Una nueva Cumbres Borrascosas para una nueva generación
La nueva Cumbres Borrascosas (2026) llega a los cines este 13 de febrero con una propuesta ambiciosa. La dirige Emerald Fennell, cineasta que ya demostró personalidad en Promising Young Woman y en Saltburn. Su estilo combina elegancia visual con tensión emocional. Aquí toma un clásico absoluto de la literatura inglesa y lo adapta con una mirada contemporánea sin traicionar su esencia.
La película está protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi. Dos rostros potentes del cine actual. Robbie no necesita presentación. Ha demostrado versatilidad en dramas, comedias y grandes producciones. Elordi, tras su salto desde Euphoria y su consolidación en cine, confirma que puede sostener papeles intensos y complejos. Ambos encabezan una adaptación de la novela Wuthering Heights, escrita por Emily Brontë en 1847. Una obra clave del romanticismo británico. Un relato oscuro sobre amor, obsesión y destrucción emocional que ha influido en generaciones de escritores y cineastas.
La novela original no es una historia romántica al uso. Es un retrato áspero de personajes dominados por la pasión, el resentimiento y el deseo. Emily Brontë construyó un universo donde el amor no salva. Destruye. Donde el paisaje refleja el estado anímico de sus protagonistas. Adaptar esta obra exige valentía. No basta con hacer una historia bonita. Hay que entrar en lo incómodo. Y Fennell lo intenta.
Sinopsis sin spoilers
La historia nos sitúa en los páramos de Yorkshire. Un territorio salvaje. Un lugar aislado. Allí crecen Heathcliff y Catherine. Dos almas conectadas desde la infancia. Dos caracteres intensos que chocan con las normas sociales de su época.
Con el paso de los años, las decisiones personales y las presiones externas separan sus caminos. El orgullo, la ambición y las convenciones sociales marcan su destino. El amor que sienten no desaparece. Se transforma, vuelve oscuro y convierte en una fuerza que arrastra a todos a su alrededor.
La película sigue esa relación marcada por la pasión y el conflicto. Observa cómo las elecciones afectan no solo a ellos, sino también a quienes les rodean. El relato avanza entre silencios cargados, miradas intensas y gestos que pesan más que las palabras.
Sin revelar nada clave, basta decir que la historia no ofrece una visión idealizada del romance. Muestra un amor feroz. Un vínculo que duele. Un sentimiento que rompe estructuras familiares y sociales. Esa crudeza define el tono general del film.

Una película de época visualmente impecable
Desde el primer plano, queda claro que estamos ante una película de época bien hecha. La dirección artística cuida cada detalle. El vestuario respeta la ambientación histórica sin caer en la rigidez. Los decorados transmiten humedad, frío y aislamiento. Nada se siente artificial.
Visualmente es perfecta. Muchos fotogramas parecen cuadros. La cámara se detiene en los paisajes. En los rostros. En las manos que se rozan. El estilo de fotografía recuerda al Hollywood dorado. Usa encuadres clásicos. Composiciones equilibradas. Iluminación trabajada con precisión.
Sin embargo, Fennell introduce un toque moderno. No se limita a imitar el pasado. Juega con los claroscuros. Potencia los tonos apagados en las escenas más íntimas. En los momentos dramáticos, aparecen rojos intensos. También el contraste azul-naranja aporta tensión emocional. Esa combinación crea una atmósfera envolvente. El espectador no solo observa. Se siente dentro del páramo.
El ritmo visual sostiene la narración durante gran parte del metraje. Cada escena tiene intención. No hay planos gratuitos. La directora utiliza el espacio como extensión emocional de los personajes. Cuando la relación se tensa, el encuadre se estrecha.
Interpretaciones con química real
Jacob Elordi construye un Heathcliff complejo. No lo presenta como un simple héroe romántico. Tampoco como un villano plano. Le da capas. Mezcla vulnerabilidad y rabia. Su mirada transmite resentimiento. Sus silencios dicen más que muchos diálogos.
Margot Robbie ofrece una Catherine intensa y contradictoria. Caprichosa. Ambiciosa. Apasionada. Su interpretación resulta creíble en los momentos de ternura y en los de manipulación. Ves química entre ambos. Entiendes su romance. Aunque sea destructivo.
Esa química sostiene gran parte de la película. Cuando comparten plano, la tensión se palpa. No necesitan exagerar. Basta un gesto. Una respiración contenida. Esa naturalidad eleva la propuesta.
También destacan los actores que interpretan las versiones jóvenes de los protagonistas. Sus actuaciones no desentonan. Mantienen coherencia emocional. Construyen la base del vínculo que luego explota en la adultez. Sin ese trabajo inicial, la historia no funcionaría igual.
El reparto secundario cumple con solvencia. No eclipsa a la pareja central, pero aporta equilibrio. Cada personaje tiene peso. Nadie está ahí solo para rellenar.

Una temática compleja
La película adapta bien el libro. Introduce algunas licencias. Ajusta ciertos matices. Aun así, respeta el espíritu original. Eso se nota en la crudeza de las decisiones y en la construcción del conflicto.
Ahora bien, para mí la temática resulta compleja. La historia gira en torno a la infidelidad y la pasión. Uno de los personajes mantiene una relación formal mientras desarrolla otra conexión intensa. Ese tipo de romance me genera rechazo. No conecto con esa dinámica.
Parte del romance, sobre todo en la segunda mitad, no me gusta en absoluto. Entiendo que forma parte del clásico. Comprendo el contexto histórico. Sé que la novela explora precisamente ese conflicto. Pero, a nivel personal, me cuesta entrar ahí.
Si disfrutas de libros o películas sobre amores imposibles, relaciones pasionales con un matrimonio de por medio y vínculos que rompen normas sociales, probablemente te encantará. A mí me parece un recurso muy trillado, aunque sé que en este caso es de una obra de 1847. Me cuesta empatizar cuando el motor dramático se basa en esa traición emocional.
Eso no significa que el guion esté mal escrito. La estructura funciona. Los diálogos transmiten intensidad. La evolución de los personajes sigue una lógica clara. Simplemente, la temática no conecta conmigo.
En el último tramo, el ritmo baja un poco. Algunas escenas se alargan más de lo necesario. La tensión pierde fuerza durante unos minutos. No arruina la experiencia. Pero se nota.
Una adaptación sólida que funcionará en cines
Más allá de mis reservas personales con el tema, reconozco que estamos ante una buena adaptación. Respeta la novela. Mantiene su tono oscuro. Ofrece una puesta en escena cuidada.
La película va a funcionar bien en cines. Sobre todo entre el público joven. También entre quienes aman los romances intensos y trágicos. La combinación de estrellas actuales con un clásico literario siempre atrae.
Además, el apartado visual se convierte en un reclamo fuerte. Es una de esas películas que merece verse en pantalla grande. La fotografía gana fuerza en una sala oscura.
No la considero una obra maestra. Tampoco creo que reinvente el género. Pero cumple. Ofrece una experiencia sólida. Tiene identidad propia. Y, aunque el ritmo final flojee, mantiene coherencia hasta el cierre.
Conclusión
Esta nueva Cumbres Borrascosas (2026) adapta con respeto la novela de Emily Brontë. Emerald Fennell aporta una mirada elegante y cuidada. Margot Robbie y Jacob Elordi sostienen el peso emocional con interpretaciones creíbles y llenas de química.
Visualmente es espectacular. Muchos planos parecen pinturas. La fotografía mezcla clasicismo y modernidad con acierto. La ambientación refuerza el tono trágico del relato.
Creo que tendrá buena aceptación en taquilla. Especialmente entre amantes de los romances imposibles. No es perfecta. Pero funciona.
Cumbres Borrascosas llega a los cines el 13 de febrero. Una adaptación elegante, intensa y visualmente poderosa que dará que hablar.
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