cabeza de Felipe con una constante de primeros planos, pero no lo logra porque la trama y alguna subtrama carecen de profundidad y de arco.

Felipe empieza solitario y desubicado, acaba igual, escapándose, por cuarta vez. Al estilo los 400 golpes, pero no me enterréis, es un guiño, porque esta película esta lejos del entramado que realizó François Truffaut en su ópera prima. El conflicto social no queda claro tampoco, nos dejan fuera del juego, lo que conlleva ni percibir credibilidad alguna ni sentir un atisbo de riesgo.

A fin de ser justos he de decir que no me resultó tedioso, no sé si por su corta duración o porque todos hemos sido niños. Cabe destacar el papel de Felipe Szumik, “el gringo”, como le llaman algunos cordobeses. Al final, para ser una ópera prima, es una obra correcta.

La espera: un thriller rural con toques de terror que pasa demasiado desapercibido.

Realmente este film tiene pinceladas de distintos géneros -realismo mágico, terror, western- dentro de ser considerado un thriller, lo que aporta riqueza a la obra, siempre y cuando esté bien ejecutado.

El director junto a su director de fotografía de confianza, Miguel Ángel Mora, ejecutan un inteligente lenguaje lleno de recursos, repetidos a lo largo del metraje, para mostrarnos a través de las imágenes sin tener que recurrir a los diálogos. Planos a ras de suelo, primeros términos dando profundidad, reiteración de acciones en el mismo encuadre -desde planos generales a planos detalle cuando bebe o cuando corta el alambre-, planos detalles que dan hambre, etc. Por esta razón, creo que deberían haber seguido este camino y no haber tomado el rumbo del terror.

El talento de Víctor Clavijo, otro sinónimo de seguridad para F. Javier, crece exponencialmente con respecto al paso de los minutos. Su expresividad ayuda enormemente a profundizar en la psique de su personaje. Por otra parte, es una pena que no veamos más tiempo en pantalla a Don Francisco, interpretado por Pedro Casablanc. Este personaje desprende carisma hasta tomándose un café.

Sinceramente, es una pena que haya tenido tan poca repercusión en comparación con otros proyectos. No quiero decir que tenga un grandísimo nivel, pero no debería pasar desapercibida. Supongo que es normal al echar un vistazo a la cantidad de contenido que se crea en estos días.

La Espera': Póster oficial de la película - Aullidos.com

Samsara: una atrevida, pero maravillosa experiencia multisensorial de reencarnación entre dos mundos.

El cine tiene unas características únicas para narrar sobre lo trascendental. La película de la que voy a hablar es un claro ejemplo del dominio visual y sonoro de Lois Patiño, el director, que nos ofrece una experiencia trascendental.

Empezamos en Laos, con un joven llamado Amid, que asiste a una anciana que se encuentra cercana a la muerte recitándole un libro. Al mismo tiempo observamos la vida en un templo budista en el que habitan jóvenes novicios, entre los que se encuentra Bee Ann, el cual en un momento siente curiosidad por el libro de Amid. Este le explica que se trata del Libro Tibetano de los Muertos, o Bardo Thodol. Bardo, en tibetano, significa estado de transición o intermedio, por lo que intuimos que el joven está “entrenando” a la anciana para ese momento.

Junto a Amid y Bee Ann asistimos a paisajes hipnóticos que en sí mismos representan la espiritualidad pura, situándonos lejos del mundo occidental, aunque en algún momento veamos cómo los jóvenes novicios hacen uso de sus smartphones. El final llega irremediablemente para el cuerpo de la anciana, pero no para su alma.

Premiada en la Berlinale 'Samsara', dirigida por el vigués Lois Patiño

En trance

Nos piden, con intertítulos, cerrar los ojos. Ahí es cuando empieza la magia, si los cierras claro. Lois Patiño nos hace participes del propio proceso de reencarnación de la anciana; el espectador entra en un estado meditativo guiado por la luz filtrada a través de los párpados y el sonido.

Un viaje en el que tú mismo te preguntas donde irás a parar, como si fueses tú la persona que se encuentra en el estado de transición. Aunque los destellos y los sonidos cumplan su labor, cada espectador tendrá la libertad de interpretar e imaginar.

Lo que yo interpreté es que el alma no tenía claro donde quería reencarnarse, eso si había capacidad de elección, que lo dudo, por lo que llegué a la conclusión de que nos querían mostrar las distintas posibilidades —a través del sonido—. Tras varios minutos, comprenderéis que no fui consciente del tiempo que duró ese momento, nos trasladamos a Tanzania. Una cabra ha nacido, la cual es bautizada como Nemaa por Juwairiya, una niña que habita en un pueblo costero en el que se practica la pesca y el cultivo de algas. El cambio es drástico, cómo un alma puede habitar dos cuerpos y en dos sitios totalmente distintos.

No esperaba este tipo de cine, tan experimental, cuando decidí asistir a este festival. Ha sido una grata sorpresa, llena de sensaciones y emociones, guiado por un lenguaje cinematográfico inspirador.

La estrella azul: un Miyagi santiagueño que guía a un rockabilly español hacia la gracia musical.

Tras el visionado a las 9:30 de la mañana, he salido corriendo dirección a la rueda de prensa en la que participaban el director Javier Macipe y el director de fotografía Álvaro Medina. Tenía la necesidad de sonsacarles información acerca de ciertas virtudes en las que creo que resaltaba la película.

El director ha comentado en varias entrevistas, y en dicha rueda de prensa, que no es un biopic, es ficción, puesto que a Javier lo que realmente le interesaba transmitir es la historia que escondía Mauricio Aznar. La madre del cantante, tras ver un cortometraje de Javier, le citó en su casa y le comunicó la idea de contar esta historia, lo que resultó un poco intimidante para el director que aún se encontraba estudiando en la escuela de cine. Pero construyó, durante 10 años, un guion bastante sólido a base de reiterados viajes al otro lado del charco, donde los santiagueños prestaron su ayuda al cineasta. Este proyecto fue uno de los muchos afectados por la pandemia, paralizando su rodaje por 3 años.

La estrella azul': el cartel de la película sobre el líder de Más Birras

La película

Nos encontramos en los años 90, España. Mauricio, un reputado rockero, está atravesando un bache en su carrera y en su vida personal. Tras oír hablar por el televisor a Atahualpa Yupanqui acerca de la necesidad del artista de buscar el silencio, los paisajes y la soledad, decide recorrer Latinoamérica en busca de reencontrarse con su vocación.

En su paso por Santiago del Estero, Argentina, conoce a Don Carlos, su señor Miyagi versión musical, que le pondrá a dar cera, pulir cera, o, más bien, darle al tambor, pulir el tambor, y ya luego la guitarra. Mauricio se nutrirá del folclore y la cultura santiagueña -llena de refranes-, aprenderá como un niño más los ritmos y los compases; comerá, bailará y dormirá con ellos, como uno más. El impacto en el protagonista será enorme, no solo artísticamente. Nos adentramos en un cruce de culturas y en la vida de personas que dejan huella allá por donde pasan con su sencillez.

Hacer o no hacer metacine, esa es la cuestión. Tuve la oportunidad también de preguntarle acerca de esto.

¿Qué es lo que querías transmitir con eso específicamente? – le pregunté.

Como lo mío es el cine, y no las entrevistas, me limité a escuchar. Su intención era clara: dejar constancia de la huella que dejó Mauricio. Además de cómo reaccionaría el propio Mauricio al ver todo eso montado. No sé si creer que recurrir al metacine es un atajo fácil o si es una de las ventajas del séptimo arte. Si se puede no recurrir a él, mejor.

Entre Álvaro Medina, director de fotografía, y Javier, nos imparten una clase magistral de cómo mover la cámara con, por ejemplo, planos secuencia falseados -del concierto al salón- o tamaño de encuadres con respecto a localizaciones, como comentó Álvaro en la rueda de prensa, que Javier tenía claro que necesitaba un mayor aire en Argentina. La puesta en escena y la actuación tan natural tampoco pasa desapercibida, con un Pepe Lorente a gran nivel que realiza un trabajo de inmersión no solo en el personaje sino en la música, rodeado de amigos de Mauricio. Los conciertos fueron rodados en directo, tocando y cantando el propio Pepe.

RIQUENI

Cuando entré no era el mismo que cuando salí. No sé si porque todo lo que tenga como base el flamenco me apasiona, o porque este tipo de historias pueden conmigo; me inspiran a luchar cada vez más para conseguir mis objetivos. Porque nadie llega a la cima sin pelear, sin haber perdido, sin haberse enfrentado a sus peores decisiones, sin haberse cuestionado lo que es la vida y por qué castiga tanto. Siempre tendré claro que para llegar a ser el mejor hay que pagar un precio.

Riqueni': el director que quería rodar un documental sobre su ídolo y acabó  siendo su mánager

Contexto

Hace 12 años aproximadamente, a Paco Bech, fan de Rafael Riqueni, le llegó a los oídos que el guitarrista estaba preparando un nuevo álbum. El documentalista decidió filmar el desarrollo del mismo. Parque de María Luisa ¡Qué álbum! No he podido resistir ponérmelo de fondo mientras escribo estas líneas. No fue fácil sacarlo adelante debido a los problemas de salud que padece el artista, un trastorno de bipolaridad que le dejó fuera de la música durante años, que se intensificó después de la noticia del suicidio de su padre, a quien él admiraba.

Las constantes recaídas retrasaron el proceso. Paco pasó de ser un fan más a una persona clave en la recuperación de Rafael, llevándole a diferentes centros de salud mental del país de donde no salió recuperado. Una finca en Cortegana, Huelva, fue un lugar clave en su vida, donde su mejoría se dio fruto del aislamiento en la naturaleza acompañado de un cuidador, lleno de vida y un tanto extravagante, que impuso una rutina sana a Riqueni. Amarguras, a tres guitarras, en la Bienal de 2014, fue el gran retorno del músico que dejó al Teatro Lope de Vega seco, igual que a los espectadores del documental.

Cuando la vida te castiga

Pero cuando mejor estás es cuando la vida te castiga. Riqueni fue condenado a cumplir sentencia en la cárcel por un delito cometido en 2010. Consiguió pronto el tercer grado, en gran parte por la ayuda de Estrella Morente, quien hereda la admiración por Riqueni de su padre Enrique. La cantaora ofreció, junto a Riqueni, varios conciertos dentro del Centro Penitenciario de Sevilla I.

Tras su salida, tiene sus más y sus menos, pero con constancia, y en contra de la marea, pues pese a sus buenas críticas no le aceptan en los eventos, su carrera va cogiendo forma, no sólo a escala nacional sino internacional, agotando entradas en ciudades como París. Bailaores como Rocío Molina o Antonio Canales acompañaran al sevillano en los escenarios. En lo personal, irá afianzando la relación con su hijo, pero el documental no deja de mostrar una visión alejada de lo que es su familia, apartándola y dando la sensación de que se mueven por los intereses. Paco nos muestra todo tipo de versiones de Rafael, no solo la “buena”; deja a un lado sus comienzos y su primera etapa en la música para narrarnos su conflicto interno en la segunda etapa.

Rafael Riqueni no solo es un guitarrista flamenco, es un compositor que se nutre de la música clásica y de los momentos que vive. A través de las cuerdas, al tocar cada nota nos narra la situación que visualiza. No pierde su lado infantil por muchos golpes que le propicie la vida, es como un niño contando cuentos mediante la música, un genio. Cuando pones tanto esfuerzo en un documental, es normal que transmita tantas emociones, porque no es solo la historia de Riqueni como uno de los mejores guitarristas, que también, sino la historia de Rafael Riqueni como luchador.

FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA

En resumen, el festival, por muchas piedras que le pongan en su camino, tiene cuerda para rato, como reitera su coordinador Manuel Cristóbal:

“El Ayuntamiento de Sevilla y el sector acordaron que el festival se celebrara este año y hoy podemos felicitarnos de haberlo logrado. Eso demuestra el compromiso de José Luis Sanz como alcalde y de Minerva Salas como delegada de Cultura. A pesar de los meses perdidos a comienzo de año y de la difícil situación en la que nos encontramos el festival, hemos logrado una magnífica edición y toca reflexionar de cara al futuro, porque Sevilla tiene festival para rato. Nos satisface haber podido ofrecer al público sevillano lo mejor del cine europeo y por supuesto andaluz. Nos vemos del 8 al 16 de noviembre de 2024”.

Efectivamente, toca reflexionar para que cada año este festival esté a la altura de la ciudad que lo acoge. Porque Sevilla tiene condiciones para tener un buen lugar en la industria del cine.

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