• Sáb. Sep 12th, 2026

Sirat – Un magistral puente al infierno

Dicen que hay siete historias clásicas sobre las que giran todas las tramas existentes. La originalidad, por tanto, subsiste en los detalles y el contexto que rodea a la narración. Sirat, ese puente que une el paraíso con el infierno y que nos plantea aquí Oliver Laxe, supone el tropo o adaptación del héroe griego viajando al más allá para buscar al ser querido por encima de cualquiera de los límites. Pero si metemos raves, música electrónica y una dureza y sufrimiento emocional que te marca por dentro, tenemos una joya cinematográfica que no dejará indiferente. Un viaje espiritual y personal por una montaña rusa de dolor y gozo que no tiene que ver con un objetivo. Es el trayecto lo que importa. Ese Sirat del que uno nunca sale igual que entra.

Sirat – Oliver Laxe, fiel a su estilo pero con música electrónica

Con un estilo difícil de clasificar, que podríamos enmarcar como thriller natural, Sirat muestra búsquedas y huidas a la desesperada. Por un lado, la de un padre y su hijo que buscan sin descaso a su hija y hermana. Por otro lado, la de unos personajes secundarios, que viven de manera alternativa de fiesta en fiesta como una familia. En una vida convertida en una huida hacia adelante sin remedio, compartirán sus esperanzas en un viaje duro y transformador en todos los sentidos. Los primeros con el late motiv y MacGuffin de poder encontrar  a su ser querido. Los segundos, siguiendo un estilo de vida que simboliza lo que el ser humano siempre ha buscado a toda costa: unión y libertad. El suspense se transmite así a través del ambiente, del choque entre los personajes y de la incertidumbre de qué puede suceder a continuación.

A pesar de su juventud, el director Oliver Laxe es ya todo un veterano y viejo conocido de los festivales más reconocidos. Recientemente Premio del Jurado del Festival de Cannes con esta su última película, demuestra una vez más su habilidad para construir relatos donde el paisaje es un personaje más. Uno importante que sirve de reflejo del ánimo y circunstancias de los protagonistas. Al igual que en sus trabajos anteriores, Mimosas y O que arde, los planos de cámara amplios y los ángulos lejanos sacan el potencial del desierto. Un entorno que transmite muchas sensaciones solo con imágenes y con pocas palabras. Las de unos personajes siempre en carretera, en una road movie eterna, como personajes de Jack Kerouac, siempre buscando la vida en las peores circunstancias.

Una producción cuidada y actuaciones entre altavoces

Con un cine minimalista, casi documental y simbólico, el guion se apoya en silencios, momentos de compartir vivencias y de introspección y miradas. Los sentimientos nunca se expresan de manera desmedida, sino contenida, igual que las actuaciones. A ello contribuyen unos aspectos técnicos siempre al servicio de ese desierto y del lenguaje visual, destacando especialmente la fotografía y la banda sonora. La música electrónica es la metáfora perfecta de esas ansias de libertad y de esas rutas de escape personales en los momentos más duros del film. Todo ello en una atmósfera espaciosa pero opresiva que refleja un infierno en la Tierra solitario y abismal, donde el ser humano se siente minúsculo y el más mínimo paso puede cambiarlo todo. Laxe apuesta una vez más por un cine contemplativo y sensorial, con localizaciones naturales que aumentan más si cabe el simbolismo y el mensaje místico del trayecto.

El actor Sergi López entrega una interpretación contenida y conmovedora. Un padre, dolorido y a pesar de todo luchador, que evita caer en el tópico del llanto desesperado. Que en las situaciones más duras es capaz de transmitir más con la contención y el shock que con la lágrima fácil. Para añadir más sensación de frescura y de inmersión en la película, los créditos ya adelantan lo que muchos pueden intuir al ver la presentación de los personajes. Y es que el elenco secundario que tan bien actúa como grupo de raveros son efectivamente actores no profesionales seleccionados en casting en diferentes fiestas. Más autenticidad imposible, lo que se refleja además en pantalla.

Sirat – Un clásico moderno

Con esta obra, Oliver Laxe demuestra una vez más ser uno de los cineastas más personales y distintos. Una obra dura, difícil de ver en ocasiones, pero que muestra el aliento de la vida en las travesías más difíciles. Del cielo al infierno apenas hay un puente, una línea muy estrecha. Acabe donde se acabe, el camino es lo que te hará ser quién eres. Si podéis contarlo, dejádnoslo en comentarios.

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