Una de las pioneras a la hora de replicar la fórmula de éxito de From Software y compañía fue la serie Nioh. Aunque se podían encontrar en sus propuestas muchos conceptos y dinámicas de la serie souls, también supo adquirir una identidad propia con decisiones que se alejaban mucho de la obra de Miyazaki: una estructura por misiones, una ambientación histórica con toques de fantasía (con los yokai como principal enemigo) y un sistema de combate que añadía las mecánicas de las posturas y el ki, le hicieron ganarse un hueco en el corazón de muchos fans.
Nioh 2, dentro de lo continuista, pulió esa identidad hasta el máximo, y aún a día de hoy sigue siendo un juego muy valorado y querido por la comunidad. Sobre estos aciertos, Nioh 3 edifica un enorme salto de calidad y escala que lo consolidan como una de esas rarezas capaces de soportar las comparaciones con Dark Souls.
Aunque aún no hemos completado su versión completa, sí que hemos podido empaparnos de su extensa demo, para así constatar sus numerosos e interesantes añadidos que, con lo jugado hasta el momento, le sitúan como un imprescindible; eso sí, puede que no tanto de la estela de Miyazaki, de la cual se distancia (acertadamente) cada vez más, sino de los aficionados que ya disfrutaron con las dos entregas anteriores.
Mejorando la excelencia
En Nioh 3 volvemos a manejar a un personaje diseñado por nosotros mismos que recorrerá una suerte de Japón feudal invadido por yokais, a la vez que nos encontraremos con ciertas figuras históricas con las que compartiremos aventuras. Aquí comienzan las primeras e importantes diferencias con sus antecesores. Hasta ahora, la serie se había construido mediante un sistema de misiones y niveles cerrado, no tanto como los mundos abiertos y semi-abiertos típicos del género.
Sin embargo, eso ha cambiado en esta ocasión: en lugar de obligarnos a recorrer múltiples localizaciones, repartidas por misiones, tendremos tres pequeños mundos abiertos que explorar, conformando una sola región entre todos ellos.

Se nota que el estupendo Rise of the Ronin era un primer experimento para prepararse para la apuesta que han hecho en Nioh 3. Por supuesto, esto da pie, no solo a que contemos con misiones principales y secundarias integradas en un mismo escenario, sino también a que surja el afán de exploración, algo no tan orgánico en los anteriores Nioh por su idiosincrasia.
También hay espacio para los vicios habituales del Team Ninja, y que en la serie Nioh siempre se han sentido libres para explotar al máximo: Nioh 3 se aleja por completo de la corriente que intenta acercar los souls-like a un público más amplio, ofreciendo una experiencia aún más exigente y compleja si cabe. Gran parte de la culpa, más allá de la endiablada dificultad que ostenta la marca, es por la multitud de sistemas que nos obliga a dominar y tener en cuenta.

UNA CLARA EVOLUCIÓN
Las posturas, la mejora y evolución de las armas, las formas yokai, el sistema de ki… todo eso sigue presente en Nioh 3; sin embargo, se ha añadido una mecánica que, sin duda, es la protagonista de esta nueva aventura, y es la transición entre los estilos ninja y samurai. Hasta ahora, Nioh se configuraba como un souls-like en el que teníamos una build global que ir configurando a nuestro gusto. Esto aquí se diversifica, teniendo dos formas diferenciadas con sus propias afinidades y fortalezas sobre las que construir sendos personajes.
El ninja se basa en las esquivas perfectas y las técnicas ninpo, con un estilo de juego frenético y arriesgado, al basarse en una build de armadura ligera; el samurai, por su parte, puede darnos un enfoque más parecido a lo que hemos venido disfrutando hasta ahora, con un combate pesado (en el mejor sentido) y muy punitivo. La gracia de este sistema es que podremos alternar entre ambos, sin penalización y con facilidad, con un solo botón; será vital dominar esta mecánica, ya que además sirve como parry para ataques que, de otra forma, no pueden bloquearse.

BAJAS EXPECTATIVAS
Sinceramente, no pensaba que este sistema fuera a convencerme demasiado, pero fue un error por mi parte: jugar como ninja en el contexto de un Nioh se siente espectacular, dando una fluidez a las contiendas que, aunque ya se abrazó en Rise of the Ronin, en Nioh 2 aún estaba empezando a rozarse. Sumado al sistema de posturas y a la variedad que da la alternancia con el samurai, hacen que Nioh 3 tenga un sistema de combate más rico que nunca.
Es cierto que, en estos primeros compases, ya se empieza a notar mucho ese «3» en el título con el reciclaje de armas y enemigos, pero el mundo abierto y la revisión de sus mecánicas le dan un nuevo sabor a todo el conjunto.
Hemos podido jugar esta prueba en una PS5 (modo rendimiento, no lo dudéis), y no vamos a encontrar nada que no esperáramos; Team Ninja nunca ha sido sinónimo de portento gráfico, y aquí, aunque probablemente sea su título más puntero a nivel técnico, no esperéis alardes espectaculares de músculo técnico.
Primeros pasos en Nioh 3. Un brutal souls-like
Aunque estamos seguros de que el juego final ofrecerá muchísimo más contenido y sorpresas, lo que hemos podido probar de momento no podría ser más esperanzador. Nioh 3 vuelve con una propuesta exigente y compleja como solo el Team Ninja sabe plantear, con novedades de peso y muy acertadas. Quien ya hubiera descubierto la identidad de esta saga puede que no le sorprenda, pero realmente podemos estar, no solo ante la mejor versión de Nioh, sino también ante uno de los souls-like más destacados de los últimos años.
Es una alegría que todos los derivados de la corriente From Software que surgieron en aquel momento, como la serie Code Vein o este Nioh, se estén haciendo fuertes explorando su identidad en lugar de seguir transitando la ruta de los grandes. Se está construyendo poco a poco un nuevo olimpo del género, con nuevas reglas y dinámicas, y Nioh 3 tiene todas las papeletas para ostentar un papel destacado en él. Ya estamos jugando a la versión completa del mismo, así que en breves tendréis un análisis más completo del juego.
