Si algo tenemos claro es que la música y la estética siempre han ido de la mano. Como forma de expresión, de reivindicación, o simplemente por la fantasía. Y Rock & Arte y Estética nos lleva de viaje a través de décadas de moda, música e iconos. Desde las bikers de mitad de siglo hasta el drag medievalesco de Chapell Roan. De los beatniks a las camisas de cuadros del grunge. Del brillo al emo. Acompáñame en este pequeño viaje en el tiempo.
La moda como portavoz de la juventud
Nos situamos a principios de los años 50. La Segunda Guerra Mundial había dejado estragos en las sociedades tanto estadounidense como británica. Los gobiernos promovían un estilo de vida conservador, con normas estrictas tanto de conducta como de vestimenta. Y la moda se usaba, al fin y al cabo, como una forma de represión. Sin embargo, una nueva generación de adolescentes, cansados de tener seguir acatando la voluntad de todo el mundo excepto de ellos mismos, comenzaron a cambiar el rumbo de la moda. Pero ojo, no fueron ellos solos. Porque la llegada del rock and roll fue la chispa que prendió parte de esa nueva rebeldía.
Llegaron los ritmos rápidos, las guitarras eléctricas, el baile desenfrenado. Todo con una estética opuesta a la norma. Comenzaron a surgir diferentes tendencias: los teddys, con un estilo que retaba a las clases altas inglesas; el rockabilly con pantalones oversize en ellos y capri ajustadísimos para ellas; los greasers con su tupé engominado y botas de trabajo; o los beatniks haciendo del desencanto y el color negro un estilo de vida. Todos ellos eran diferentes entre sí, surgían en distintos lugares y asociados a diversos géneros musicales. Pero tenían algo en común: expresar su rebeldía contra lo establecido.
Muchos de estos estilos sentaron las bases de los que llegaron después. Prendieron la chispa de lo que posteriormente se empezaría a conocer como tribus urbanas. Y comenzaron a allanar el camino para los jóvenes de las siguientes generaciones.
Estallido de color y política
En la siguiente década, a los adolescentes no les parecía suficiente forma de expresión tan solo la vestimenta y la música. Por eso comenzaron a salir a las calles para alzar la voz contra las injusticias. La comunidad afroamericana comenzó a exigir su lugar, tanto reclamando el reconocimiento de artistas negros continuamente infravalorados u olvidados, como luciendo suelto y al natural su cabello afro. Hubo manifestaciones contra la guerra de Vietnam, y surgió la segunda ola feminista. Todo ello acompañado de una estética colorida, con ropa amplia y cómoda. Siendo el sello discográfico Motown, Bob Dylan y Janis Joplin la santa trinidad musical de los años 60.
Y aunque el sueño idílico de los hippies se esfumó para 1970, el subtexto de rebelarse contra el sistema permaneció. En primer lugar, muchos artistas decidieron que la estética colorida no era suficiente. Venían de una década que optaba por un look natural, sin peinar, sin maquillar y que pareciese que no habías pasado mucho tiempo pensando en cómo conjuntar las prendas. Así que decidieron pasar al lado contrario: el exceso. Brillos, tachuelas, maquillajes llamativos y coloridos, camisas con cuellos muy grandes y pantalones de campana muy ancha. Llegó la música disco y el glam. La androginia y los espacios seguros para personas del colectivo LGBT. Y los cantantes comenzaron a trabajar junto con otros artistas como fotógrafos, diseñadores, artistas visuales o cineastas.
Sin embargo, hubo una generación de chavales que buscaban expresar ese exceso de una forma diferente. Con más rabia, enfado, y ganas de ser escuchados. Así llegaría el punk directamente desde las calles. Cambiando el glitter por los imperdibles y las plataformas por unas Dr. Martens. El estilo punk se instauró en el imaginario colectivo y ha quedado como uno de los más influyentes a lo largo de la historia de la moda. A pesar de que, en cuanto a lo musical, no permaneció demasiado a lo largo del tiempo.
El estilo MTV
Los 80 fueron desde luego unos años de lo más variados tanto en música como en estética. El estilo pop, la música new wave, los new romantics, la cultura hip hop o los metaleros. Nada tenían que ver los unos con los otros. Y por primera vez, estas estéticas no iban especialmente asociadas a una reivindicación más allá de la superficialidad. A excepción del hip hop cuyo contexto sociocultural, ya de por sí, tiene una significado político y reivindicativo.
El nacimiento de la MTV y esta cultura pop estadounidense animó a los cantantes y bandas a crear videoclips llamativos para promocionarse. Esto hizo que tuvieran que elegir la imagen que querían vender, y apostar todo a esa estética. Por eso todos los estilos que surgen están tan definidos y elaborados. Debían destacar y al mismo tiempo tener personalidad. Y como ya sucedió en la década anterior, los límites entre lo masculino y lo femenino quedaron completamente borrados. Sobre todo, y donde más llamaba la atención, en el heavy metal con melenas largas y cardadas, maquillaje y prendas muy ajustadas.
Pero como suele suceder con los cambios de época, esta desmesurada explosión de artificialidad se vio contrarrestada con la llegada de los 90. Primero con el grunge, que estalló de manera comercial en estos primeros años. Guitarras muy distorsionadas, una actitud de desencanto con la vida, y un estilo de vestir sacado de tu tienda de segunda mano de confianza. De la mano del grunge, surgían las Riot Grrrl en el underground estadounidense. Y en la parte más comercial, el pop se volvía aún más pop. Toda una década donde los géneros musicales y la estética que los acompañaba comenzaron a fusionarse. Usaban prendas de otras décadas y géneros que parecían imposibles de mezclar. El rap y el metal, el pop y el punk, y el estilo de la cultura skate encandiló a miles de jóvenes.
Los 2000 y el regreso a décadas pasadas
El inicio del nuevo milenio estuvo marcado por el auge de las tribus urbanas. Todo ello acompañado de artistas musicales que lucían una imagen que sus fans querían imitar. Surge la icónica moda de las celebrities de principios de los 2000, los emos y alternativos, y la música latina y el reggaeton comienzan a expandirse de forma global. Y puede que esta fuese, hasta ahora, la última década con personalidad. Porque lo que llegó después no fue sino una revisión de décadas pasadas pero eliminando la autenticidad de donde surgieron.
Para mediados de los 2010, el «estilo Tumblr» cogió el grunge, lo despojó de todo su significado, haciéndolo más suave y homogéneo para que visualmente fuese bonito. Las grandes firmas hacía tiempo que habían empezado a capitalizar la estética de muchos movimientos sociales. La música electrónica estaba en lo más alto de las listas, y todas las veinteañeras querían unos Jeffrey Campbell. Y progresivamente, hemos ido quedando atrapados en la nostalgia de épocas pasadas.
Sin embargo, la música y la estética actuales también han traído consigo la libertad de abrazar las raíces de cada artista. El hecho de no tener que aferrarse exclusivamente a un género o estilo a lo largo de la carrera musical, pudiendo variar en cada álbum. Homenajes a cantantes de hace décadas o colaboraciones con ellos. Y la posibilidad de poder descubrir música de cualquier rincón del mundo.
Rock & Arte y Estética
La verdad es que Rock & Arte y Estética es una guía perfectamente elaborada y detallada sobre el transcurso de la moda y la música desde mediados del siglo pasado. Te cuenta los contextos sociales que hacen surgir cada tendencia y por qué los jóvenes se unían a ella. Qué cantantes, bandas, artistas y géneros acompañaban esta estética. Lo más icónico y memorable de cada una. Todas las prendas que usaban, cuál era su intencionalidad y cómo han permanecido a lo largo de los años. Y además es una edición bonita, cuidada y llena de fotografías que ilustran todo lo que cuenta.
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