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20.000 especies de abejas: la importancia de la identidad

¿Y si no eres capaz de identificarte con tu propio nombre? Es una de las muchas incógnitas que se plantea 20.000 especies de abejas, el filme dirigido por Estíbaliz Urresola Solaguren, ganadora del Goya a mejor dirección novel y mejor guión original, en la 38ª edición de los premios del cine español.

La película narra con naturalidad la dureza de una infancia trans a los ojos de Lucía (Sofía Otero), una niña de 8 años nacida en el cuerpo de un niño que, durante las vacaciones de verano en la casa de sus abuelos, se plantea su identidad. Rodeada de naturaleza, conoce el arte de la apicultura de la mano de su tía-abuela Lourdes (Ane Gabarain, Goya a mejor actriz de reparto), con la que tiene una mayor confianza y con quien se puede expresar en femenino como Lucía, su verdadero yo.

El origen

Cuando Estíbaliz leyó una carta de Ekai Lersundi, el adolescente vasco trans que se suicidó en 2018 a la espera de un tratamiento hormonal, la impulsó a acercarse a esta historia. Tras entrevistarse y conocer a algunos miembros de la Asociación de Familias de Menores Transexuales de Navarra y Euskadi, decidió contar sus experiencias a modo de ficción, de forma respetuosa y desde el punto de vista de una infancia en la que existen las dudas y los miedos, pero en la que aún no hay prejuicios, pues estos vendrán por parte de los demás.

La familia en 2o.000 especies de abejas

¿Tú crees que cuando estaba en la tripa de la amá, algo salió mal?, le pregunta Lucía a su hermano Eneko (Unax Hayden), reflejando su preocupación por no saber qué le sucede. Y es que en la transición de Lucía también está implicada el resto de su familia, reflejando cómo afrontan la situación cada uno de ellos. A lo largo de la trama, Eneko se siente confuso, Nerea (Andere Garabieta), su hermanastra, no es consciente de la situación.

Su propia madre, Ane (Patricia López Arnaiz), sumida en una crisis personal y profesional, se comporta abiertamente y rompe los roles de género al explicar a Lucía que no hay cosas de chicas o de chicos, pero en el fondo está perdida, no sabe qué hacer, ni siquiera lo afronta, ya que piensa que su hija pasa por una fase en la que está investigando, reflejando a su vez una falta de honestidad consigo misma, que se manifiesta en las decisiones poco éticas que toma para conseguir un puesto de trabajo. Lita (Itziar Lazkano), su abuela, representa la tradición religiosa más recta, supone el punto conflictivo, y a pesar de que quiere a su nieta, no entiende la situación por la que está pasando, y piensa que está demasiado consentida.

Crítica: 20.000 especies de abejas - Cineuropa

La importancia del nombre

El nombre supone el primer germen de identidad de una persona, pues lo lleva desde antes de nacer. Lucía nace con el nombre de Aitor, con el que no se reconoce. Su madre le llama Cocó, pero a ella no le gusta. Fruto de su impotencia, decide carecer de nombre, al menos de momento, a pesar de que toda su familia continúa llamándole Aitor. Un día, su abuela le lleva a la iglesia del pueblo y le explica los nombres y cualidades de los santos. Ella se fija en una estatua de Lucía de Siracusa y le pregunta a su abuela.

Santa Lucía padeció su martirio durante la “Gran Persecución”, una de las más sangrientas llevadas a cabo por el Imperio Romano en contra de los cristianos. Fue perseguida, torturada, martirizada y condenada por negarse a hacer sacrificios a dioses romanos y consagrarse al dios cristiano. Las torturas no doblegaron su espíritu, y se mantuvo firme en la defensa de su fe hasta la muerte. Esto llama la atención de la niña, quien ve reflejada su lucha personal con la de la mártir en la defensa de su identidad.

Es entonces cuando toma su decisión, ya tiene nombre, Lucía, y a partir de ahora, debe afrontar la situación y contarlo. Es una mujer, pese a quien le pese, y por eso se refiere a sí misma en femenino, ya sin pudor, frente al resto de su familia. Junto a su hermano, en una improvisada hoguera, se disponen a pedir un deseo y tirarlo al fuego. ¿Qué vas a pedir tú? Le pregunta Eneko. Llámame Lucía, espeta ella.

20.000 especies de abejas': El espíritu transparente del cine (****) | Cine

Conclusión final

Lucía no tiene referentes, es una niña que no sabe qué le sucede, por qué es diferente a los demás, por qué todos le miran, quién es. Con el único apoyo de su tía-abuela, Lucía transiciona, sin darse cuenta de que el resto de su familia lo hace con ella, en un intento de comprender su situación. Lucía representa la última de las tres generaciones de mujeres en su familia, e inconscientemente, es la encargada de romper los moldes, haciendo que su madre, su padre (Martxelo Rubio) y su abuela se enfrenten a sus propios prejuicios, siendo este el único modo de superar sus temores y cruzar las fronteras del mar de las dudas.

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Diego Peláez

Musicólogo. Artista pictórico a ratos, lector empedernido, cinéfilo y seriéfilo. Maniático del orden y la ortografía. La música clásica es mi crush.

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