A partir de hoy, Prime Video estrena el documental Tribute, dirigido y protagonizado por Nacho Vigalondo. Esta producción, financiada por Domino’s Pizza, se presenta como lo que el propio cineasta describe: “una mirada autobiográfica, subjetiva, desordenada y emocional al recorrido del videojuego en España”.
Con una duración de 37 minutos, Vigalondo repasa más de cuatro décadas de historia del videojuego en España: desde los primeros títulos creados en ordenadores personales durante los años 80 hasta la era actual marcada por el auge de los streamers y los creadores de contenido.
El documental combina anécdotas y recuerdos personales del director con entrevistas a figuras clave del sector. Entre ellas, Pablo Ruiz y Paco Pastor, fundadores de Dinamic y Erbe Software; periodistas especializados como Sonia Herranz (Hobby Consolas) y John Tones (Mondopixel); creadores como Enrique Urbizu (Los Justicieros) y Conrad Roset (Neva y Gris); además de streamers tan populares como IlloJuan y Baity Bait.
Una mirada íntima al videojuego español
A pesar de sus claras limitaciones de presupuesto y duración, Tribute logra destacar entre otros documentales del mismo estilo gracias a su protagonista, Nacho Vigalondo. El director de cine no se presenta como una figura ajena al medio, sino como alguien que creció junto a los videojuegos y siente un profundo aprecio por su historia. Su mirada subraya tanto el impacto cultural de este sector como los beneficios que puede aportar, en contraste con los prejuicios que durante años arrastró en los medios generalistas.
El guion, coescrito por Vigalondo y Rubén Ajau, ofrece un repaso efectivo del éxito que vivió la industria española durante los años 80 —la denominada “edad de oro del software español”— con títulos como Capitán Sevilla, Destroyer o PC Fútbol. Desde ahí, avanza hasta la actualidad con juegos como Blasphemous y Gris, que han trascendido fronteras y demostrado la capacidad del videojuego español para competir a nivel internacional.
En el apartado audiovisual, la propuesta resulta fresca y divertida, con gags visuales que aportan dinamismo. Destaca, por ejemplo, una escena en la que Vigalondo tapa la cara de un entrevistado con cajas de Domino’s, o la falsa discusión con Baity Bait que, según el propio director, llegó a ser tomada en serio por algún medio.
La principal crítica a Tribute es que sus 37 minutos no bastan para abarcar con justicia los 40 años de historia de la industria española. También se percibe cierta desproporción en el tiempo que reciben algunos testimonios: figuras históricas como Paco Pastor o Sonia Herranz apenas aparecen en pantalla, mientras que la entrevista con IlloJuan se extiende quizá más de lo necesario.
Un puente entre generaciones
En definitiva, Tribute funciona menos como un documental exhaustivo y más como un homenaje al videojuego español. Su mayor virtud está en la mirada cercana y apasionada de Nacho Vigalondo, capaz de mezclar memoria, humor y emoción en un formato ligero que se ve con gusto. Puede que se quede corto para quienes busquen una revisión más académica o completa de la historia, pero como retrato subjetivo, íntimo y honesto, logra transmitir el peso cultural de los videojuegos en España.
Uno de los mensajes más valiosos que deja el documental es cómo los videojuegos han servido de puente entre generaciones. Más allá de la evolución del medio, Vigalondo subraya que el juego crea un espacio de encuentro donde personas de todas las edades hablar un mismo idioma y reconocerse en una misma pasión. Una idea sencilla, pero poderosa, que refuerza la importancia de ver al como una cultura viva y compartida.
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