• Mar. Jul 28th, 2026

Eleonora Duse – Los claroscuros de una musa

Cuando se habla de cine, parece que siempre se inicia involuntariamente un encendido debate. Entre aquellos que ven la pantalla de cine como un mero pasatiempo sin más pretensión que evadirse de todo, y otros que buscan algo más elevado, con una fina línea que pasa la intención a lo pretencioso y complejo. Pero, ¿por qué elegir? ¿Acaso no hay sitio para todos? Hay experiencias como la cinematográfica y colectiva en una sala que la televisión difícilmente puede igualar. En esta tesitura, películas como Eleonora Duse son esa respuesta interesante a esa cuestión que a veces el cerebro despierta en nosotros. Aunque me cueste, ¿puede haber algo que no conozca y que tenga interés por descubrir aunque no lo sepa? A fin de cuentas, la curiosidad es una de esas cosas que aún nos conectan con nuestro niño interior. Y ojalá no la perdamos nunca quienes aún la tenemos.

Eleonora Duse – Un biopic con sello de autor

El director italiano Pietro Marcello concluye su particular trilogía italiana tras la aclamada Martin Eden (2019) y Scarlet (2022). Eleonora Duse, sin ser tan redonda como sus anteriores trabajos, resulta ser una cinta con aroma clásico, hecha para amantes del teatro y cultura italiana. Puede ser un agradable descubrimiento para aquellos que quieran conocer aspectos de la vida de la considerada gran dama teatral de la historia de Italia. No en vano, aunque no resultara ganadora, recibió hasta 8 nominaciones en los Premios David de Donatello y muchas alabanzas en el Festival de Venecia.

Sin ser un biopic típico americano que cuenta todo del principio al final, Eleonora Duse se enmarca en el crepúsculo de la vida y carrera de la actriz. Ese momento en el que las acciones, obsesiones y traumas se magnifican y salen a la luz las consecuencias de una vida de sacrificios, ausencias y sueños convertidos en tablas de salvación frente al vacío. Temas universales en una película con la que muchas personas pueden identificar los claroscuros de la fama y que, sin embargo, flaquea en lo mismo que la hace distinta. Eleonora Duse es una cinta atractiva pero que resulta plenamente disfrutable solo para italianos o amantes de la cultura teatral o clásica. Fácilmente puede parecer densa a quien no tenga la suficiente curiosidad, algo que no ocurría con las anteriores películas de su director.

Con breves momentos oníricos en el que el final y la trascendencia parecen acechar a la protagonista, podemos observar qué hay detrás de la estrella que todos ven en escena pero nadie conoce. Una mujer atormentada por sus propios límites y relaciones deterioradas que al mismo tiempo es víctima de su tiempo. Arrastrada por cómo el arte y la política chocan y conviven en pleno auge del fascismo italiano de los años 30 frente a la decadencia de poderes anteriores. Todo ello equilibrado en un guion lineal pero que mantiene el interés con constantes disputas verbales y frases llenas de sabiduría y contradicción.

El mito traspasa su talento

En un film como este en el que la interpretación es más que el guion hasta que la película depende del todo de su protagonista, la actriz Valeria Bruni Tedeschi se funde con la figura central. Como si la diva Eleonora Duse traspasara su talento y fama a su intérprete desde la tumba y se hubiera reencarnado en ella. Tedeschi retrata con delicados movimientos, cadencias y gestos cómo el tiempo va agotando la llama de una estrella que finalmente se resiste con furia a desvanecerse. A su lado funciona de complemento un elenco solvente que refleja una época y figuras históricas con luces y sombras como el momento que vivieron.

Fiel a ese estilo visual inmersivo que mezcla imágenes de archivo con una representación fidedigna, colorida y auténtica de anteriores épocas, Pietro Marcello reflexiona sobre cómo la trascendencia del arte puede ser utilizada personal y políticamente. Con esos mensajes reflexivos, Eleonora Duse resulta ser un relato fresco  de una figura congelada en las arenas del tiempo. Una muestra metareferencial de cómo mantener viva la memoria del propio arte a través del compromiso con el propio trabajo, con inevitables contradicciones. Aunque no sea del gusto de todos, resulta una cita ineludible para los amantes del cine de autor y los curiosos del teatro e historias por descubrir. Estreno este 12 de junio. Nunca es tarde para abrir la mente.

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