El cine a veces sirve como un espejo, un medio donde no solo tiene cabida la ficción, sino también las historias y las grietas más íntimas de quienes crean las películas. A lo largo de los años, muchos directores han encontrado en la pantalla un lugar donde volcar su propia realidad y donde transformar sus fantasmas en imágenes capaces de respirar por sí mismas, pero si alguien destacado de nuestro cine patrio sabe hacerlo a la perfección es sin duda Pedro Almodóvar. Tras haberse abierto en canal con Dolor y gloria en 2019, el director manchego vuelve a rescatar fragmentos de su vida para ponerlos al servicio de su arte con Amarga Navidad desde este 20 de marzo.
Sinopsis
Elsa es una directora de publicidad cuya madre muere durante un largo puente del mes de diciembre. Encuentra refugio en el trabajo, aunque es más bien una huida hacia adelante. Trabaja sin parar y, sin darse cuenta, no se concede el tiempo necesario para guardar el duelo por la ausencia materna. Hasta que una crisis de pánico la obliga a detenerse e imponerse un descanso. Su pareja, Bonifacio, es su tabla de salvación en esos momentos de crisis. Elsa decide viajar a la isla de Lanzarote acompañada por su amiga Patricia, que también necesita alejarse de Madrid, mientras que Bonifacio se queda en la ciudad.
Historias dentro de una historia
Amarga Navidad cuenta una historia autobiográfica dentro de otra. Por una parte tenemos la historia de Elsa, el trauma insuperado de la muerte de su madre, la crisis de pánico que le obliga a tomarse un descanso y el viaje a Lanzarote con su amiga Patricia. También tenemos a Bonifacio, un joven bombero y stripper que mantiene una relación con Elsa y se desvive por ella, y a su amiga Natalia, que está pasando un terrible duelo. Por otra parte, tenemos a Raúl Durán, un guionista que quiere volver a la palestra, junto a Mónica, que tras años siendo su representante, decide tomarse una excedencia para apoyar a su pareja en un momento muy duro. A ellos les acompaña Santi, el sustituto de Mónica en su ausencia y quien parece tener algo más que una relación profesional con Raúl.
A través del metacine, Raúl es quien crea la historia de Elsa y de todo su universo mediante su nuevo guion, que a ratos, se le resiste. Raúl convierte a Elsa en su alter ego desde el que canaliza sus propias vivencias, partiendo del trauma de la muerte de su madre durante el puente de diciembre. Pero Raúl no se limita a plasmar únicamente su historia, sino también la de quienes le rodean, hasta el punto en el que se le va de las manos. Amarga Navidad es un gran ejemplo para el metacine. Las dos tramas están entrelazadas con fluidez y se mantienen en sintonía durante toda la película. Evolucionan en paralelo y crecen de manera orgánica hasta desembocar en un clímax que sumerge de lleno al espectador y lo deja con ganas de más.

Unas interpretaciones que desbordan
Además de ser uno de los mejores directores de nuestro país, Pedro Almodóvar ha demostrado durante su larga trayectoria que sabe detectar talento y escoger al mejor elenco posible para dar vida a sus personajes. Barbara Lennie hace un trabajo impresionante, cargado de matices y con una capacidad de transmisión muy potente. Hace que vivas su angustia y sus miedos desde la butaca, logrando una conexión brutal con el espectador. Patrick Criado la acompaña con ternura y calidez, construyendo un personaje que consigue despertar un cariño inmediato y Milena Smit con una fragilidad muy bien sostenida a lo largo de la película.
Aunque para mí los que han construído un tándem perfecto han sido Aitana Sánchez Gijón y Leonardo Sbaraglia. Partiendo de la extensa relación de sus personajes, ambos en escena comparte una química palpable e intensa que desborda. Mantienen una conexión tan orgánica como magnética que resulta adictiva. Ambos son unas bestias interpretativas y lo demuestran con creces una vez más. Esa obsesión y desequilibrio inquietante por escribir su obra que transmite Leonardo mediante su personaje y esa mezcla electrizante de vulnerabilidad y fuerza, característico de Aitana, que atraviesa la pantalla y pone los pelos de punta elevan la película y la transforman en una experiencia arrolladora.

Un clímax en estado puro con final abierto
Como ya he mencionado en los párrafos anteriores, Amarga Navidad está tan bien construida que te deja con ganas de más. Ambas historias son un viaje emocional vertiginoso, lleno de giros, que a medida que se va acercando el clímax se fusionan y estallan con una fuerza impactante e hipnótica, que dejan como resultado un final abierto y con sed de una segunda parte. Sin querer hacer demasiado spoiler, me gustaría destacar de nuevo el trabajo de Aitana Sánchez Gijón y Leonardo Sbaraglia, concretamente en una escena que tiene todo el potencial para pasar a la historia como una de las más memorables de la filmografía de Almodóvar.
El cameo de Amaia y su homenaje a Chavela Vargas
Nada es casual en Amarga Navidad. Todo está minuciosamente hilado, incluído el título que hace referencia a una de las canciones más icónicas de Chavela Vargas. La película rinde un pequeño homenaje a la cantante mexicana, incluyendo algunas de sus canciones y un precioso cameo de Amaia cantando Las simples cosas. Una versión llena de emoción y sensibilidad que se convierte en uno de los momentos más mágicos del filme.
Y si hablamos de cameos icónicos que aportan un toque de humor, resulta imposible no mencionar a Carmen Machí como doctora, que casualmente su presenta como la Dra. García y en su bata pone Dra. A. García, como en la serie Aída. Por otra parte, también tenemos el cameo de Rossy de Palma, veterana chica Almodóvar, con un personaje breve pero desternillante que organiza una fiesta a la que asisten otros rostros bastante famosos.
La nueva catarsis de Almodóvar
Amarga Navidad es otra catarsis magistral de Pedro Almodóvar, en la que vuelve a desnudar uno de sus traumas más íntimos a través de un metacine brillante. Tiene un elenco excepcional que transmite las emociones de manera tan intensa que es imposible no quedarte pegado a la pantalla. Su ritmo es muy fluído y todos los detalles están muy bien hilados y cohesionados. A pesar de sus casi dos horas de metraje, la película se hace corta y con un final abierto que te deja con ganas de más. Con Amarga Navidad, Almodóvar vuelve a explorar con sensibilidad y profundidad temas universales como el duelo y el paso del tiempo, ofreciéndonos una experiencia cinematográfica que conmueve, atrapa y perdura en la memoria.
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