• Mié. Jul 29th, 2026

20000 especies de abejas – La inocencia del descubrimiento

En una época en la que vivimos un retroceso moral y jurídico en muchos aspectos, la realidad siempre supera la ficción. Recientemente, Orbán, presidente de Hungría, prohibió la manifestación del orgullo en Budapest supuestamente para proteger los derechos de la infancia. En ambientes hostiles como los de la sociedad actual, lo peor que se puede hacer es señalar, perseguir y condenar sentimientos. Precisamente, es a gente como Orbán a quien se debería reeducar con películas como 20000 especies de abejas. Cuando la naturalidad y la inocencia se abren paso en los tiernos ojos de quien busca su identidad.

20000 especies de abejas – un cuento sobre la vida

Con su ópera prima, la directora Estíbaliz Urresola Solaguren nos muestra una historia realista y natural de una madre que va con sus tres hijos a casa de la abuela, en un entorno rural del País Vasco para pasar unas vacaciones familiares. Uno de sus hijos, Aitor, no quiere ser llamado por ese nombre. No se siente cómodo con él, y a pesar de que la gente le sigue viendo así, trata de encajar al mismo tiempo que busca un nombre con el que sentirse a gusto. Al mismo tiempo, las diferentes mujeres de su familia representan puntos de vista distintos desde los que asumir esta realidad, al tiempo que lidian con sus propias vidas.

El tema principal de la película, la búsqueda de la identidad, y, dentro de la misma, la identidad de género, podría suscitar debates enconados. Sin embargo, la forma en que la directora afronta y muestra la cuestión no solo es inteligente, sino también delicada y emotiva. El enfoque destaca al hacerlo desde la inocencia de una niña trans que, como cualquier persona que se ha visto en su situación, se siente confundida con el mundo. Bastante difícil es ya entenderlo al tiempo que lo vas descubriendo como para ver que no encajas, mientras te vas haciendo preguntas. Sin entrar en maniqueísmos, ni discursos forzados ni políticos, la realizadora acierta con una cercanía que se siente muy real y te llega al corazón. Sin imponer, solo observando lo que podría ser el día a día de nosotros o de nuestros seres queridos.

Entornos naturales y naturales interpretaciones

Con una producción y montaje de secuencias naturalista y realista, dejando la cámara puesta mientras desfilan frases y situaciones cotidianas entre familia, vecinos y amigos de un entorno rural y cerrado, la magia de la película radica en esas conversaciones aparentemente intrascendentes donde las personalidades de sus protagonistas y la realidad de cada uno se van haciendo latentes. Especialmente con esos paneles de abejas de su tía en plena montaña entre los que las confidencias y las verdades van saliendo a relucir. Con sencillez, comprensión y un cariño más necesario que nunca a ciertas edades.

Con un final abierto pero revelador, de los que tocan la fibra, el guion no imita sino que refleja la vida. Porque la vida no es como en el cine, pero el cine sí puede retratar la vida con la cercanía y sencillez que desde dentro somos incapaces de ver. Para ello, es imprescindible que haya unas actuaciones a la altura. Hay una gran química y complicidad entre todo el elenco familiar. Especialmente entre la madre, Patricia López Arnáiz, la tía, Ane Gabaraín, y la pequeña Sofía Otero. Esta última, además, tan entrañable, tan confusa, tan vital, que le valió el premio Oso de Plata a Mejor interpretación protagonista en el prestigioso Festival de Berlín. Para vergüenza de España, por las normas de edad de la Academia, la pequeña actriz no pudo ni ser nominada a los Goya. Una injusticia que quizá algún día pueda ser reparada.


20000 especies de abejas – para todos los que buscamos un lugar

En definitiva, estamos ante un film que trata algo tan complicado y a veces duro como la identidad personal y la búsqueda de un lugar en la sociedad. Su grandeza, en los pequeños detalles, está en que lo consigue desde una mirada amable y abierta, con familiaridad y cercanía. Con unas actuaciones tan alejadas de pomposidad como naturales y realistas, esos paneles de abejas, esas colmenas que suponen nuestro refugio ante los momentos más adversos, son los lugares en los que debemos crecer y ser entendidos. Una película inspiradora para los que pasen por una situación similar o para los que simplemente tratan de buscar su lugar y su gente en el mundo. Y, perdonen la licencia, que se joda quien no lo entienda.

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