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«Hasta que nos duelan las costillas», de Javier Navarro-Soto Egea

PorChristian Nieto Tavira

Abr 18, 2024

alguien que te aprecia mucho nunca

te asestaría esa puñalada

alguien que te aprecia mucho nunca

te animaría para que crecieras

-se supone que el amor no duele

si nuestros padres nos quisieran de verdad nunca nos permitirían

empezar a ser adolescentes-.

 

Hasta que nos duelan las costillas es un libro de Javier Navarro-Soto Egea (Lorca, 2001) que consigue llegar al corazón, mediante un largo poema que es a la vez origen, testimonio y legado.

Publicado por Cicely Editorial para su colección Flores en el balcón, el libro es todo un viaje de autoconocimiento a través de los recuerdos, la vida y todo lo que es de verdad.

 

Amarga adolescencia

Hasta que nos duelan las costillas

 

Tanto la infancia como la adolescencia son épocas de cambios, épocas donde todo se termina magnificando y que, vistas desde el promontorio que es el ser adulto, todo se vuelve más y más pequeño.

Uno puede recordar fácilmente las tardes de los Tamagotchi y la Game Boy, las mañanas de Dragon Ball, las sobremesas de Los Simpsons y toda una época donde los momentos que marcarían el rumbo del siglo XXI, quedarían pequeños a nuestro lado porque, de alguna manera, lo que nos importa son otras cosas.

Lo que Javier Navarro-Soto Egea consigue en Hasta que nos duelan las costillas es de muchas formas abrazo y también un vómito hacia lo que se fue, hacia esa amarga adolescencia que no nos prepara a un futuro realmente indigno. Y al final la infancia es, como indica el autor es unos versos tan dolorosos como certeros, «una edad de tránsito entre la pureza y la violencia».

El poemario es toda una auténtica confesión, donde Javier habla de lo que le rodea, ama y preocupa, de sus miedos y amores, logrando un espejo cóncavo donde podemos mirarnos como lectores que también hemos pasado por algunas de esas cosas.

El poeta, con todo, no olvida ni perdona, plaga de referencias el libro y queda como una vía de escape ante la incomprensión de quienes odian al que ama libremente, al que decide volar a su antojo.

 

Un ejercicio descomunal

El viaje que propone Hasta que nos duelan las costillas es agotador en suma pero tremendamente hipnótico, con ecos de Paquita Salas y donde la ficción de Calvo y Ambrossi se vuelve capital. Haciéndolo y llegando a lo que nos quiere llevar Javier, sientes que sus versos han evolucionado y han crecido con él. Es un primer libro con sabor a primer libro, indudablemente, pero es un paso siempre necesario como alguna vez le leí a la poeta Raquel Lanseros.

Además, este ejercicio descomunal deja clara una voz poética desarraigada pero también hogareña, cálida como el beso de dos enamorados y con una mirada brutalmente descarnada hacia la adolescencia. La voz de Javier es también clara y única, la de alguien que, sin proponérselo, va a cambiar las reglas del juego.

ASÍ PUES LA ADOLESCENCIA ES

una iglesia en la que suena

música de Lorde.

 

Yo también soy poeta, también fui adolescente aunque cada vez me acuerde menos. Y puedo reconocer en los versos de Hasta que nos duelan las costillas a un poeta que ha venido para quedarse, ojalá todas las óperas primas fueran igual de buenas, con ese regusto tan Luca Guadagnino, tan Jonás Trueba, tan Aftersun, tan Emerald Fennell y los Javis. Tan Lorde. Tan Javier Navarro-Soto Egea.

Puedes hacerte con Hasta que nos duelan las costillas aquí.

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Christian Nieto Tavira

Amante de los cómics y del arte en general. Adora tanto Marvel como DC. Escribe también poesía y ha publicado algún que otro libro.

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