Una actriz viaja a las Azores para actuar en La tempestad de William Shakespeare, pero al llegar no encuentra ni compañía ni teatro. Tras conocer a Ariel, descubre que la obra ya comenzó: la isla entera es un teatro y sus habitantes son personajes. Debut en la ficción de Lois Patiño, Ariel es una fábula sobre la libertad, la identidad y la memoria, que transcurre entre lo real y lo imaginario.
Imagina un lugar donde el tiempo parece detenerse, donde los paisajes no son solo escenarios sino personajes que respiran y sienten. Así es ‘Ariel’, la última película de Lois Patiño, una obra que nos sumerge en un viaje sensorial a través de la naturaleza. Planos largos y contemplativos y luz del amanecer filtrándose entre los árboles; el movimiento hipnótico del agua, la quietud de las montañas… Un poema visual que nos invita a conectar con lo primitivo, a recordar que somos parte de algo más grande. Algo que trasciende lo cotidiano.
ENTREVISTA A LOIS PATIÑO
-Felicidades por la película, me la vi anoche y me fascinó mucho, además soy muy fan del universo de Shakespeare. De todas las obras de Shakespeare, ¿por qué La Tempestad?
Pues mira, el origen del proyecto es enrevesado. Nos invitaron a un festival de Dinamarca a Matías Piñeiro, el director argentino, y a mí que somos amigos, nos conocemos y nos gusta nuestro trabajo, a pesar de que somos casi opuestos. Nos invitaban a hacer una colaboración, nos pareció muy interesante porque íbamos a explorar territorios que no habíamos explorado antes, cada uno al juntarnos.
Y entonces Matías Piñeiro, no sé si conoces su trabajo, ha hecho varias películas en torno a Shakespeare. Ahora ya ha cambiado de autor, pero hizo como cinco largometrajes en torno a Shakespeare. Yo venía de contemplación, paisaje, espiritualidad. La Tempestad de Shakespeare es la obra que más presencia tiene de naturaleza, de una naturaleza animada, de la magia. Y entonces por eso decidimos, porque aunaba nuestras dos inquietudes. Luego, por problemas de calendario, Matías no pudo continuar en el proyecto y me quedé yo con él.
Pero antes hicimos un cortometraje en torno a La Tempestad, que se llama Sycorax, que se estrenó en la quincena del Festival de Cannes y tuvo recorrido. Y era una primera aproximación. La Tempestad fue por ese motivo, que es su obra donde más presencia de la naturaleza y por tanto donde más podía irme yo a momentos de contemplación sensorial del viento y del mar.
-¿Cómo llegas a esta idea que me parece fascinante? ¿Cómo llegas a ese concepto?
Hubo un momento cuando Matías ya no pudo seguir en el proyecto, yo no quería quedarme circunscrito a la trama de La Tempestad. Ya que entraba en el universo teatral y en la reflexión sobre la representación teatral, voy a abrir a más obras de este autor y también incluso a obras de otros autores teatrales y otros conceptos teatrales que me hayan interesado, que me hayan fascinado en el momento en el que los descubrí. Uno fue Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, que cuando lo lees ahora por primera vez, creo que era la primera vez que veía una reflexión sobre la existencia autónoma de los personajes, el proceso creativo, cuestiones metanarrativas.
Desde ahí se me ocurrió esta idea de que los personajes van a ser conscientes, al menos por momentos, de que son personajes. Y luego de ahí, como La Tempestad transcurre en una isla, la isla ya la tenía, y entonces pensé, también conectándolo con otras ideas, yo creo que la obra La Invención de Morel, que tiene algo así como de atemporal, también la obra Niebla de Unamuno, que también el personaje se reúne con el autor en Salamanca para que le cambie su destino. Pero bueno, creo que también de La Invención de Morel y el interesarme los universos espectrales, oníricos, se me ocurrió esta idea de que están atrapados los personajes en la obra, la tienen que representar permanentemente, y entonces encontré el límite de la puesta de sol, como el límite en el que tiene que terminar la obra antes.
Se fue construyendo poquito a poco, pero la idea clave fue la de Pirandello.
-¿En qué momento llegas a encontrar estas dos actrices para esta película?
-Agustina es un regalo que ya venía en el pack con Matías Piñeiro, es una actriz habitual, protagonista de muchas de las películas de Matías. Habíamos hecho ya este corto Sycorax con ella, entonces ella, que es fantástica, pues ya la tenía de prota. Y para Irene, que era el último personaje que me faltaba, quería alguien que dialogara, que pensara que pudiera tener química con Agustina, alguien que también dominara el lenguaje interpretativo, actoral de cine y de teatro.
Y pues mira, este cine tiene mucho que ver con ella, porque vine aquí a ver Tenéis que venir a verla, de Jonás Trueba. Actuaba ella, y durante la proyección yo estaba pensando en alguien que pudiera ser, y dije, pues creo que es perfecta. Es alguien además que también se mueve muy bien entre el cine comercial y el cine de autor, está labrando una trayectoria ultra coherente que le gusta, y pensé que esta propuesta un poco alocada le podía interesar, y además su propia biografía permitiría jugar con esta diferencia persona-personaje, actriz-personaje.
Entonces la vi aquí en esta película, pensé que podía ser buena, y al día siguiente fui a ver Pacifiction en la Academia del Cine, y estaba sentada a mi lado. El destino había hablado, y ya se lo propuse allí mismo.

-¿Cómo ha sido el trabajo con Irene, Agustina y el resto del cast?
-Sí, sobre todo el encontrar, por un lado, el tono de la película, que va oscilando, a veces es una comedia un poco conceptual, momentos más íntimos, reflexiones más existencialistas, con otros momentos más sensoriales y plásticos, es una mezcla muy extraña que la abordé con valentía, sintiendo que esa fluidez íbamos a lograr arrastrar al espectador por esos tonos, y a nivel interpretativo también era el reto, porque se mezcla todos los actores no profesionales de las Azores haciendo obras de Shakespeare, algunos los hacen mejor, otros peor, pero un poco la propuesta yo sentía que lo abrazaba, como están haciendo Shakespeare, sabemos que están actuando.
Luego Agustina está en un tono, porque ella llega a la isla y es un tono naturalista, realista, pero Irene es más complejo, porque al principio es un personaje convencido de sus funciones dentro de la obra, pero luego entra en crisis existencial y empieza a preguntarse sobre el destino, sobre la libertad y todo eso, entonces había que hacer esa transformación.
-Me ha fascinado también el uso del color que tiene la película, tiene un color espectacular, muy especial. ¿En todo momento quisiste que tuviese este tono casi cuadro, casi pictórico?
-Sí, esta película tiene mucha más narración, hay mucho más juego con el relato de ficción, pero yo vengo sobre todo de un cine muy plástico, muy pictórico, muy contemplativo y no quería perder esas capas en esta película. Y aquí, como Ariel es el espíritu del viento y que va hechizando a los personajes en la isla, en la obra de Shakespeare y en nuestra película, quería lograr cierto extrañamiento dentro de la naturaleza, del mar, del viento, y eso muchas veces lo he encontrado y aquí también lo he buscado a partir de un tratamiento del color más radical, lograr ese extrañamiento y esa experiencia más sensorial que pudiera generar esa idea de hechizo que va provocando llevar algo más íntimo y meditativo al espectador.

-¿Cuál dirías que es el speech para que la gente se atreva a entrar en ARIEL?
Bueno, yo creo que es una película que tiene una estructura de Alicia en el país de las maravillas también, ¿no? Vamos a descubrir además las Islas Azores, unas islas maravillosas en medio del océano Atlántico, dentro de este universo mágico y poético de Shakespeare, saltando de una obra a otra, de Romeo y Julieta a Macbeth. Entonces, para todos los amantes del teatro, también de la poesía, la imagen y de estas dos grandes actrices, creo que es una película que pueden disfrutar mucho.
Te recomendamos nuestro canal de Youtube.
No te pierdas en nuestro Instagram las últimas entrevistas y fotografías de los eventos que cubrimos.
Para más sobre cine puedes visitar nuestra sección dedicada.
