• Mié. Abr 17th, 2024

Operación Triunfo 2023: la edición del amor libre, la juventud y el fandom que cruzó el charco

Operación Triunfo siempre ha sido un formato, un producto, que ha sabido adaptarse a los tiempos en los que aterrizaba. Desde las ediciones más clásicas con los rizos de Bisbal y los lloros de Bustamante, pasando por el cambio de estilo cuando el programa llegó a T5 y la audiencia mostraba más interés por las tonterías que decía Risto Mejide cada semana. Hasta las ediciones de 2017 en adelante que estuvieron marcadas por el auge de las redes sociales, el canal 24H, la inclusión y el amor libre.

Pero como todo, el reality necesitaba respirar y buscar una nueva identidad puesto que abandonaba la presión de las cadenas de televisión tradicionales para llegar como formato estrella a Prime Video. Hemos llegado al final de esta edición y toca hacer balance más allá del ganador o ganadora, más allá de los shippeos y de las kivistas, los polvorones, las estrategias y las carpetas. 

OPERACIÓN TRIUNFO en Prime Video

Era todo un reto para Prime Video afrontar un formato como OT. Las cosas como son. No tanto por el tema directo, rol que nunca dejó de asumir el canal de YouTube, sino más bien por el hecho de producir un programa de televisión, con todo lo que ello conlleva. De hecho la parte de Operación Triunfo 2023 que más podría criticar, para mal, sería precisamente esa parte que tiene que ver con la realización del programa.

Cada semana pasaban cosas. La realización brillaba por su ausencia, regalandonos planos imposibles y encuadres que no tenían sentido. Los micrófonos funcionaban como de aquella manera (aunque es verdad que tardaron pocas semanas en mejorar hasta no dar fallos).

Cierto es que el formato antiguo de las galas de Operación Triunfo, que rondaban las tres horas, en 2024 ya se sentía algo denso. Por ello cuando Prime Video anunció su idea de hacer galas de dos horas, de reloj, di palmas con las orejas. Pero cuando vi que esa reducción era a coste de la calidad del programa, ya no me puse tan contento. Las galas siempre se han sentido atropelladas y abruptas. Carentes de personalidad. Las intervenciones de los concursantes demasiado breves y una estructura excesivamente mimética. Y los resúmenes de la semana de cada concursante estaban calculados con una frialdad matemática digna de los personajes de Quién engañó a Roger Rabbit.

En conclusión, todo se resume en que si tienes que afrontar, como productor, un formato de dos horas, tienes que hacerlo con todas las consecuencias. Pero si para ello tienes que sacrificar la calidad del mismo, no me parece correcto. Y ahora abramos un melón que media España se niega a abrir: CHENOA.

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CONECTANDO GENERACIONES

Como si de un festival de música indie a orillas de un río se tratase, Operación Triunfo necesitaba una buena cabeza de cartel fuera la cara, la imagen del regreso del formato tras tres años de silencio. Y esa fue Chenoa. Una persona, un referente capaz de unir dos generaciones, las que aún recuerdan la primera edición de Operación Triunfo y los que se enganchan ahora. En ningún momento nos pareció una mala elección, hasta que caímos en que Chenoa nunca había presentado nada. Y seamos sinceros, presentar no es fácil. Chenoa le puso todo el cariño del mundo pero en un terreno como la televisión, eso no lo es todo. Y más en un formato que ha tenido a grandes presentadores como Roberto Leal y Jesús Vázquez. La ex-concursante se mostró siempre nerviosa, despistada, carente de confianza y seguramente presionada por las órdenes que recibiría cada noche por el pinganillo. No la quitaría del formato pero la trasladaría a una sección con menos presión. Una presión que sólo descendía cuando Masi entraba por el pasillo y como dos besties coreaban el nombre del nómada favorito de la semana.

LA JUVENTUD

Como parte de la imagen renovada del formato también se cambió el perfil del jurado y parte del profesorado del concurso. Se acabaron los señoros. El poner como parte del jurado a perfiles como Cris Regatero o Pablo Rouss me pareció un acierto desde el primer momento. Dos personas jóvenes capaces de conectar con el target principal del programa. Eso, sumado a la ácida lengua de Buika, han hecho del jurado un diez de diez. Obviando ciertas decisiones que provocaron que más de uno nos cuestionaramos si de verdad estaban haciendo bien su trabajo. Y permitidme que insista en Buika porque la cantante y productora se convirtió en algo parecido al Risto Mejide de Operación Triunfo 2008. Sin las faltas de respeto, claramente. Pero aún así logró que parte de la audiencia se pegara a la pantalla sólo para ver que frase soltaría Buika cada semana.

Dentro de la Academia también hubo cambios. Pablo Lluch. Nos conquistó en los castings, dónde ayudaba a los aspirantes con las canciones que defendían para pasar a la siguiente fase. A Noemí y Manu también les conquistó así que lo metieron como miembro del profesorado. Y nosotros tan contentos. Pablo ha sido esa figura coetánea a la que los concursantes se han podido agarrar en los momentos de angustia vital frente a las teclas o frente al micro.

Y el otro gran fichaje fue Abril Zamora. La profesora de interpretación. Un puesto que ha cambiado tanto como el de profesor de defensa contra las artes oscuras de Hogwarts. Abril ha sabido conectar con los chicos desde el principio. Con un método muy cercano al de los Javis pero con la misma intensidad que Iván Labanda.

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OT AL DIA Y LA POSGALA

Hay una frase muy socorrida y muy básica que es: si algo te funciona no lo quites. Y en las ediciones de 2017-2020 había algo muy concreto que gustaba y mucho, EL CHAT. Un encuentro desenfadado en el que los concursantes; ya a gala pasada; cantaban, se disfrazaban y despedían oficialmente al compañero expulsado. Los profes también estaban y nos dejaron momentos muy icónicos como el chat de Disney entre otros.

Mientras que para esta edición diseñaron el formato POSGALA en el que los concursantes desde el mismo plató mantenían esta conversación con el resto de profesores (y el público que aún seguía por allí). Algo mucho más frío ya que daba la sensación de que los concursantes no acababan de desconectar de lo que habían vivido en la gala.

Y luego tenemos el formato magazine OT al día. Un producto que, creo realmente, que no ha visto prácticamente nadie, salvo que fuera algún concursante por el que sentían adoración. No olvidemos que la fuente principal para todos los salseos, dramas y broncas sigue y seguirá siendo Tik Tok y Twitter. No era necesario. Y ya lo de tener a Mario Marzo como tertuliano, quien en sus ratos libres aprovechaba para criticar y poner en duda las decisiones del jurado o del profesorado, pues bueno, una decisión bastante cuestionable. El carisma de Xuso Jones y Alejandra Castelló, totalmente desperdiciado. Quizá habrían sido de más utilidad en un hipotético chat haciendo team con Masi.

EL AMOR LIBRE Y EL FANDOM QUE CRUZÓ EL CHARCO

Llegamos al final del artículo para hablar de, quizá, el aspecto más importante de esta última edición. La conexión con el público y la moral que han predicado desde las paredes de la academia. Lo primero sería el amor libre. Ya en la edición de 2017 pudimos ver como expresaban con libertad todos estos sentimientos pero quizá en esta lo han hecho con todo su corazón. Los concursantes han expresado, sin miedo y sin tabues todas sus emociones. El amor pasional entre Juanjo y Martin. El amor fraternal entre Omar y Ruslana. Y otros amores menos manifestados pero más pasionales entre bueno, ya sabéis quienes. No es ese tipo de artículo. También se ha defendido y respetado el cuidado de una buena salud mental. Para aquellos que vivimos con estos altibajos, ver a Ruslana o Paul derrumbarse no hizo más que humanizarlos.

Me atrevería a decir que el fandom que ha generado esta edición es el más fuerte hasta la fecha. El más involucrado. Para bien y para mal. Un fandom que ha logrado hitos como que se colgara un anuncio de «Salvar Chiara» en Times Square o que a los miembros del cast de La sociedad de la nieve les llegaran las canciones de un tal Lucas. Han llenado todas las ciudades por las que los concursantes han pasado firmando discos, algunas de ellas dos veces. Las entradas de la gira están volando literalmente y ciudades como Madrid han tenido que poner una segunda fecha porque habían llenado el Wizink Center.

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HISTORIAS POR CONTAR

Les ha costado pero tienen su himno. Y muchos de ellos ya están promocionando su primer single. El primer ladrillo de sus carreras musicales. Ahora sólo queda desearles lo mejor, a los dieciséis, que no olviden que les llevó a presentarse a aquellos castings. Lo que les dará fuerzas para pelear cada día. Ahora forman parte de la familia de Operación Triunfo y eso es algo que les acompañará siempre. Y depende de ellos y sólo de ellos de aprovechar el foco, la formación recibida para triunfar o para ser simplemente una nota a pie de página en la historia del formato.

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Alberto Oliver

Musicólogo, periodista cultural y escritor. Friki orgulloso. Hablo de cine, series, música y salud mental.

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