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Historias ilustradas: ¿acompañar el texto o reinterpretarlo?

El Ateneo de Madrid acogió ayer una de las charlas más esperadas dentro del festival ILUSTRAWEEKMADRID 2025: Historias que ilustran: el ilustrador ante las obras literarias. ¿Lectura o intervención?. Moderada por Javier Ortega, jefe editorial de Lunwerg, la mesa reunió a ilustradores de renombre como David de las Heras, Adolfo Serra, Sara Herranz, Lady Desidia y Esther Gili. Durante más de una hora, el público pudo adentrarse en el complejo proceso de traducir un texto en imagen y el delicado equilibrio entre interpretar, transformar y respetar la esencia de una obra literaria.

¿Cómo es enfrentarse a la tarea de ilustrar una obra clásica?

Desde el inicio, quedó claro que enfrentarse a un texto clásico no es una tarea sencilla. «Leer el libro es lo primero. Parece obvio, pero hay quien no lo hace», comentó entre risas uno de los ponentes. Sin embargo, la lectura no es un acto pasivo. Los ilustradores realizan una primera inmersión como lectores para, en una segunda vuelta, buscar imágenes y convertir el texto en una metáfora visual. Es un proceso de exploración que implica definir una paleta de colores, establecer un estilo y, en muchos casos, sumergirse en la época de la obra a través de referencias artísticas, cinematográficas y culturales. «Cuando ilustré Extramuros, sentí la necesidad de vivir la experiencia desde dentro y estuve un tiempo en un convento», compartió Sara Herranz, subrayando el nivel de compromiso y documentación que muchos artistas aplican en su trabajo.

El impacto que tiene una obra sobre su ilustrador es innegable. Algunos, como David de las Heras, mantienen una técnica constante que adapta matices según el proyecto. Otros, en cambio, permiten que cada encargo los transforme. «Cada libro que ilustro deja algo en mí. Es un aprendizaje constante, un ir y venir de influencias que acaban permeando mi estilo», explicó Esther Gili.

¿Cómo es trabajar para una editorial como Lunwerg?

El debate también abordó la relación entre ilustradores y editoriales, una dinámica que puede ser tanto enriquecedora como frustrante. «Es esencial que haya confianza mutua y un diálogo respetuoso», afirmaron los ponentes. Sin embargo, las tensiones aparecen cuando personas ajenas al arte intentan imponer criterios visuales. «El problema surge cuando se quiere modificar la obra sin entender el discurso visual», apuntó uno de los ilustradores, reflejando una preocupación frecuente en el sector.

La portada, siempre requerida en las primeras fases del proceso, es otro desafío: «A veces la portada define el estilo del libro porque no nos dan otra opción», reconocieron. Los autores compartieron una reflexión sobre la importancia del tiempo en la creación de ilustraciones. «Si tuviera un año para un libro, haría 60 ilustraciones, pero la realidad es que los tiempos editoriales nos obligan a ajustar nuestras expectativas», comentó uno de los participantes. 

ilustrador Esther Gili

¿El ilustrador debe dejar su «huella» cuando ilustra?

La conversación derivó en la cuestión del estilo. ¿Debe el ilustrador dejar su huella en cada trabajo o es preferible moldearse al libro? La opinión fue unánime: mantener un equilibrio. «Si me preocupo demasiado por que se me reconozca en un proyecto, le estoy poniendo límites», señaló David de las Heras. La interpretación visual de los clásicos conlleva un reto añadido: enfrentarse al imaginario colectivo preexistente. «Pero nosotros somos un lector más y eso es liberador», agregó otro ponente.

Otro punto interesante fue el cambio en la percepción del público respecto a la ilustración en los libros. «Ya no es solo un complemento, sino una parte fundamental de la experiencia de lectura», destacaron. El texto ilustrado genera un nuevo tipo de diálogo con el lector, ofreciendo interpretaciones visuales que enriquecen la comprensión y la emoción de la obra.

lunwerg ilustrador

¿Es compatible el uso de la IA con el futuro de un ilustrador?

El debate sobre la ilustración y su conexión con la obra literaria cobra una nueva dimensión en un contexto donde la inteligencia artificial está irrumpiendo en la creación visual. Durante la charla en el Ateneo de Madrid, los ilustradores hablaban de la necesidad de conectar con el texto, de investigar y de encontrar un estilo propio que sirva como puente entre la obra original y la visión del ilustrador. En contraste, las herramientas de IA pueden generar imágenes en segundos a partir de patrones y referencias preexistentes, sin ese proceso de inmersión ni interpretación personal.

La IA y el debate de Studio Ghibli

Un ejemplo reciente es la controversia sobre el uso de IA para imitar el estilo de Studio Ghibli, algo que ha generado un fuerte rechazo por parte de artistas y del propio Hayao Miyazaki, quien en su momento calificó esta tecnología como una “afrenta a la vida misma”. No obstante, más allá del rechazo inicial, la IA no tiene por qué ser vista como un enemigo de la ilustración, sino como una herramienta que, bien utilizada, puede complementar la creatividad humana. La clave está en diferenciar el arte nacido de la experiencia, del estudio y la emoción del simple resultado automatizado. Quizás, como mencionaban los ilustradores en la charla, lo importante no sea la herramienta en sí, sino el propósito y el alma que el artista consigue transmitir a través de ella.

Concluyendo, la charla en el Ateneo no solo sirvió para desentrañar los secretos del oficio, sino que también planteó preguntas fundamentales sobre el futuro de la ilustración y su diálogo con la literatura. En un mundo donde la imagen tiene cada vez más peso, queda claro que el arte de ilustrar libros no solo sobrevive, sino que evoluciona constantemente, adaptándose a nuevos desafíos y oportunidades.

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Rut Domene

Fotógrafa y directora de foto con ojo clínico para la estética. En Team Up reseño pelis, cómics y libros infantiles, con debilidad por el arte, la fotografía y los temas sociales. También me gustan los gatetes, claro! 🐱

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