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La tierra de Amira – La oportunidad de la empatía

A día de hoy, hay una tendencia muy clara que se impone en los últimos años de películas maduras, realistas y a menudo crudas, llenas de violencia. Frente a ellas, existen películas más inocentes e incluso tildadas de ingenuas en su mensaje, cuando antes eran consideradas culturalmente como optimistas. En este último grupo, hay películas como La tierra de Amira, pequeñas pero que el día menos pensado pueden tocarte la fibra y hacerte desear por un futuro mejor.

Algunos podrán decir que estas edulcoran la realidad. Lo cierto es que a veces no es necesario mostrar los males en su extensión para transmitir una vida dura y un futuro esperanzador. La tierra de Amira es un relato humanista, de entendimiento y comprensión, que te hace desear que existan buenas personas en este mundo.  O al menos, que no triunfen siempre las malas.

Actuaciones empáticas en una historia bonita

Dirigida por Roberto Jiménez, experto cortometrajista en su salto al largometraje, el film nos muestra el campo andaluz. En este caso a Justino, un viudo que vive aislado en una finca en la que cultiva un pequeño huerto hasta que accidentalmente atropella a Amira. Sin poder trabajar como temporera y en situación ilegal, Justino se verá obligado a tenerla en su casa hasta que mejore. Una convivencia que dará que hablar.

Las películas de contraste, mundos opuestos, suelen funcionar mejor en comedia. No obstante, estamos ante un bonito y emotivo melodrama, con muy buenas intenciones y con el que sacar alguna sonrisa de vez en cuando. Es de elogiar la química entre los protagonistas y la especial habilidad para desarrollar unos personajes costumbristas y típicos con los que empatizar fielmente. Arquetipos a los que es muy fácil reconocer en cualquier pueblo de la España profunda, tanto para bien como para mal.

La tierra de Amira, la que todos nos merecemos

Mina El Hammani (Élite) y el veterano Manuel Morón (Celda 211, El bola) llevan sobre sus espaldas el drama laboral y social de los temporeros en el campo español y quienes viven a su alrededor. Con naturalidad, sin estridencias, estamos ante interpretaciones de gran realismo y cercanía. Todos, especialmente en pueblos pequeños, conocemos a muchos Justinos, hombres duros, de otra época y que a pesar de las apariencias toscas y bruscas, tienen un gran corazón ante la injusticia. Personas que con el empujón suficiente pueden abrir su mente a otra realidad. La de Amira y cientos de miles de personas que luchan día a día por su futuro y el de su familia con más obstáculos que soluciones.

En un país donde todo está cada vez más crispado e intoxicado por discursos de odio, películas como esta son más necesarias que nunca. La tierra de Amira es la que todos querríamos tener, la de personas que se conocen, se entienden y se ayudan. Una tierra por la que sí merece la pena luchar y soñar. Podréis descubrirla el próximo 5 de diciembre en nuestros cines.

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