Si la echabais de menos, ha vuelto esa sensación de calidez en el cuerpo y emoción en el ojo. La que dejaba en el alma ese eterno resplandor de una mente sin recuerdos. O como se conoció en España, Olvídate de mí, de Jim Carrey y Kate Winslet. Una película tragicómica, que mezclaba la fantasía y lo imaginario del mundo interno con la traumática realidad. Salvando las distancias, hemos podido presenciar en preestreno un título de extensión igualmente largo y un feeling único en estos tiempos: Un gran viaje atrevido y maravilloso, con Colin Farrell y Margot Robbie.
Ahora, recién estrenada en nuestro país este 19 de septiembre, Un gran viaje atrevido y maravilloso es ese resplandor que todos queremos tener en nuestra vida. Una excursión de realismo mágico visual que funde con inteligente sencillez el mundo exterior e interior de los personajes. Pero esta vez con recuerdos presentes, que no se quieren olvidar y que buscan sanar las pérdidas y corregir errores para poder avanzar y no repetir patrones. Lo que viene a ser esa ficción que siempre suena más saludable que la propia realidad que no sabemos tratar. Hoy día, la psicología parece tratarse en las salas de cine.
Un gran viaje atrevido y maravilloso – Para dejarse llevar
Su director, el coreano Kogonada, estrena su tercer largometraje tras Columbus y Despidiendo a Yang. Interesado en historias con elementos llamativos, y superando el descalabro que fue The Acolyte en Star Wars, Kogonada nos trae un cuento moderno de una pareja que está por conocerse mientras conservan sus propias cuentas pendientes.
Con un estilo visual cuidado y colores brillantes, se presta especial detalle en mostrar la luminosidad de los protagonistas y la oscuridad de su interior pendiente de sanar. Kogonada deslumbra con planos abiertos y generales, con imágenes hermosas para atrapar la nostalgia y la belleza de vivir. Donde se mezcla todo de una manera tan simple como efectiva: realidad con mundo interior, presente con pasado, reflexión con sorpresa, comedia con drama.
El film es una invitación a no buscar lógica, sino a intentar lo mejor que se puede hacer en un cine: dejarse llevar por lo que intuyes que está fluyendo en la pantalla. A ello ayuda un guion que es un combate dialéctico constante entre puntos de vista que chocan en lo cómico y en lo dramático. Un juego de metaficción y espejos internos en los que verse reflejado que recuerda a otros grandes éxitos como About time. El balance entre comedia y drama de esta tragicomedia romántica es equilibrado en su mayor parte, venciendo la parte más emotiva en el tramo final. Aunque ese último trozo puede resultar más denso, permite lograr un satisfactorio y eficiente final.

Unos actores en estado de gracia y desgracia
Nada de todo lo expuesto sería posible si, bonita y complementaria banda sonora mediante, no tuviéramos un dúo de intérpretes en el mejor momento de sus carreras. Colin Farrell y Margot Robbie desprenden una química impresionante en pantalla. No solo es poner a una pareja carismática en escena. Se trata de generar una complicidad, una acción-reacción, que no siempre se logra por muy buenos que sean los actores. Aquí, no hay más que ver una sonrisa de Margot y una ligera sombra de duda de Farrell para ver que transmiten todas las emociones: de la risa al llanto, con un breve tránsito por el musical, con una eficacia y habilidad brillantes.
Margot Robbie vuelve a protagonizar una película tras Barbie. Con un bagaje y estrellato que le permite seleccionar mejor sus papeles, estamos ante su etapa más madura como una de esas actrices que podrían haber estado en la época dorada de Hollywood sin desentonar. Por su parte, Colin Farrell despliega todo el bagaje adquirido en los últimos años entre drama, comedia y musical para mostrar a sus antiguos haters que interpreta mucho mejor de lo que parece. Pocos como él pueden impregnar ese sempiterno aire atormentado y melancólico a sus personajes, algo al alcance de pocos. Entre los secundarios, todos complementan a quienes se echan la película a sus espaldas, con mención especial a un contenido e irreconocible Kevin Kline y a una Phoebe Waller-Bridge que se come la pantalla en los escasos minutos que aparece.
Para concluir, os recomendamos encarecidamente que vayáis a ver Un gran viaje atrevido y maravilloso. Uno de esos films por los que uno puede arriesgarse a descubrir el mundo y a investigar su propio universo. Quién sabe. Quizá la respuesta que buscáis esté más cerca de lo que creéis.
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