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Cómo ser directora de cine español y no morir en el intento

Hace unas semanas, el periódico El País publicó un artículo en el que recopilaban las 50 películas españolas más relevantes desde 1975. En él explicaban cuánto ha evolucionado el cine español a lo largo de las décadas. No solo en cuanto a las temáticas tratadas sino también en lo que respecta a la incorporación de mujeres directoras. Sin embargo, de las 50 películas seleccionadas, tan solo 11 están dirigidas por mujeres. Así que la verdadera pregunta es, ¿realmente ha cambiado tanto el cine español?.

El contexto importa

A pesar de que el cine llegó a España en una fechas similares a su invención en el resto de Europa, no fue hasta 1918 que encontramos a la primera mujer directora. Moserrat Casals, o mejor conocida por su nombre artístico Elena Jordi, era actriz y empresaria teatral. Y no solo se puso a dirigir la adaptación la ópera Thäis de Jules Massenet, sino que además la protagonizó. Un par de años después, la artista de variedades valenciana Helena Cortesina fundó su propia productora para rodar Flor de España junto con sus hermanas. Y aunque hasta ahora se le atribuía a Rosario Pi la primera película sonora dirigida por una mujer con El gato montés (1935), recientemente se ha encontrado el cortometraje Mallorca (1934) dirigido por María Forteza.

Pero a pesar de comenzar a tener mujeres referentes que abrían camino a las demás en lo que ya se había convertido en una industria, con la llegada del franquismo todos estos logros quedaron borrados. Esta oscura etapa retrocedió 50 años a la sociedad española, y eliminó multitud de derechos que las mujeres ya tenían adquiridos. Todos los avances en materia de igualdad jurídica que se consiguieron durante la II República quedaron anulados. No podían tener bienes propios, sus representantes legales eran el marido o padre (en caso de no estar casada) y solo podían acceder a ciertas profesiones, previo permiso de un hombre. Además, como esta desigualdad estaba recogida en el código civil, percibían salarios menores y no se penalizaba el despido porque no tenían derechos laborales.

Las que lo consiguieron

Cecilia Bartolomé

Hubo algunas que consiguieron, a pesar de todo, continuar rodando. Margarita Alexandre lo hizo desde el exilio. Y Ana Mariscal se convirtió en toda una pionera, comenzando a ganar prestigio como actriz para así poder introducirse en la dirección. Sin embargo, pasar de ser la musa de Franco a crear personajes femeninos que se alejaban de la representación tradicional de la mujer, no fue bien recibido por los franquistas. Los mismos que la elogiaban como actriz, la rechazaban como directora. Y mientras su propio país le ponía piedras en el camino, Hitchcock se deshacía en alabanzas hacia su compañera de profesión en Cannes.

Para finales de los 60, y con una cierta apertura del régimen, algunas tuvieron la posibilidad de ingresar en la Escuela Oficial de Cine. Así Josefina Molina se convertiría en la primera mujer española en obtener un título como directora y realizadora en 1969. Ella, junto con Pilar Miró y Cecilia Bartolomé fueron pioneras en plantar cara a lo establecido. Aunque no sin encontrarse numerosos impedimentos. Y es que algunos de sus trabajos fueron censurados y tuvieron que exhibirse fuera de España porque trataban temáticas como la falta de libertad de las mujeres, la sexualidad o el aborto.

¿Y luego qué?

Estas tres fantásticas cineastas no lo tuvieron nada fácil. Lidiaron con machismo sistemático, menores sueldos y presupuestos para realizar sus obras, censuras y acoso sexual. Y a lo largo de los años han denunciado todo esto y se han hecho eco de que estas desigualdades aún no se han resuelto. Si te interesa saber más sobre esta época y el papel que jugaron los medios audiovisuales, te recomiendo el libro El cine y la Transición política en España (1975-1982). Que además incluye un capítulo hablando exclusivamente del cine hecho por mujeres y más concretamente de estas tres directoras. De hecho, y volviendo al artículo que he mencionado el principio, las dos primeras películas dirigidas por mujeres que aparecen en la lista son El crimen de Cuenca de Pilar Miró (1979) y Función de noche, de Josefina Molina (1981).

Pero entre ésta última y la siguiente hay 15 años de diferencia. Más de una década en la que se terminó la transición, se asentó la democracia, comenzó una nueva ola feminista… Para los años 90 las mujeres habían conseguido numerosos avances en el ámbito legal, ¿pero también en el social y laboral?. El cine al final no solo es un medio, sino también un retrato social de la época en la que se lleva a cabo. Sobre todo si se usa a modo de reivindicación. En Cómo ser mujer y no morir en el intento (1991) vemos a una mujer contemporánea que es madre y trabaja como periodista. Pero que a su vez tiene un marido machista y un techo de cristal en el trabajo que no le permite ascender. Esto refleja que por mucho que se avanzara en algunos aspectos, a la hora de la verdad las mujeres no gozaban de las mismas oportunidades que ellos.

20 años invisibles

Ana Díez ganando el premio Goya a Mejor Director Nóvel (1990)

Esto hizo que las pocas que llegaron a realizar sus largometrajes fuesen en gran medida autoproducidos. Fundaban sus propias productoras, compaginaban distintos trabajos para conseguir presupuesto, y además eran películas muy personales y socialmente comprometidas. Es aquí donde encontramos a las dos siguientes de la lista, Hola, ¿estás sola? de Icíar Bollaín (1995) y Cosas que nunca te dije de Isabel Coixet (1995). La década de los 90 fue una época de florecimiento para el cine español en la que aumentó significativamente el número de producciones. Sin embargo, de los más de 1.000 largometrajes que se realizaron entre 1989 y 2009, tan solo 122 fueron dirigidos por 56 mujeres (datos obtenidos de la investigación de Núñez Domínguez Mujeres directoras de cine: un reto, una esperanza). Y de esas 56 mujeres, únicamente cuatro fueron premiadas en los Goya con el galardón a Mejor Dirección Nóvel a lo largo de esos 20 años: Ana Díez en 1990, Rosa Vergés en 1991, Ángeles González-Sinde en 2004 y Mar Coll en 2010.

Unas cifras que reflejan la realidad de cuán masculinizada estaba, no solo la profesión de director, sino también la mayoría de los puestos creativos y técnicos en los medios audiovisuales.

Un panorama actual desolador

Se tiende a pensar que las películas hechas por mujeres tratan en exclusiva de temas que solo nos atañen a nosotras. Por una parte sí, y además era algo necesario. Pero es que aún a día de hoy se sigue haciendo una distinción entre películas generales, para todo el mundo, y películas para mujeres. Esta problemática es evidente desde el momento en el que se estandariza que el cine hecho por hombres tiene un mensaje universal, con el cual todo el mundo se puede identificar. Pero el cine hecho por mujeres está exclusivamente dirigido al público femenino, como si nuestras experiencias no fuesen universales. Como si no pudiésemos crear cualquier tipo de historia. O como si no formásemos parte de la mitad de la población mundial. Esto es algo que además promueven las propias productoras a la hora de publicitar ciertas películas. Y que a su vez hace que una parte del público masculino rechace de pleno darles una oportunidad.

Más piedras en el camino

La mirada femenina puede cambiar por completo una historia que ya conocemos. Esto es algo que Sofía Coppola hace muy bien en su filmografía, y que demostró especialmente en 2023 con Priscilla. Y precisamente, tras hacer la película, demandó que las compañías apenas les dan presupuesto suficiente a las mujeres directoras. Mientras que a los hombres les llueven los millones para hacer los proyectos que quieran. De hecho, volviendo al cine español, según el informe CIMA las mujeres reciben de media un 40% menos de presupuesto que los hombres. De las cintas que aparecen en la lista realizadas a partir del año 2000, los presupuestos de todas ellas rondan los dos millones de euros. Recaudados en su mayoría con ayudas públicas, financiación de distintas cadenas de televisión públicas y del ICAA. La única excepción es La Maternal (2022) de Pilar Palomero, que contó con 11,9 millones para su producción. Pero los datos de la vergüenza no terminan aquí.

Aunque desde 2015 el número de mujeres en el sector audiovisual ha aumentado considerablemente, gracias en parte a algunas medidas para lograr una paridad, sigue sin ser suficiente. Según el último informe, las mujeres representan tan solo un 24% en el cargo de directoras. 28% como guionistas. 19% en dirección de fotografía. Y 36% en montaje, el cual sólo ha aumentado un 1% en seis años. Sin embargo, en los puestos más feminizados como diseño de vestuario y maquillaje y peluquería ocupan un 80% y 73% respectivamente. En cuanto a las cadenas generalistas que financian títulos liderados por mujeres está RTVE con un 39%, seguido por muchísima diferencia de Atresmedia Cine con un 9%. En el caso de Telecinco Cinema es de un 0%. Pero los datos no acaban aquí porque además, el 60% de las mujeres que trabajan en el sector audiovisual han confesado haber sufrido algún tipo de violencia sexual.

Aún queda lucha por la igualdad

En 2023, la actriz Jedet denunció al productor Javier Pérez Santana de agresión sexual en la fiesta posterior a los premios Feroz. No solo fue una denuncia pública, sino también por la vía legal. Y además otros asistentes a la fiesta como Marc Ferrer, Bob Pop e Itziar Ituño señalaron actitudes de acoso de esta misma persona. Un año después y a pocos días de los premios Goya, algunas actrices y trabajadoras del sector audiovisual denunciaron tratos denigrantes, abuso de poder y violencia sexual por parte del cineasta Carlos Vermut y el director Armando Ravelo. Y hace unos meses, 27 mujeres afirmaron haber sufrido acoso sexual del director Eduard Cortés. Que abusaba de su posición ofreciéndoles trabajo a cambio de fotos y vídeos desnudas. Además, varias actrices veteranas en diversas entrevistas han admitido la gran cantidad de violencia machista que han sufrido a lo largo de sus carreras, principalmente por parte de hombres en puestos de poder.

¿El #MeToo español?

El hecho de que estas mujeres ahora se sientan más seguras para denunciar estas situaciones es un gran avance. Y como dijo Sigourney Weaver durante la rueda de prensa de los Goya, que se hagan públicas estas denuncias hace que trabajar en este negocio sea más seguro para todas. Sin embargo, el hecho de que esto siga sucediendo, y muchas afectadas no se atrevan a denunciarlo, ya pone sobre la mesa el problema principal. Que es el hecho de que estos hombres continúan sintiéndose intocables, al menos lo suficiente como para seguir perpetuando estos comportamientos y agresiones sin miedo a sufrir consecuencia alguna. Y ya no solo que las denuncias por la vía legal queden reducidas a nada, sino además que puedan seguir trabajando como si nada. O incluso hacerse aún con más poder del que tenían. Por ejemplo, es cuanto menos curioso que después de que saliera a la luz que las grabaciones de los casting de las actrices acababan en páginas porno, cierto director comience a hacer las películas familiares más taquilleras del verano para lavar su imagen.

Aún con todo este ambiente hostil, cada vez son más las mujeres que quieren que sus historias sean contadas. Y nosotros como espectadores tenemos el poder de apoyar estos proyectos para que continúen haciéndose. Está claro que no podemos conseguir que aquellos que manejan el dinero, apuesten por historias que, como a ellos no les interesan, piensan que no le importarán a nadie. O que los hombres misóginos que aún trabajan en la industria, comiencen a tratar como seres humanos a sus compañeras. Pero sí tenemos la responsabilidad de no premiar ni respaldar a aquellos que sabemos que no lo están haciendo bien. De señalar algo cuando no es justo. De creer a las víctimas. Y de seguir luchando por todas aquellas que quieran abrirse un hueco en el sector audiovisual, para que reciban las mismas oportunidades reales de llegar a los puestos creativos y de poder. Y que para próximas listas de películas, aparezcan muchas más directoras con el mismo prestigio y reconocimiento que han tenido siempre ellos.

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Patri Bop

Editora de vídeo a ratos, friki todo el tiempo

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