El cine es una ventana abierta que sirve para reivindicar, reflejar y visibilizar realidades que durante tiempo han estado silenciadas por diferentes factores sociales. En el año 2017, Carla Simón decidió utilizar este altavoz para narrar sus vivencias y debutar con Estiu 1993, una cinta que relata la infancia de la directora catalana cuando perdió a sus padres por el sida a principios de los 90. Este debut que le hizo ganar varios premios como el Premio a la mejor Ópera Prima en la Berlinale, el Goya a la Mejor Dirección Novel y el Gaudí a la Mejor Película en lengua catalana.
Tras arrasar con su primera película y conseguir el Oso de Berlín en 2022 con Alcarràs, Carla Simón cierra la trilogía de su vida con Romería, donde a partir de la historia de sus padres recupera la memoria de una generación que vivió marcada por el silencio y la marginación.
Sinopsis

Marina, adoptada desde muy pequeña, viaja a Vigo para encontrarse por primera vez con la familia de su padre biológico, quien murió de sida al igual que su madre en la década de los 90. Su llegada trae de vuelta un pasado ya enterrado. Guiada por el diario de su madre y a través de una conexión especial con su nuevo primo, Marina descubrirá las heridas familiares y podrá por fin revivir la memoria fragmentada de unos padres de los que apenas tiene recuerdos.
Retrato de una sociedad marcada por la vergüenza
Una de las cosas que más destacan de Romería es, que mediante la familia paterna de Marina, la película refleja fielmente el estigma y la vergüenza de una sociedad que marginaba a quienes fueron víctimas de la pandemia del sida. Una pandemia que marcó nuestro país durante la década de los 80-90 y que se propagó sobre todo por el auge del consumo de heroína. Carla Simón ha sabido plasmar de manera cruda y minuciosa ese sentimiento de rechazo con el que cualquier persona persona puede empatizar haya vivido o no en esa época.

Ese sentimiento está presente durante toda la película pero sí que es cierto que hay dos escenas que para mí son clave: el momento en el que el abuelo le da dinero a Marina para pagarse la carrera y la escena final. Haciendo hincapié en la primera escena mencionada, el hecho de que el abuelo prefiera pagar la carrera entera de Marina antes que firmar un papel para reconocer a su hijo y a su nieta me parece una representación brillante de esa vergüenza, una escena con un subtexto brutal que no puede pasar desapercibida.
Jugando con el pasado y el presente
Romería parte del viaje que emprende Marina a Vigo para conocer a su familia paterna y desde ahí va desgranando la historia de sus padres mediante el diario de su madre y los relatos de su familia. Aunque todo esto sucede de manera cronológica, Carla Simón juega con dos líneas temporales que se entrelazan hasta llegar a fusionarse con el presente. Gracias a esta fusión llegamos a conocer de manera visual la historia real de sus progenitores.

Este juego narrativo resulta especialmente potente porque, además de darnos a conocer de primera mano la historia de los padres de Marina, el momento en el que el pasado y presente se entrelazan, mostrando un reencuentro simbólico entre padres e hija resulta conmovedor. Aunque estemos ante un encuentro metafórico, el hecho de mostrarlo de manera visual hace que el espectador conecte con la fuerza de ese vínculo y se emocione al instante. Este momento marca un punto de giro importante en la trama de la película y estoy segura de que será de los más recordados y destacados por el público. Sin duda, Carla Simón ha utilizado este recurso de manera muy inteligente.
Actores nóveles con doble rol
Tal y como pudimos observar en Estiu 1993 y Alcarràs, Carla Simón suele apostar por actores nóveles o personas que aunque no se dediquen profesionalmente a la interpretación, resuenen con sus personajes y transmitan lo que está buscando y con Romería no ha sido menos. Esta vez, la directora catalana ha escogido a Llúcia Ferrer y a Mitch para interpretar los papeles protagonistas, dos jóvenes para los que Romería ha sido su primer trabajo cinematográfico y que han hecho un gran trabajo de fondo.

Además de ser su primer trabajo en el mundo del cine, tanto Llúcia como Mitch se han estrenado por la puerta grande con doble rol, en el caso de Llúcia dando vida a Marina y a su madre, y en el caso de Mitch interpretando a Nuno y al padre de Marina. A pesar de ser principiantes en este ámbito y haber tenido el reto de interpretar a dos personajes diferentes cada uno, tanto Llúcia como Mitch han sabido defender con frescura y autenticidad ambos roles. Han realizado una interpretación tan convincente que te hace olvidar que estas viendo al mismo actor en diferente personaje.
Conclusión
Romería es el estallido de una vivencia real llevada a la ficción de una manera cuidada y desgarradora. Es una película que da voz a una generación silenciada y narra su historia de manera que tanto los que han vivido esa época como los que no puedan conectar tanto con la trama como con los personajes. Un relato que pone el broche de oro por todo lo alto a esta etapa de Carla Simón donde laten sus raíces. Con un elenco y una dirección impecable, Romería apunta a repetir el mismo éxito que las dos primeras películas de la directora. Tanto es así que antes de su estreno oficial ha conseguido ser una de las tres películas españolas preseleccionadas para los Oscars 2026.
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